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Cuatro meses después: ¿Qué pasó con VTLP?

Esta vez no ha habido análisis de los resultados de las elecciones municipales del 28M de 2023 en Valladolid. La decepción en el seno de VTLP ha sido tan grande, que no ha habido capacidad para analizarlo. Y es muy comprensible, porque la gestión municipal de las tres concejalías de VTLP durante ocho años merece el calificativo de excelente, no sólo por el mucho esfuerzo realizado y por la limpieza y transparencia, sino por la eficacia, que es reconocida universalmente: la recuperación de la gestión pública del agua y de otros servicios municipales, que ha sido ejemplo en todo el Estado; la participación ciudadana en los presupuestos y la gestión deportiva, que han merecido alabanzas de la vecindad y de las asociaciones deportivas; la reordenación urbana no especulativa y libre de corrupción, con la rehabilitación de viviendas en barrios enteros, incremento de la vivienda social, recuperación de patrimonio urbano en peligro, o la permeabilización de los barrios separados por la vía del tren.

¿Cómo es posible que, después de una gestión tan eficiente y tan limpia, VTLP haya perdido un concejal y no haya recibido sino un tercio de los votos que obtuviera ocho años antes? Es cierto que el viento soplaba en contra de lo que representa este espacio electoral en toda España y eso puede ser un factor explicativo, pero no es suficiente. También ha ocurrido que una parte de la buena gestión de VTLP haya podido ser rentabilizada por el PSOE, partido mayoritario en la coalición electoral gobernante. Pero esto sí que requiere explicaciones. ¿Cuáles son las razones por las que VTLP se ha diluido a la vista de los votantes vallisoletanos, por qué no ha logrado diferenciarse de su socio de gobierno, por qué no ha logrado construir una personalidad propia? Para estas preguntas, si no explicaciones, sí tengo alguna opinión.

VTLP ha sido desde su nacimiento una entidad líquida, inconsistente, y ha sido así por propia voluntad, no por imperativos ajenos. Nació como un movimiento político municipalista, cuya intención era aglutinar diversos partidos y el máximo posible de movimiento social del entorno, pero se constituyó formalmente como una coalición de partidos. Eso fue así por necesidades legales, digamos, pero finalizó siendo la opción deseada por la mayoría de las pocas personas que terminaron siendo activas en el movimiento inicial y, sobre todo, la opción del partido hegemónico, Izquierda Unida. Este carácter de coalición de partidos y no de confluencia social y política se ha visto reforzado con la inclusión de Podemos en estas últimas elecciones municipales.

La estructura orgánica adoptada por VTLP ha determinado su falta de personalidad, el carácter líquido o fluido de la organización, que, por no tener, no ha sido capaz de tener una sede, un punto de referencia a lo largo de ocho años. Una sede es lo primero que reclama una entidad autónoma. Mirad qué bien lo cuenta Iñigo Errejón en su libro Con todo. De los años veloces al futuro:

“(…) la comunidad siempre es territorial, se hace compartiendo y socializándose en determinados espacios, teniendo lugares propios. Ser algo en común es juntarse. Son bares, claro. Hobsbawn afirma literalmente que ‘la clase obrera inglesa se hizo en un bar’. Como las tabernas de la socialdemocracia alemana o los casales. (…) Sigo pensando que hacer comunidad requiere, entre otras cosas, juntarse y tener lugares propios que desbordar en primavera y en los que resguardarse en invierno”.

“(…) tener una sede es fundamental, es la nave nodriza, el campamento de operaciones, la base; sin ella no hay concentración ni cooperación. Hace grupo, sirve para pensar, tomar decisiones, organizar. Y hacer vida en la sede fortalece la confianza, hace grupo. Una sede tiene que ser una guarida a la que mola ir”.

La carencia de sede ha sido una decisión totalmente consciente y voluntaria de la mayoría de la organización y plenamente coherente con la forma de coalición adoptada. Esto ha determinado la invisibilidad de VTLP y, sobre todo, la imposibilidad de crear grupo, de aglutinar movimiento social, de debatir, de planificar, de movilizarse unitariamente.

Además, la carencia de sede va unida a la carencia de personalidad jurídica y eso es demoledor. Así lo razona Errejón: “A mí me parece estupendo que se parezca lo menos posible a un partido, pero algo necesitamos tanto a nivel jurídico como de organización. Llámalo equis, pero es necesaria una estructura que sume gente, que reparta tareas y defina prioridades, que permita pensar juntos. Un agregador de voluntad colectiva. No se puede solo depender de las olas. Sin estructura no hay democracia ni toma de decisiones ni posibilidad de reproducirnos. Hace falta mucha organización para que las organizaciones sean livianas, alegres, espontáneas”.

Algo tan etéreo como VTLP tiene muchas dificultades para atraer el voto ciudadano. Cuando no se sabe de qué tipo es una organización, el votante reflexivo prefiere enviar su voto a una entidad segura, más aún si forma gobierno de coalición con aquella entidad líquida. Y no digamos si se sospecha que esa entidad líquida es correa de transmisión de otras fuerzas políticas.

¿Pero existe alguna razón para que la mayoría de VTLP y, particularmente, la afiliación de IU se haya opuesto a dotar de personalidad al movimiento municipalista? En primer lugar, hay que reconocer que todos los partidos coaligados prefieren esa forma jurídica, porque eso les garantiza su financiación, que es la base para su pervivencia como entidad autónoma, con sede propia incluida. En el caso de IU, se da la circunstancia de que la asamblea vallisoletana estaba partida exactamente a la mitad entre los partidarios de la coalición y los que no veían con malos ojos la confluencia. El caso es que, para no perjudicar los equilibrios internos, todos optaron por la coalición. La llegada de Podemos, que se niega radicalmente a ocultar sus siglas, no ha hecho sino reforzar lo que venía ocurriendo. El resultado está a la vista: ocho años sin dar un solo paso para conformar un movimiento municipalista autónomo, dos concejalías menos y pérdida de dos tercios de votos.

Si a esto unimos los vaivenes electorales, tanto en el ámbito regional, como en el estatal, de los partidos coaligados, que unas veces han estado juntos y otras radicalmente enfrentados, podemos comprender la desafección de los votantes. Ni siquiera un trabajo excelente de una concejala y dos concejales ha podido paliar los efectos devastadores de una estructura quebradiza, pero voluntariamente adoptada. La apariencia de confluencia no ha podido ocultar la realidad de unos partidos caducos y desautorizados, que han preferido su pervivencia a cualquier otra cosa. Lo malo es que exactamente lo mismo está ocurriendo en SUMAR.

Marcelino Flórez

Intranquiladad en VTLP

En todas las reuniones de TLP a las que asisto desde hace unos meses, se advierte mucha intranquilidad por el futuro incierto que se avecina. La preocupación para algunos no es cosa de un día. Para probarlo, transcribo dos escritos sobre estas preocupaciones de hace ya tiempo: el primero, «Sobre la confluencia» es del 27/12/2017, y el segundo, «TLP en adelante» es el 2/12/2019, a los que añado una reflexión actual, «Los problemas de TLP».

  1. Sobre la confluencia (27/12/2017)

Reflexiones a propósito de la propuesta que hace VTLP :

1. La confluencia de organizaciones y personas en una asamblea ciudadana me parece excelente. VTLP ha funcionado aceptablemente bien, sobre todo en los dos primeros años de existencia. Sin embargo, ha estado menos activa y ha sido menos eficaz después del primer año de gobierno municipal. Es muy probable que eso se relacione con la imprecisa personalidad y débil autonomía que finalmente ha tenido VTLP, acentuado por el hecho de que la única imagen pública ha sido la imagen aportada por las personas con alguna responsabilidad municipal.

2. La fórmula que se ha utilizado para organizar la confluencia, una coalición de partidos, finalmente ha sido ineficaz, porque ha debilitado, casi hasta anular, la imagen autónoma de VTLP. El factor municipalista, tan importante para esta asamblea, no ha logrado mostrar su impronta de confluencia ciudadana. La coalición electoral es una fórmula contraria a los valores de la asamblea ciudadana, a pesar del respeto que ha existido por parte de los partidos coaligados.

3. Yo apuesto por reproducir la confluencia, pero dando un paso más y garantizando la plena autonomía de VTLP. Esto significa que habrá que fortalecer los aspectos organizativos, dotándolos de un grupo ejecutivo incluso. Tendrá que haber una sede específica y una personalidad claramente distinta de los partidos ahora coaligados o los que se sumen en el futuro.

4. La nueva confluencia debería adquirir la forma de partido político autónomo. Para pertenecer a él, siendo afiliada de otros partidos, bastará con que esos otros partidos se abstengan de participar en las elecciones municipales. Podrá reservarse un puesto entre los primeros de la lista (en el orden que resulte de una votación específica) para una persona propuesta por cada uno de los partidos participantes que así lo deseen, siendo todos los demás puestos elegidos por la asamblea entre personas que cuenten con el número de avales que se determine.

Habría que dirigirse expresamente a ‘Podemos’ para invitarle a participar en la asamblea y en la confluencia; y hacer la misma oferta en términos generales para cualquier otra formación que lo desee.

5. El programa y la candidatura se confeccionarían desde la asamblea ciudadana, a través de grupos de trabajo y de encargos específicos a personas particulares.

2. TLP en adelante (2/12/2019)

Independientemente de los avatares políticos que nos rodean y de los que hayan de venir, la Asamblea de TLP debería tomar la decisión de permanecer conforme a los principios en los que fue constituida y que son los mismos que le han guiado en su discurrir; y, al mismo tiempo, sería conveniente hacer una reflexión para perfeccionar su propia identidad.

La voluntad de permanencia implica, en primer lugar, la decisión de acoger en su seno a toda organización política o social que lo desee. La única condición sería no competir electoralmente en la provincia de Valladolid. También habrá que cumplir con los estatutos, evidentemente, pero existiendo siempre la buena disposición para poder reformarlos. Tomar esta decisión significa que TLP no necesitaría hacer coaliciones con ningún partido, sino que aquellos partidos que buscasen la coalición serían invitados a formar parte de TLP.

El proceso identitario de TLP no resta nada a la autonomía de las organizaciones integradas, sean políticas o sociales, pero sí delimitan claramente los espacios: TLP actúa exclusivamente en el municipalismo y su espacio es la provincia. Esto sin perjuicio de que pueda establecer las alianzas que considere con otros movimientos municipalistas o con otras fuerzas políticas.

Para reforzar la identidad de TLP hay que pensar lo primero en la oportunidad o no de convertirse en un partido político autónomo de ámbito provincial, que sustituya a la actual coalición de IU y EQUO. Debería quedar claro que no se pretende competir con los partidos de ámbito regional o estatal, sino que únicamente se opta por actuar en los Ayuntamientos de la provincia de Valladolid. Las redes que pudieran establecerse con otros movimientos municipalistas en ningún caso buscarán la creación de una nueva fuerza política que actúe más allá del municipalismo.

El movimiento transformado en partido autónomo debería conservar la estructura vigente: una asamblea con plenos poderes, guiada por la búsqueda del consenso mediante el diálogo; grupos de trabajo, emanados de la asamblea; y una coordinación, abierta como lo es ahora, pero dotada de mayor eficacia ejecutiva.

Además de finanzas propias, sería imprescindible la disposición de locales estables y de gestión autónoma. Una forma posible para disponer de espacios sería dotarlos de diversas funciones, a la manera de los batxoki del nacionalismo vasco. La disposición de un bar, abierto a la ciudadanía, podía ser una forma de autogestión de esos espacios; y para su creación se podrían organizar cooperativas de personas asociadas a TLP. Esos espacios deberían convertirse en centros de irradiación de cultura, especialmente de cultura política, en los barrios urbanos y en los pueblos.

3. Los problemas de TLP

Probablemente, la mayor preocupación de las personas inscritas en TLP sea en estos momentos la incertidumbre acerca del futuro de esta asamblea municipalista. Así lo pudimos comprobar en la reunión del mes de julio o en la coordinación del 6 de septiembre de 2021, después de la dimisión de Virginia Hernández como diputada provincial.

Las personas que participaron en esas reuniones expresaron la preocupación recitando lo que no son sino debilidades de TLP: sentirse solos los concejales, no dar respuesta pronta a los conflictos, falta de referencias públicas de las personas responsables y cosas semejantes.

En mi opinión, algunas de esas deficiencias proceden de la organización que nos hemos dado, una organización muy imprecisa y, de hecho, ineficaz. Existe una asamblea, pero no es ella quien elige su gobierno, sino que éste se forma por libre adhesión de las personas. Ese gobierno, que se conoce como coordinación, carece de figuras responsables de cualquier tipo. No existe una presidencia o una secretaría. Por supuesto, no existe una tesorería. No hay cargos. Formalmente, hay dos personas portavoces, pero se desconoce su status y sus competencias. Existen unos grupos de trabajo, que en la práctica no funcionan, salvo el de comunicación, pero no existe coordinación entre ellos ni una figura encargada de la misma.

Este déficit organizativo se ha venido resolviendo por distintas vías: asumiendo las personas concejales la dirección de TLP; derivando a las personas contratadas la confección de actas, la convocatoria de reuniones y otras tareas; dependiendo subsidiariamente de uno de los partidos coaligados en todas las necesidades infraestructurales; o, sencillamente, dejando que el paso del tiempo fuese resolviendo los problemas.

La consecuencia más importante de este déficit organizativo es la falta de identidad de TLP. Tenemos que reconocer que los principales responsables de esta falta de identidad somos nosotros mismos. Posiblemente, una buena parte de nosotros hayamos estado tan a gusto en esa situación. De hecho, en la encuesta que VTLP realizó a finales de 2019 sólo una persona, que era yo mismo, manifestó preocupación por la falta de identidad y así lo refrendó uno de los responsables en reunión de coordinación, con lo que no hubo ni que discutir las sugerencias que se hacían.

Por fin, en los próximos días se convocarán asambleas para tratar específicamente del futuro de TLP. La hora de tomar decisiones ha llegado. Ya no vale el argumento de que era uno solo el preocupado por estas cosas.

Marcelino Flórez

Toma la Palabra: los resultados

Una vez reposadas, me atrevo a poner en el papel mis impresiones sobre las elecciones municipales en Valladolid. Los resultados han sido malos, una cuarta parte de los votos y de las concejalías se ha perdido. Al mismo tiempo que VTLP pierde, el PSOE gana y esto es una contradicción, porque formaban parte del mismo equipo de gobierno y no ha habido ninguna desavenencia entre ellos. Por lo tanto, no es por la acción de gobierno por lo que se produce la pérdida.

Tampoco se puede achacar el fracaso a la campaña electoral, que ha sido imaginativa, alegre, acogedora, bien hecha, como han reconocido los propios adversarios y lo han puesto por escrito. Por eso, hemos recibido el resultado con un deje de sentimiento de no ser tratados con justicia; más aún, cuando esperábamos mejorar los apoyos.

Han de ser, pues, factores externos los que nos expliquen el fracaso de TLP. Uno, sin duda, es el déficit de conocimiento de la organización entre la población. Quizá lo explique mejor que nada una anécdota que le ocurrió a Manuel Saravia. Después de una charla en un barrio, se le acercó un señor para decirle que estaba encantado con su trabajo de concejal y que pensaba votarlo. Bien es verdad que a continuación añadió que no se le veía mucho por la sede, la del PSOE, claro. Hechos similares a esta anécdota se han repetido muchas veces en la calle.

Ese hecho puede explicar que VTLP no ganase votos, pero no que perdiese cinco mil respecto a cuatro años antes, de gente que sí tenía que conocerlo. Más importante para explicar eso habrá sido, bien seguro, el efecto de atracción que ejercen los ganadores y el PSOE está en esa fase y se ha beneficiado de ese factor. Dicen los sociólogos que hasta un 10 por 100 de la población se siente subyugada por la atracción del ganador. Algunos votos se habrán ido por ese coladero.

Dos hechos relativos a la gobernanza municipal han podido influir también en la pérdida de votos: la ordenanza sobre vandalismo urbano, que determinado sector de la población ha seguido denominando “ordenanza mordaza”, y el soterramiento. No importa lo razonables que sean los argumentos, porque es evidente que un sector de posibles votantes de TLP se ha instalado en la crítica al gobierno municipal por esos dos factores o por uno de ellos. Sin duda, esos críticos habrán preferido permanecer en la abstención.

Y hay un factor que, en mi opinión, ha sido muy determinante en la pérdida de votos de VTLP. Me refiero al espectáculo de desunión y de caos que ha ofrecido la izquierda. Dejamos a un lado la tarea de Podemos, que es de su exclusiva responsabilidad, y nos fijaremos en las dos organizaciones que participan en las asambleas municipalistas de TLP. Son EQUO e IU.

EQUO ha protagonizado uno de los espectáculos más bochornosos que puedan imaginarse. Fíjense: en las elecciones municipales estaba incluído en la plataforma TLP; en las autonómicas, iba en alianza con Podemos, que era enemigo manifiesto de las plataformas ciudadanas; y en las europeas no participaba formalmente, por exclusión de la Junta Electoral, pero aportaba candidatos a las listas de Unidos Podemos y de Compromiso por Europa. Era prácticamente imposible explicar a la afiliación qué papeleta debían coger en cada caso. No digamos a la población menos informada políticamente: ahí era imposible explicar nada.

La actitud de IU no es menos vituperable, dejando a un lado su quehacer en la asamblea municipalista de la capital, VTLP, donde su compromiso es generoso y encomiable. No es lo mismo en la provincia, ni en la región. En la provincia no ha sido capaz de asumir siquiera la denominación Toma La Palabra, a la que ha envuelto en siglas diversas según los lugares, procurando siempre que apareciesen sus propias siglas. Eso significa no haber entendido nada. En la región, fue incapaz de llegar a un acuerdo con Podemos. Bien es verdad que la responsabilidad seguramente ha sido de Podemos, que ha mantenido la misma actitud excluyente y hegemónica en todas partes, pero el resultado fue la división, que entraba en contradicción con las asambleas municipalistas. Esto no supo resolverlo y los efectos los han sufrido en Burgos, en Palencia, en Salamanca o en Valladolid. En todos los lugares esa actitud ha servido para perder representación, hasta llegar a la irrelevancia.

Es imposible determinar cuánto pude influir cada uno de los factores señalados en los resultados electorales, pero es indudable que la suma de los mismos sirve para explicar muy bien lo que ha ocurrido con TLP. Aunque del análisis se deduce que son las tempestades o los gigantes o los molinos los principales responsables, es decir, los factores externos y, por lo tanto, no controlables, no por ello se ha de deducir que TLP no tenga responsabilidades. Ser poco conocida entre la vecindad, mixtificar el nombre de la Asamblea con siglas particulares, dejarse influir por conflictos externos de los partidos son cosas que se pueden corregir. Gobernar mejor va a ser difícil. Será más fácil hacer oposición. Pero, por encima del éxito o del fracaso electoral, la decisión de mejorar la vida de la gente y de hacer una ciudad amable, acogedora y sostenible seguirá siendo el criterio que guíe siempre a una asamblea ciudadana, como es TLP.

Marcelino Flórez

Valladolid, en confluencia

Hay palabras que cuesta más explicar que otras. Una de ellas es confluencia. Llevamos cinco años practicándola en Valladolid y todavía algunos medios de comunicación no lo han entendido. Estos días podéis haber escuchado o leído que IU celebraba elecciones primarias, cuando quien las celebraba era VTLP, donde también está IU, pero que no es IU, sino una confluencia de partidos y movimientos sociales.

¿En qué consiste esa confluencia? Primero, en aceptar no presentar listas electorales propias por parte de los partidos confluyentes. Segundo, en animar a sus seguidores a inscribirse en VTLP. Tercero, en participar en la asamblea para dotarse de normas de comportamiento o código ético y de un programa electoral, así como para elegir a sus representantes mediante elecciones primarias abiertas.

La asamblea resultante de la confluencia no representa a nadie, ni depende de nadie; es autónoma y practica una democracia transparente e inclusiva, por lo que se busca siempre el consenso y no la imposición de mayorías. Tiene que haber, claro está, un acuerdo mínimo de partida, que se concreta en el Código Ético y en los programas electorales. Esa es toda la ideología. Las particularidades se ejercen en los partidos y movimientos de los que proceden las personas y a los que todo el mundo respeta.

VTLP se inició en el verano de 2014 con la intención de aglutinar a las personas ubicadas políticamente a la izquierda, de manera que se ofreciese a la ciudadanía una única opción más allá del PSOE. Se consiguió esa unificación con la sola excepción de Podemos, que creó un partido funcional, Sí Se Puede, con el que obtuvo tres concejalías a pesar de tratarse de personas poco conocidas y poco integradas en el movimiento social.

En septiembre de 2018, VTLP ofreció nuevamente a Podemos confluir en esta Plataforma y comenzó a esperar una respuesta, que se retrasaba constantemente. El 8 de noviembre se celebró una reunión, urgida por VTLP. Otras reuniones, siempre urgidas por VTLP, se repitieron los días 22 de noviembre, 4 y 19 de diciembre. En esas reuniones se invitó a Podemos a participar en el proyecto Valladolid-2030, que se venía desarrollando para comenzar a redactar participadamente un programa electoral. La invitación, acordada verbalmente, se cursó formalmente por escrito. Pero nadie asistió al Valladolid-2030. El día 19 Podemos propuso un calendario, en el que se fijaba una primera asamblea conjunta para el día 2 de febrero, con la decisión de confluir ya tomada y aprobada por las respectivas asambleas. VTLP aportó, por su parte, tres documentos en borrador, para ir iniciando tareas y ante la urgencia de los plazos con vistas a las elecciones municipales. Los documentos eran un reglamento de primarias, un código ético y una propuesta específica de confluencia.

El día 24 de enero, viendo que no había ninguna respuesta y que se acercaban las fechas para tomar decisiones, VTLP urgió una nueva reunión, en la que Podemos dijo que no estaba en condiciones de cumplir su propio calendario. Finalmente, hemos sabido por la prensa que el Consejo Ciudadano (en la fotografía oficial aparecen ocho personas en círculo cerrado y dos sillas vacías dentro del círculo) había decidido por unanimidad no confluir con VTLP. Eso fue el 15 de marzo, pero seis días antes se había celebrado una asamblea local o provincial, a la que no se le dio la oportunidad de emitir su voto sobre esta cuestión, después de que “dos tercios” de ella se manifestasen partidarios de la confluencia, como me han asegurado dos personas diferentes, de las 27 que estuvieron presentes. El tercio que no estaba de acuerdo es el que aparece en la fotografía oficial. Relato esta crónica pormenorizada, porque nadie ha podido seguir el proceso a causa de la manipulación informativa de que ha sido objeto.

Una decisión de ese tipo necesita ser justificada ante la sociedad. Tres “razones” aduce Podemos para tomar esa decisión; dos de tipo programático: el soterramiento y la ley mordaza; y una referida al nombre de la confluencia, donde la sigla Podemos debería figurar en las papeletas.

Hay que afirmar que las razones no son tales, sino que se trata de excusas, pues nunca se ha llegado a hablar en las reuniones de esos asuntos, aunque hayan podido ser mencionados en alguna ocasión, y lo que figura en la propuesta escrita de acuerdo, cuyo borrador VTLP entregó, es lo siguiente en cuanto al programa:

PROGRAMA ELECTORAL PARTICIPATIVO

Se promoverá un proceso de debate abierto a la ciudadanía, a partir de un borrador redactado por una comisión programática. Esta tendrá en cuenta las conclusiones del proceso Valladolid 2030, así como el balance de la experiencia de gobierno, tanto para planificar el desarrollo de los proyectos iniciados en el actual mandato, como para abordar aquellas cuestiones que no se hayan acometido en estos años.

Los partidos políticos, así como cualquier otro grupo organizado que lo desee, podrán realizar sus aportaciones colectivas al proceso de debate del programa.

La comisión que redacte el borrador propondrá una metodología que permita la presentación de enmiendas, la construcción de consensos y, en último caso, la resolución democrática de los disensos. No obstante, se garantizará una reflexión suficiente sobre aquellos asuntos en los que mayor debate se suscite, dedicándoles mayor tiempo y una metodología particular si fuera necesario. En todo caso, la decisión final sobre el contenido parcial y global del programa, corresponderá a la asamblea abierta”.

Que se trata de una excusa necesita pocas pruebas, después de la crónica que hemos hecho y del texto de acuerdo programático, donde no hay un solo obstáculo para tratar cualquier tema, pero tenemos un argumento más. En la explicación de su decisión de no confluir, tal y como la expresaba lo que parece ser el órgano oficial de comunicación de Podemos, dice: “para Podemos significaba más una integración que un proceso de confluencia”. Pues claro. ¿Es que, acaso, confluir no es integrarse? ¿Cuando un río confluye con otro, acaso no se integran? ¿Y cuando los ríos confluyen en el mar, acaso no se integran?

No son los medios de comunicación los únicos que no han entendido lo que significa confluencia. Podemos tampoco lo entendió en 2014 ni en 2019. Siguen pensando en coaliciones, en decisiones desde los despachos con un par de personas u ocho como mucho. La asamblea, abierta, libre, les produce pavor. Pero en VTLP quien manda es la asamblea y lleva ya cinco años demostrándolo.

Marcelino Flórez

Otra vuelta al municipalismo

Entre las experiencias municipalistas que hemos visto estos cuatro años últimos, posiblemente sea Valladolid Toma La Palabra la más acabada y exitosa. No sólo no ha tenido conflictos entre sus socios, como le ha ocurrido a Carmena o a Ada Colau, sino que ha sido capaz de cumplir un programa pactado, de hacer notar un cambio real en la ciudad y de que sea reconocido todo ello incluso por sus críticos. Por mucho que se busque, pocas descalificaciones se pueden encontrar de Valladolid Toma La Palabra y eso a pesar del esfuerzo constante del Partido Popular y de Ciudadanos con sus apoyos mediáticos. VTLP ha logrado ejercer de pegamento con el PSOE y Sí Se Puede, contribuyendo a hacer del periodo de gobierno una balsa de calma para la ciudad y, además, con muchos éxitos.

En toda España se ha seguido el proceso de municipalización del agua en Valladolid. Todo el mundo ha visto a los poderes fácticos emplearse a fondo para hacer fracasar la tarea. Gobierno del PP y cártel del Ibex 35 han usado la prensa y los tribunales para derribar el proyecto, pero el agua volvió al espacio común de Valladolid con plena eficacia. Sólo esta hercúlea tarea sería suficiente para aprobar el ejercicio de la municipalidad.

Los éxitos han sido muchos más: la contribución a crear una ciudad compacta, recuperando el centro y sus servicios, una ciudad rehabilitada; la protección del medio ambiente a través de otras formas de entender la movilidad, donde el coche no manda; la recuperación de otros bienes comunes; el impulso al comercio de proximidad; el crecimiento del parque público de viviendas; la recuperación del deporte popular, del ocio y la diversión alternativas, del espacio deportivo de élite.

Yo valoro positivamente también el fin del mito del soterramiento. Casi veinte años llevaban vendiéndonos un proyecto inviable, meramente especulativo, derrochador de recursos escasos y capaz de endeudar a la vecindad para decenas de años. Me apunto a la permeabilización de las vías con cuantos pasos sean necesarios y con un coste incomparablemente menor, pero también con bulevares y jardines y fuentes, sin dejar de ver pasar el tren, como se ha hecho con el río, la otra barrera de la ciudad. Lo único que me ha sorprendido en este asunto y me sigue causando sorpresa es el silencio de organizaciones y personas que, con toda razón, se oponían inicialmente al Plan Rogers.

En fin, la imagen de la ciudad ha cambiado y ahora nos visita más gente y con más alegría, porque Valladolid ha pasado a ser una ciudad amable. Pero el municipalismo tiene mucha tarea por delante, también en Valladolid. Primero, VTLP debe seguir creciendo, acogiendo en su asamblea a todas las fuerzas políticas que lo deseen y al movimiento social solidario, acogiendo y mimando las diferencias, como sabe hacer.

También hay que seguir recuperando bienes comunes, incluidos los que cuidan la salud y la educación. Bien está que una escuela abandonada pase a ser un centro de educación infantil, pero se puede ir más lejos y, ya que nos han arrebatado una educación pública universal, recuperémosla centro a centro, mediante cooperativas de padres, de profesorado y de ciudadanía o con otras formas imaginativas. Muchos edificios públicos están clamando por un uso social, mientras el asociacionismo cultural, deportivo o solidario sigue sin tener espacios para desarrollar su labor, tan importante para la ciudadanía. Hay campo y hay esperanza.

Lo mismo con la economía circular, con la economía de proximidad, con la economía solidaria. Todo eso les suena a chino a las derechas. Ahí tenemos mucho que hacer. Igual que con la transición energética, donde las derechas siguen difundiendo el negacionismo del fin de etapa. No digamos con la vivienda pública, sea rehabilitada o de nueva construcción, con la que tenemos que parar el nuevo ciclo especulativo, que ya destruye a ciudades como Madrid o Barcelona.

Tenemos mucha potencialidad en otros espacios, que hay que saber impulsar. Valladolid llegó a ser el emblema español en el cine con la SEMINCI, que se deteriora de forma inexplicable y debe recuperar aquel primer puesto. En teatro somos también vanguardia, incluyendo el espacio rural, donde sólo en la provincia de Valladolid existe una referencia universal. Hay que ponerlo en valor. Y en la música y en el arte tenemos infraestructuras excelentes y artistas. También hay mucho espacio aquí para la imaginación, sólo comparable con lo que Valladolid ha hecho con el deporte. Saber llevar esa cultura de élite, además de impulsarla, a la calle y a los barrios, esa es la tarea. Y, a su lado, asegurar la educación a lo largo de la vida, que tanto peligro corrió con la derecha.

También es posible continuar avanzando en el cuidado de los débiles, con las escuelas infantiles, que hemos visto crecer estos cuatro años, con alternativas imaginativas para vivir la vejez en solidaridad, como hemos aprendido en otros lugares, con la creación de cooperativas, participadas municipalmente, para encontrar salidas al paro de larga duración, con aprovechamiento de recursos existentes, como es la propia vivienda, compartida con estudiantes y de otras formas posibles.

El municipalismo tiene tarea por delante. Eso sí, siempre garantizando la autonomía, la viabilidad de los proyectos, la corresponsabilidad de las personas participantes, la sostenibilidad ambiental y, siempre, con otra forma de mirar la vida, con una mirada solidaria.

Marcelino Flórez