Casi todos los días después de las elecciones municipales hay alguna noticia de un pueblo o ciudad que dispone cambiar los nombres franquistas de sus calles. Bien está. Pero eso es una cosa insignificante ante el problema de derechos humanos con el que se relaciona. Para entender bien las cosas, es necesario precisar dos aspectos distintos que se suelen juntar bajo el equívoco concepto de memoria histórica.
La memoria es la facultad humana que recuerda y retiene el pasado. La actividad de la memoria tiene, entre otras, una función identitaria: hace posible tener conciencia de sí mismo y del grupo social de pertenencia. La sociología estudió esta función identitaria bajo el nombre de “memoria colectiva” (M. Halbwachs). La Escuela historiográfica de los Annales indagó también sobre ese campo de estudio, al que aplicó de forma imprecisa el nombre de “memoria histórica”, aunque también se usaron otras denominaciones, como “políticas de la memoria”, “lugares de la memoria” o “uso público de la historia”. Ese campo de estudio se ocupaba de los elementos del pasado que constituyen el patrimonio identitario de un “pueblo” o “nación”; uno de esos elementos son los nombres de las calles, que desde el siglo XIX buscaron reflejar grandes hazañas o personajes del Estado-Nación. Los franquistas, desde luego, llenaron calles y edificios con los nombres y estatuas de sus héroes. Ahora que el franquismo ha sido ya reconocido, en la norma y en sede judicial, como un crimen contra la humanidad, lo lógico es retirar de los espacios públicos los recuerdos de aquel crimen y de sus ejecutores. Está bien.
Pero cuando los dirigentes rememoraban el pasado de sus “pueblos”, siempre se olvidaban de las derrotas. No suele haber muchas calles que se llamen, por ejemplo, Pérdida de Cuba y Filipinas. De los vencidos y derrotados nunca se hablaba. Los antiguos, incluso, ordenaban olvidar las desgracias pasadas. Así fue como se relegó al olvido a vencidos y víctimas, hasta que Walter Benjamin, reflexionando sobre ese pasado selectivo para entender la llegada del nazismo, descubrió a las víctimas y las recuperó para el conocimiento del pasado. De esa manera, introdujo el fundamento de un nuevo derecho humano, el derecho a conocer la verdad, que ha sido recogido finalmente por las Naciones Unidas en el Conjunto de principios para la protección de los Derechos Humanos mediante la lucha contra la impunidad, que la Comisión de Derechos Humanos elaboró el año 2005.
Este segundo elemento, que suele ir oculto o inconsciente bajo el concepto de memoria histórica, es el que a mí me interesa, la rememoración de las víctimas. En lo que al franquismo se refiere, el cambio de nombres en las calles es una acción necesaria pero mínima, porque la tarea importante es forzar que se forme una Comisión de la Verdad, donde personalidades independientes y diversas establezcan la verdad de los crímenes franquistas y también, en capítulo aparte, los crímenes cometidos por los republicanos. Todas y cada una de las masacres en todos y cada uno de los pueblos de España tienen que ser conocidos, con las personas responsables de ordenar, ejecutar y colaborar para cometerlos. Habrá de establecerse también el calificativo que cada uno de esos crímenes merece y el recorrido jurídico, social y político que han seguido.
Establecida la verdad, primer acto reparador para las víctimas, habrán de seguirse los actos legislativos y judiciales que correspondan. Pero la verdad oficial dará fin a la ofensa a la dignidad de las víctimas, que aún hoy hemos de soportar a dirigentes e, incluso, a portavoces políticos; y en la escuela, por fin, se enseñará a la infancia y a la juventud el crimen contra la humanidad que recorrió a España durante buena parte del siglo XX. Esta es la tarea.
Archivos Mensuales: julio 2015
‘Podemos’, guión, lo demás
Hace unos días la presentadora de las noticias vespertinas de TV-Castilla y León enunció así una información: “Podemos se entrevista por primera vez con el Rey”. Yo esperaba ver a Pablo Iglesias, pero a quien vi fue a la alcaldesa de Madrid. ¿Cuántas veces tendrá que decir Manuela Carmena que no es de ‘Podemos’? ¿Cuántas veces habrá que explicar lo que es Ahora Madrid? ¿Quedará alguien que no sepa que ‘Podemos’ entró en Ahora Madrid tarde y a empujones o que no hay más de cinco concejales de ‘Podemos’ entre los veinte de la candidatura elegida?
Puede ser que la directora del informativo castellano-leonés sea simplemente ignorante. Muchos periodistas, puede que bienintencionados, desde luego lo son y, por eso, confunden la información. Pero yo quiero ver aquí intenciones. Alguien trata de identificar al movimiento cívico que ha llegado a los Ayuntamientos con ‘Podemos’. Y eso busca alguna rentabilidad. En Valladolid, donde los periodistas no pueden decir ‘Podemos’, dicen Izquierda Unida para referirse a Valladolid Toma La Palabra, donde confluyen, al menos, tres partidos políticos, mucho movimiento social y muchísimas personas. Una cosa está clara: se pretende ocultar la base social que sustenta al nuevo movimiento político. Y lo están consiguiendo, porque algunos amigos, estos sí, bienintencionados no salen del error.
Contribuyen a esta ceremonia de la confusión las encuestas electorales. Por ejemplo, los de Demoscopia han decidido preguntar por ‘Podemos’, Izquierda Unida y “otros más blanco”. Una persona izquierdista, consciente y conocedora de la realidad, que resultase encuestada, tendría que elegir “otros”, si su voto no fuese exactamente para ‘Podemos’ o para IU. Muchas de esas izquierdistas, que ya han decidido prescindir de IU en la respuesta, pueden optar por ‘Podemos’, aunque sólo sea por proximidad. Así, las imprecisas encuestas nos dibujan un panorama político, que puede no coincidir exactamente con la realidad, sino con una construcción muy interesada de la misma.
Contribuye también a la ceremonia de la confusión el mensaje de ‘Podemos’. No se debe olvidar el artículo de Errejón en el número 225 de Le Monde Diplomatique en español. Decía allí, entre otras cosas, que había que prescindir del movimiento social para poder acceder al poder, ya que los destinatarios del mensaje son la gente corriente o “pueblo no representado”. Y es aquí donde la ceremonia juega de forma consciente. En las pasadas elecciones municipales el verdadero triunfo lo consiguieron las plataformas ciudadanas, en las que los movimientos sociales eran protagonistas. Donde ‘Podemos’ no quiso entrar y se enfrentó electoralmente con esas plataformas, como es el caso de Valladolid, ganaron las plataformas. En muchas de ellas, sin embargo, terminó entrando y eso es lo que justifica la confusión informativa, que ‘Podemos’ cultiva con notable éxito. No debemos olvidar tampoco que esta es la segunda columna, después de la “gente indignada” y no representada, en la que se basa la construcción de ‘Podemos’, a decir de Errejón: “la acción en los medios de comunicación para crear el espacio de identificación, conscientes de que la política no depende de ninguna condición social previa”.
No sé cuánto tiene de consciente, pero ‘Podemos’ está escenificando un proyecto para diferenciarse del movimiento social y lo está haciendo a través de la “acción en los medios de comunicación”. Este es el teatro en el que nos hallamos. Esta vez ‘Podemos’ no quiere que la ciudadanía organizada se le adelante, como ocurrió en las elecciones municipales, por eso ha rechazado con prontitud cualquier diálogo con IU y ha propuesto elecciones primarias de distrito único. Ocurre, sin embargo, que ahora la ciudadanía está organizada en sus plataformas y no hay trampa que pueda apresarla. Lo veremos pronto, aunque la gente corriente tardará en percibirlo, que para eso están los medios de comunicación hegemónicos, para ocultar lo que ocurre. Estemos advertidos y no nos dejemos enredar en debates estériles y retardadores, como ocurrió hace un año, consiguiendo que una mayoría de gente no llegase a tiempo de diferenciar las ofertas electorales, sino sólo las marcas.
Marcelino Flórez