Entre las experiencias municipalistas que hemos
visto estos cuatro años últimos, posiblemente sea Valladolid
Toma La Palabra la más acabada y exitosa. No sólo no ha tenido
conflictos entre sus socios, como le ha ocurrido a Carmena o a Ada
Colau, sino que ha sido capaz de cumplir un programa pactado, de
hacer notar un cambio real en la ciudad y de que sea reconocido todo
ello incluso por sus críticos. Por mucho que se busque, pocas
descalificaciones se pueden encontrar de Valladolid Toma La
Palabra y eso a pesar del esfuerzo constante del Partido Popular
y de Ciudadanos con sus apoyos mediáticos. VTLP ha logrado ejercer
de pegamento con el PSOE y Sí Se Puede, contribuyendo a hacer
del periodo de gobierno una balsa de calma para la ciudad y, además,
con muchos éxitos.
En toda España se ha seguido el proceso de
municipalización del agua en Valladolid. Todo el mundo ha visto a
los poderes fácticos emplearse a fondo para hacer fracasar la tarea.
Gobierno del PP y cártel del Ibex 35 han usado la prensa y
los tribunales para derribar el proyecto, pero el agua volvió al
espacio común de Valladolid con plena eficacia. Sólo esta hercúlea
tarea sería suficiente para aprobar el ejercicio de la
municipalidad.
Los éxitos han sido muchos más: la contribución a crear una ciudad compacta, recuperando el centro y sus servicios, una ciudad rehabilitada; la protección del medio ambiente a través de otras formas de entender la movilidad, donde el coche no manda; la recuperación de otros bienes comunes; el impulso al comercio de proximidad; el crecimiento del parque público de viviendas; la recuperación del deporte popular, del ocio y la diversión alternativas, del espacio deportivo de élite.
Yo valoro positivamente también el fin del mito del soterramiento. Casi veinte años llevaban vendiéndonos un proyecto inviable, meramente especulativo, derrochador de recursos escasos y capaz de endeudar a la vecindad para decenas de años. Me apunto a la permeabilización de las vías con cuantos pasos sean necesarios y con un coste incomparablemente menor, pero también con bulevares y jardines y fuentes, sin dejar de ver pasar el tren, como se ha hecho con el río, la otra barrera de la ciudad. Lo único que me ha sorprendido en este asunto y me sigue causando sorpresa es el silencio de organizaciones y personas que, con toda razón, se oponían inicialmente al Plan Rogers.
En fin, la imagen de la ciudad ha cambiado y ahora nos visita más gente y con más alegría, porque Valladolid ha pasado a ser una ciudad amable. Pero el municipalismo tiene mucha tarea por delante, también en Valladolid. Primero, VTLP debe seguir creciendo, acogiendo en su asamblea a todas las fuerzas políticas que lo deseen y al movimiento social solidario, acogiendo y mimando las diferencias, como sabe hacer.
También hay que seguir recuperando bienes
comunes, incluidos los que cuidan la salud y la educación. Bien está
que una escuela abandonada pase a ser un centro de educación
infantil, pero se puede ir más lejos y, ya que nos han arrebatado
una educación pública universal, recuperémosla centro a centro,
mediante cooperativas de padres, de profesorado y de ciudadanía o
con otras formas imaginativas. Muchos edificios públicos están
clamando por un uso social, mientras el asociacionismo cultural,
deportivo o solidario sigue sin tener espacios para desarrollar su
labor, tan importante para la ciudadanía. Hay campo y hay esperanza.
Lo mismo con la economía circular, con la
economía de proximidad, con la economía solidaria. Todo eso les
suena a chino a las derechas. Ahí tenemos mucho que hacer. Igual que
con la transición energética, donde las derechas siguen difundiendo
el negacionismo del fin de etapa. No digamos con la vivienda pública,
sea rehabilitada o de nueva construcción, con la que tenemos que
parar el nuevo ciclo especulativo, que ya destruye a ciudades como
Madrid o Barcelona.
Tenemos mucha potencialidad en otros espacios, que
hay que saber impulsar. Valladolid llegó a ser el emblema español
en el cine con la SEMINCI, que se deteriora de forma inexplicable y
debe recuperar aquel primer puesto. En teatro somos también
vanguardia, incluyendo el espacio rural, donde sólo en la provincia
de Valladolid existe una referencia universal. Hay que ponerlo en
valor. Y en la música y en el arte tenemos infraestructuras
excelentes y artistas. También hay mucho espacio aquí para la
imaginación, sólo comparable con lo que Valladolid ha hecho con el
deporte. Saber llevar esa cultura de élite, además de impulsarla, a
la calle y a los barrios, esa es la tarea. Y, a su lado, asegurar la
educación a lo largo de la vida, que tanto peligro corrió con la
derecha.
También es posible continuar avanzando en el
cuidado de los débiles, con las escuelas infantiles, que hemos visto
crecer estos cuatro años, con alternativas imaginativas para vivir
la vejez en solidaridad, como hemos aprendido en otros lugares, con
la creación de cooperativas, participadas municipalmente, para
encontrar salidas al paro de larga duración, con aprovechamiento de
recursos existentes, como es la propia vivienda, compartida con
estudiantes y de otras formas posibles.
El municipalismo tiene tarea por delante. Eso sí,
siempre garantizando la autonomía, la viabilidad de los proyectos,
la corresponsabilidad de las personas participantes, la
sostenibilidad ambiental y, siempre, con otra forma de mirar la vida,
con una mirada solidaria.
Marcelino Flórez
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