Cuatro años, para reconstruir

Terminó el ciclo electoral y estamos comenzando a disfrutar del descanso, aunque la caverna persista en su propaganda falaz y dinamitera. Los Ayuntamientos ya están constituídos y se van formando los gobiernos autonómicos. Sólo nos falta el gobierno central y ahí es donde la derecha tricápite está echando el último pulso. El argumento es conocido: si el PSOE pacta con Podemos, será populista; si, además, lo hace con el PNV y con Bildu, será también terrorista; si, finalmente, suma a ERC, romperá España. Nada nuevo, el mismo ruido, los mismos tambores y los mismos repicantes.

La caverna nos quiere inocular el miedo, para que triunfe la parálisis. Pero si gana el miedo, no vamos a regresar de la playa para votar y el trifachito ganará las elecciones y gobernará España. Por eso, porque es el miedo el que está sustentando a la nueva derecha, ya toda ella extrema, no hay que dejarse amedrentar. Hasta aquí hemos llegado. Hay que plantar cara y dar fin a la mentira mediática que sostiene el extremismo derechista. Hace falta un gobierno con el apoyo de todo lo que no quiera ser trifachito, Un gobierno que nos dé cuatro años de vacaciones electorales, para recuperarnos, mientras se construye un poco más de justicia social.

Y nosotros, los activistas, vamos a aprovechar el descanso para reconstruir la unidad de la izquierda. Hemos perdido una oportunidad de oro, pero ya no vale lamentarse, sino regresar a 2015 y comenzar de nuevo. Los dos o tres años que precedieron a esa fecha conocieron una gran efervescencia del pensamiento unitario, pero llegó Podemos y transformó ese pensamiento en una propuesta, la de ingresar en su nueva casa común, una vez amueblada y dotada de normas. Fracaso tras fracaso, hasta la derrota final, hay que reconocer que esa vía ha llegado a su fin.

Los que nunca creyeron en la unidad y que optaron por buscar coaliciones ante la evidente incapacidad de cada partido de la plural izquierda vuelven ahora a lo mismo: ampliar la coalición para sumar todos los votos. A éstos les he oído decir que el fracaso final de la izquierda es culpa de Íñigo Errejón, por su escisión de Podemos. Aparte de que se olvidan del resto de España, que no sea Madrid, donde no estaban Íñigo y Carmena para articular ese fracaso, no puedo entender que achaquen a Más Madrid la pérdida del Ayuntamiento y no a Sánchez Mato, a pesar de que el resultado fue de 19 a 0; o que culpen a Íñigo y no a Pablo de la derrota, a pesar de que el resultado fue de 20 a 7. Es pura ceguera y es evidente que por ahí no va el camino. Tampoco los mesías han tenido mucho éxito: preguntadle a Garzón, el juez.

La vía es la confluencia, la que venimos ensayando en el municipalismo y que ha sido la única en salir un poco menos mal librada; y eso a pesar de lo difícil que nos lo ha puesto el espectáculo ofrecido por la izquierda de las coaliciones, que estuvieron quebradas y rehechas en mil formas divergentes, con alguna sigla que iba en cuatro lugares diferentes para las tres elecciones que se celebraban el día 26 de mayo. Un espectáculo impresentable, éste de las coaliciones.

Empezar de nuevo la confluencia, dejando en casa lo identitario y buscando lo que es común, es el único camino. No es que no valga la sopa de letras, es que no vale ni uno solo de los anagramas. Confieso que no daré un paso que no sea de confluencia. Si tengo que permanecer de vacaciones cuatro años, así estaré. Eso sí, que no me esperen en las urnas de la coalición, aunque regrese a tiempo, ya he aprendido a votar de otra forma siempre que ha sido necesario.

Marcelino Flórez

Toma la Palabra: los resultados

Una vez reposadas, me atrevo a poner en el papel mis impresiones sobre las elecciones municipales en Valladolid. Los resultados han sido malos, una cuarta parte de los votos y de las concejalías se ha perdido. Al mismo tiempo que VTLP pierde, el PSOE gana y esto es una contradicción, porque formaban parte del mismo equipo de gobierno y no ha habido ninguna desavenencia entre ellos. Por lo tanto, no es por la acción de gobierno por lo que se produce la pérdida.

Tampoco se puede achacar el fracaso a la campaña electoral, que ha sido imaginativa, alegre, acogedora, bien hecha, como han reconocido los propios adversarios y lo han puesto por escrito. Por eso, hemos recibido el resultado con un deje de sentimiento de no ser tratados con justicia; más aún, cuando esperábamos mejorar los apoyos.

Han de ser, pues, factores externos los que nos expliquen el fracaso de TLP. Uno, sin duda, es el déficit de conocimiento de la organización entre la población. Quizá lo explique mejor que nada una anécdota que le ocurrió a Manuel Saravia. Después de una charla en un barrio, se le acercó un señor para decirle que estaba encantado con su trabajo de concejal y que pensaba votarlo. Bien es verdad que a continuación añadió que no se le veía mucho por la sede, la del PSOE, claro. Hechos similares a esta anécdota se han repetido muchas veces en la calle.

Ese hecho puede explicar que VTLP no ganase votos, pero no que perdiese cinco mil respecto a cuatro años antes, de gente que sí tenía que conocerlo. Más importante para explicar eso habrá sido, bien seguro, el efecto de atracción que ejercen los ganadores y el PSOE está en esa fase y se ha beneficiado de ese factor. Dicen los sociólogos que hasta un 10 por 100 de la población se siente subyugada por la atracción del ganador. Algunos votos se habrán ido por ese coladero.

Dos hechos relativos a la gobernanza municipal han podido influir también en la pérdida de votos: la ordenanza sobre vandalismo urbano, que determinado sector de la población ha seguido denominando “ordenanza mordaza”, y el soterramiento. No importa lo razonables que sean los argumentos, porque es evidente que un sector de posibles votantes de TLP se ha instalado en la crítica al gobierno municipal por esos dos factores o por uno de ellos. Sin duda, esos críticos habrán preferido permanecer en la abstención.

Y hay un factor que, en mi opinión, ha sido muy determinante en la pérdida de votos de VTLP. Me refiero al espectáculo de desunión y de caos que ha ofrecido la izquierda. Dejamos a un lado la tarea de Podemos, que es de su exclusiva responsabilidad, y nos fijaremos en las dos organizaciones que participan en las asambleas municipalistas de TLP. Son EQUO e IU.

EQUO ha protagonizado uno de los espectáculos más bochornosos que puedan imaginarse. Fíjense: en las elecciones municipales estaba incluído en la plataforma TLP; en las autonómicas, iba en alianza con Podemos, que era enemigo manifiesto de las plataformas ciudadanas; y en las europeas no participaba formalmente, por exclusión de la Junta Electoral, pero aportaba candidatos a las listas de Unidos Podemos y de Compromiso por Europa. Era prácticamente imposible explicar a la afiliación qué papeleta debían coger en cada caso. No digamos a la población menos informada políticamente: ahí era imposible explicar nada.

La actitud de IU no es menos vituperable, dejando a un lado su quehacer en la asamblea municipalista de la capital, VTLP, donde su compromiso es generoso y encomiable. No es lo mismo en la provincia, ni en la región. En la provincia no ha sido capaz de asumir siquiera la denominación Toma La Palabra, a la que ha envuelto en siglas diversas según los lugares, procurando siempre que apareciesen sus propias siglas. Eso significa no haber entendido nada. En la región, fue incapaz de llegar a un acuerdo con Podemos. Bien es verdad que la responsabilidad seguramente ha sido de Podemos, que ha mantenido la misma actitud excluyente y hegemónica en todas partes, pero el resultado fue la división, que entraba en contradicción con las asambleas municipalistas. Esto no supo resolverlo y los efectos los han sufrido en Burgos, en Palencia, en Salamanca o en Valladolid. En todos los lugares esa actitud ha servido para perder representación, hasta llegar a la irrelevancia.

Es imposible determinar cuánto pude influir cada uno de los factores señalados en los resultados electorales, pero es indudable que la suma de los mismos sirve para explicar muy bien lo que ha ocurrido con TLP. Aunque del análisis se deduce que son las tempestades o los gigantes o los molinos los principales responsables, es decir, los factores externos y, por lo tanto, no controlables, no por ello se ha de deducir que TLP no tenga responsabilidades. Ser poco conocida entre la vecindad, mixtificar el nombre de la Asamblea con siglas particulares, dejarse influir por conflictos externos de los partidos son cosas que se pueden corregir. Gobernar mejor va a ser difícil. Será más fácil hacer oposición. Pero, por encima del éxito o del fracaso electoral, la decisión de mejorar la vida de la gente y de hacer una ciudad amable, acogedora y sostenible seguirá siendo el criterio que guíe siempre a una asamblea ciudadana, como es TLP.

Marcelino Flórez