Archivo de la etiqueta: Podemos

Cocerse en la propia salsa

No recuerdo dónde lo leí, pero aprendí que un error repetido reiteradamente deja de ser un error para convertirse en una estrategia. El Podemos de Pablo Iglesias es un ejemplo perfecto. Se equivocó el 22 de enero de 2016, cuando tomó la iniciativa de ofrecer un gobierno a Pedro Sánchez, con vicepresidencia todopoderosa. La iniciativa fracasó, Pedro Sánchez no fue investido, pero Podemos no sólo no sobrepasó al PSOE, sino que dejó en la cuneta más de un millón de votos. La iniciativa iba acompañada de unas formas de expresión durísimas, simbolizadas en la cal viva. No vimos a nadie reconocer el error, al contrario, por lo que era fácil que se repitiese.

Se equivocó, cuando el 6 de mayo de 2019 volvió a tomar la iniciativa, ofreciendo a Sánchez un gobierno de coalición, con una vicepresidencia familiar capaz de controlar la parte más social del presupuesto. Esta oferta fue acompañada de unas formas inequívocas de rechazo: no nos fiamos del PSOE, dijo Pablo Iglesias al presentar la iniciativa. La expresión formal de ese rechazo en las sesiones de investidura elevó la desconfianza a niveles insuperables. La iniciativa fracasó y Pedro Sánchez no fue investido.

Podría haberse hecho una reflexión algo crítica de esos procesos estratégicos, pero la nueva iniciativa del 20 de agosto de 2019, en forma de documento de 119 páginas, indica que no se trata de errores. Podemos exige un gobierno de concentración. Está en su derecho de exigir lo que quiera, pero que no nos cuente que la culpa es del empedrado y no de la propia estrategia.

En este caso, la estrategia parte del fracaso constatado, es decir, está fracasada ya en la salida. Por eso, el PSOE está dejando que Podemos se cueza en su propia salsa, bajando el fuego, o sea, retrasando la presentación de su propia iniciativa, como por derecho le corresponde. Esto lo reconoce todo el mundo, muy especialmente Podemos, que repite por boca de argumentario que es Pedro Sánchez quien tiene que buscar los apoyos para la investidura.

La contradicción no puede ser más evidente: si la iniciativa le corresponde al PSOE, la toma de esa iniciativa por parte de Podemos ha de perseguir otros fines. Conocemos la finalidad de la iniciativa plenipotenciaria de 2016, pretendía cerrar el paso a la investidura para que en las siguientes elecciones se produjese el «sorpasso». Creo que hasta fue verbalizado así por el líder en la sombra de Podemos. Tomar la delantera, ponerse en cabeza era el objetivo.

Sospechamos cuál era la finalidad de la iniciativa vicepresidencial de mayo de 2019 y lo escribimos en este blog: evitar la irrelevancia hacia la que conducían los resultados electorales decrecientes. Sin presencia pública ministerial y sin inserción en el movimiento social, Podemos corría el riesgo de quedar amortizado durante la legislatura. Eso debieron pensar los catedráticos del partido con toda la lógica a su favor. Da igual cuánto empeño se ponga en ganar el relato, porque una votación de investidura vale más que todos los relatos, sean falsos o verdaderos, y quien cerró el paso a la investidura de julio fue Podemos.

Lo que no alcanzo a comprender es qué puede buscar la iniciativa de agosto. Desde luego, no pretende facilitar el paso para la negociación. Todo indica que pretende lo contrario. Por si quedasen dudas, Podemos ha debido de enviar una carta a sus inscritos para fortalecer la estrategia. Las declaraciones de Pablo Iglesias en la SER el 29 de agosto y de todas las voces públicas de Podemos, incluidas las del Congreso, certifican que la posición esta pensada. El camino conduce indefectiblemente al fracaso, es el resultado de la estrategia.

El problema es que, aunque la iniciativa es de Podemos, hay dos o tres tontos útiles implicados. El campo está muy revuelto al interior de los socios de Unidas Podemos. Por el momento, han acordado uniformar el relato y aparentar concordia en la coalición. La solución real está en manos de la comisión negociadora y la postura que tome ante la iniciativa que proponga el PSOE. Sea cual sea el resultado, la cocción de Podemos en su salsa continúa y no sólo está quebrada la coalición, sino que el propio Podemos está finalizando el guiso. Ha perdido toda credibilidad y eso sin que haya aparecido en el horizonte Más País o Más España, que tanto da lo uno como lo otro.

Marcelino Flórez

Necesito otra política

Habitualmente escribo desde una perspectiva analítica, en algunos caso hago estrictamente comentarios de texto y, aunque no hay análisis desprovisto de valores y opciones personales, no es lo mismo analizar que meramente opinar. Pero también tengo mi parecer y mis sentimientos: mi corazón está en el espacio de Unidas Podemos, salvo que considero al PSOE como un aliado y no como un adversario. Concretamente, pago una cuota en EQUO y, si no me he borrado, es por no dejar en vete a saber qué manos el proceso de disolución que se augura.

Considero que fue un error mayúsculo no apoyar en julio la investidura de Pedro Sánchez, además de ser una desobediencia explícita al mandato de las bases en el caso de EQUO, e implícita, según mi interpretación de los resultados del referéndum, en el caso de IU. Y fue un error, porque desoyó el mandato principal de los electores el 28 de abril: cerrar el paso a las tres derechas, al trifachito. Para eso se pidió el voto en primer lugar y eso debería de haber sido lo primero. También se pidió, en segundo lugar, para recuperar las políticas sociales, como ya se tenía pactado en el proyecto de presupuestos del Estado. Tampoco debería haber sido esto, por lo tanto, obstáculo para dar un sí a la investidura. Nunca se pidió el voto para hacer vicepresidente a Pablo Iglesias o, en su defecto, a Irene Montero. Sin embargo, ha sido eso lo que ha decidido la posición en la investidura, la relación de personas y ministerios a ocupar. Más que un error, es un engaño a una parte del electorado, aquella que votó para cerrar el paso al trifachito y conseguir mejoras sociales. Para mí, no hay ningún eximente y tengo claro quiénes son los culpables. Y esto dejando a un lado las formas o métodos, a pesar de que ya nos advirtió Gandhi que el fin está en los medios, como el árbol en la semilla.

En todo el proceso hay un culpable, Podemos, y dos tontos útiles, EQUO e IU, a los que, por mucho que hayáis mirado, no habréis visto aparecer en ningún momento de la negociación. Pero no me extraña nada, porque ese es el resultado lógico de la coalición, siempre exigida por Podemos, que es su esencia, como dejó establecido en los dos Vistalegres. Todo está dentro de esa lógica. Por cierto, estos pareceres míos no parecen ser minoritarios. ¿Con quién creéis que coinciden los cientos de miles que optaron por Carmena o Errejón frente a los millares que lo hicieron por Sánchez Mato o por Isa Serra? No os fiéis de lo que aparentan los trolls que actúan en Facebook, generalmente organizados por conocidos lobbies. ¿O creéis que la gente de Madrid, especialmente la que participa en los movimientos sociales, es tonta?

Por eso, necesito otra política frente a los viejos partidos y a los nuevos, pero viejunos. Frente a las coaliciones, confluencia de la pluralidad; frente a los hiperliderazgos, colegiación; frente al centralismo democrático, asambleas abiertas que faciliten la participación de la gente; frente a la rigidez y el autoritarismo, debate y consenso. Quiero democracia deliberativa y no hegemonías, aunque sean de mayorías. Eso o quedarme en casa.

A esta opción mía, algunos amigos reaccionan diciendo que el culpable es el PSOE. ¿Culpable, me pregunto, de qué, de no presentar un candidato a la investidura, de no pactar un acuerdo de legislatura, de no repartir ministerios con Podemos, culpable de ser como quiera ser? Eso me pregunto en un principio, pero enseguida rechazo las preguntas, porque si el culpable es el otro, yo no tengo nada que hacer. Es la trampa de las equidistancias, del «todos somos culpables», que conduce a liberarnos a cada uno de la propia culpa, mediante el olvido de los errores pasados. No quiero esa trampa. Que el PSOE analice sus culpas. Que los tertulianos inventen todo otro tipo de trampas para buscar réditos. (Me enterneció hace unos días escuchar a Marhuenda hablando de la maldad de Sánchez y de la racionalidad y hasta inocencia de Iglesias en sus demandas. Me enterneció tanto, que casi lloro. Me pasó lo mismo un par de días antes escuchando a Pedro Jota). Yo me quedo con mi culpa, con mi corazón y con mis decisiones, y que cada palo aguante su vela.

Marcelino Flórez

Desconfianza

La protocolaria visita a Marivent ha resultado, paradójicamente, clarificadora. No por la visita, pero sí por la rueda de prensa. Pedro Sánchez ha confesado que la desconfianza manifestada por Podemos, al explicar su iniciativa de gobierno de coalición, ha venido a ser una desconfianza mutua. De ahí se deriva una conclusión: no habrá gobierno de coalición, porque eso nunca pasaría de ser dos gobiernos en uno. Camino cerrado.

Lo había escrito hace unos días, pero más que alegrarme por haber acertado, estoy incómodo, tampoco triste. Lo que está ocurriendo tiene mucha coherencia: Pedro Sánchez ha comenzado a reunirse con entidades sociales para certificar públicamente los enunciados de la sesión de investidura. De hecho, todas las entidades ya habían dado el aprobado al terminar aquella sesión. Seguirá la propuesta de un pacto de investidura con el programa refrendado públicamente. A quienes lo acepten y sólo después de aceptarlo, el PSOE puede ofrecer una pacto más amplio, un acuerdo de legislatura con un gobierno plural, compuesto por personas independientes, algunas de ellas propuestas por quienes acepten el pacto.

En el mus se puede echar un órdago sin cartas, pero si el contrario no se asusta y quiere el envite, pierdes toda posibilidad de volver a repetir la jugada, porque se te ha visto la debilidad. Así he visto yo la negociación de investidura: un órdago sin cartas, que te sale mal y pierdes.

Podemos ha perdido el órdago y la iniciativa. Podrá aceptar o no el pacto de investidura. Si lo acepta, podrá solicitar humildemente un pacto de legislatura y hasta proponer alguna persona para un futuro gobierno, muy humildemente siempre y en el caso de que tenga buenas cartas. El juego está perdido y sólo cabe intentar que sea por la mínima.

Haya o no elecciones, Sánchez ha ganado. Se jugaron todas las piedras al relato en la primera vuelta, pero el relato, que junta palabras con gestos, mímica con recitación, lo ganó Sánchez, porque tenía mejores cartas. Ahora ya no se discute quién tiene la culpa de repetir la elecciones, se discute un programa, que es muy general, pero progresista en sus enunciados. Y rechazar eso es una derrota definitiva, una pérdida de toda la partida a los puntos. En todos los casos, Podemos vislumbra el final de la partida, está viendo que se queda sin el jamón. La única duda que me queda a mí es la decisión que tomarán los compañeros de viaje, si aceptan la derrota solidariamente o se desvinculan antes. Después, será tarde. Por ahora, veo mucho movimiento, pero no acierto a dilucidar la dirección que tomarán.

Marcelino Flórez

Excusatio non petita …

Excusatio non petita …

No he podido leer el comunicado que Podemos ha enviado a sus inscritos y dispongo solamente de los resúmenes que han hecho la Cadena SER y el Diario Público. Según esos resúmenes, así ha sido el proceso:

El comunicado comienza con una referencia a la moción de censura, que Podemos apoyó «sin nada a cambio». Bien es verdad que después pactó unos presupuestos, aunque dice que el PSOE lo incumplió y convocó elecciones. (Necesitaría el comunicado para ver cómo se razona ese incumplimiento).

Desde el primer momento, Podemos apela a los resultados numéricos de las elecciones, en las que obtiene la mitad de los votos que el PSOE, y propone, en consecuencia, un gobierno de coalición, en el que -como hemos escuchado repetidas veces- le correspondería un tercio de la representación.

El comunicado continúa diciendo que el PSOE no movió un dedo, al tiempo que trataba de negociar con PP y Cs, hasta que Podemos convocó su consulta y el PSOE rompió las negociaciones (que no existían, por lo que es imprescindible ver cómo lo cuenta el comunicado).

Siguió la retirada de Pablo Iglesias y la renuncia a los «Ministerios de Estado». Pero el PSOE nunca tuvo intención de negociar, como demuestran las filtraciones y la manipulación de los textos. Además, lo que el PSOE terminó ofreciendo eran «ministerios sin competencias».

Y el comunicado concluye con algunas tesis:

. «Si la pelea fuese de sillones, ya estaríamos sentados».

. «No nacimos para dar un gobierno gratis a un partido que tantas veces ha traicionado a sus votantes».

. «Ni para ocupar puestos sin poder real que no cambian nada».

Aunque no conocemos el texto, los resúmenes hacen posible asentar las ideas principales, fijándonos en hechos y evitando las opiniones:

– Hay acuerdos de partida: moción de censura y presupuestos para 2019.

– Podemos propone gobierno de coalición en relación con los votos obtenidos: un tercio.

– La consulta a los inscritos rompe las negociaciones.

– Pablo Iglesias se retira y el Podemos renuncia a los «Ministerios de Estado»

. El PSOE sólo ofrece ministerios sin competencias.

– Hay filtraciones y manipulación de los textos.

El argumento podría ser algo así:

Aunque hubo acuerdos de partida, que no llegaron a buen fin, las elecciones concedieron a Podemos una fuerza que intentó convertir en gobierno de coalición, para lo que inició negociaciones con el PSOE.

Las negociaciones se rompieron al preguntar a los inscritos por su opinión sobre la coalición y se reiniciaron con dos importantes renuncias de Podemos: la persona de Pablo Iglesias y los «Ministerios de Estado».

El PSOE siguió sin conceder competencias y haciendo uso de malas prácticas, con filtraciones y manipulaciones, por lo que hubo que abstenerse en la votación de investidura.

Esto es lo que Podemos ha querido contar a sus inscritos sobre el proceso. No voy a fijarme en la veracidad del relato, que puede contrastarse con otros relatos, como el que hice yo mismo hace pocos días, sólo quiero destacar un par de cosas. La primera, que la propuesta de gobierno de coalición es de Podemos. Lo hizo, dice el comunicado, «porque estos tres años de experiencia institucional nos han demostrado que la capacidad de transformar las cosas desde el Gobierno es mucho mayor que con la mera presencia parlamentaria o en la oposición». Eso dice, sí; pero en las conclusiones escribe que «no nacimos para dar un Gobierno gratis a un partido que tantas veces ha traicionado a sus votantes». Y esto concuerda más con las palabras de desconfianza que cualquiera ha podido escuchar repetidas veces en boca de Pablo Iglesias.

La otra cosa a destacar es la acusación de manipulación en la filtración de algunos textos. Esta acusación, en la que Podemos insiste una y otra vez, consiste en el cambio de la palabra «propuestas» por la palabra «exigencias» en el título del único escrito conocido y entregado por Podemos para el proceso. Lo demás, la demanda de ministerios y competencias, estaba íntegramente transcrito, a pesar de lo mucho que tardó en reconocerlo Echenique en una entrevista en la Cadena SER. Parece una manipulación demasiado pequeña para poder justificar una decisión tan transcendental.

Contrasta este comunicado de Podemos con otro que ha emitido Izquierda Unida, en el que, sin ninguna retórica, se dirige al PSOE y a Podemos para que hagan posible «un acuerdo en torno a las bases programáticas establecidas en el Acuerdo de los Presupuestos Generales del Estado de 2019, aun en el supuesto de que no existiera acuerdo para constituir un gobierno de coalición», es decir, que se firme lo que ya está acordado desde hace casi un año.

Si restamos todo lo que es opinión en el comunicado de Podemos, lo cierto es que poca excusa encontramos para justificar el enorme dislate producido. Además, ya lo dijeron los latinos: quien ofrece una excusa que nadie le está pidiendo, lo que realmente hace es acusarse. … acusatio manifesta.

Marcelino Flórez

Ganar el relato

Lo que sigue, en letra ordinaria, lo escribí el sábado 20 de julio, tres días antes de la sesión de investidura.

Realmente son dos cosas distintas, votar la investidura y acordar un programa de gobierno. Se relacionan, pero son distintas. La investidura se puede votar, haya acuerdo de gobierno o no lo haya. El acuerdo de gobierno es un compromiso para una legislatura, apoyando con el voto cada uno de los aspectos recogidos en el documento que resulte. Y aún tenemos una tercera cosa, entrar a formar parte del Consejo de Ministros o no. Se puede apoyar la investidura y se puede firmar un pacto de gobierno sin necesidad de entrar en el Consejo de Ministros. La confusión de los tres espacios es cosa de las negociaciones, no de las leyes.

Habría que haber estado en el órgano de gobierno de Podemos para conocer las razones de la estrategia que estableció respecto a la formación del nuevo gobierno. Condicionar el voto de investidura al establecimiento de un pacto de gobierno fue un primer error. Ningún partido de la izquierda en Las Cortes debería haber establecido esa condición, porque el PSOE es el único partido que puede ofrecerse para el voto de investidura y, además, la alternativa, o sea, nuevas elecciones era una solución peor o, al menos, muy arriesgada. ¿Por qué, entonces, se plantearon así las cosas? En la gestión del relato todos los partidos han estado muy preocupados de echar la culpa a los demás de los resultados no deseables. Este primer paso de la estrategia tiene un solo responsable, Podemos, que es el único interesado en esa opción.

Hacer un pacto de gobierno era una prerrogativa que sólo el PSOE podía ofrecer. Así ocurrió. El PSOE eligió un «socio preferente» para iniciar ese pacto, Podemos, pero este socio puso una condición: formar parte del gobierno con, al menos, una vicepresidencia y algún otro ministerio. ¿Por qué Podemos optó por esta estrategia?

Habría que haber estado en el órgano ejecutivo para saberlo, pero yo tengo una hipótesis. La decisión se tomó después de las elecciones municipales y regionales, que dieron fin al poder de Podemos. El análisis de esas elecciones ha tenido que ser el factor determinante de la estrategia. Casi todo el mundo pensó y escribió que esas elecciones habían fortalecido al PSOE y debilitado a Podemos. ¿Qué le hizo, entonces, tomar esa postura de fuerza, de presión y no seguir la lógica que se deducía del resultado electoral?

Sin duda, en el análisis de esas elecciones, Podemos advirtió, como lo ha hecho todo el mundo, que el PSOE se había visto favorecido por el buen trabajo realizado por las llamadas candidaturas del cambio en ciudades y comunidades autónomas y pensarían que no podían cederle de nuevo el protagonismo junto con el esfuerzo y el trabajo bien hecho. Podrá estarse de acuerdo o no, pero la estrategia tiene lógica y hubo de contar con muchos apoyos, incluidos los de Unidos Podemos, es decir, de IU y de EQUO.

Por lo tanto, la estrategia de unir la negociación de un programa a la de formar un gobierno es responsabilidad de Podemos. Esta estrategia le ha hecho doblar la rodilla dos veces al PSOE: tuvo que renunciar, primero, a una investidura en blanco o con pocos compromisos y, después, a un gobierno monocolor.

Pero Podemos no se detuvo ahí en la estrategia. Exigió que Pablo Iglesias fuese vicepresidente. ¿Por qué esa decisión? Para entender esto, hay que retrotraerse a las elecciones del 28-A. Podemos salió mal parado de aquellas elecciones, pero mucho mejor de lo que auguraban las encuestas. Muchos analistas achacaron la remontada de las encuestas al liderazgo de Pablo Iglesias durante la campaña electoral. Eso mismo debió pensar la ejecutiva de Podemos y, de ahí, la estrategia. Si de responsabilidades hablamos, en la perspectiva de ganar el relato, ésta también es de Podemos.

Y fue aquí donde se rompió el diálogo, en el caso de que tal cosa haya existido. La excusa fue la consulta que lanzó Podemos a su base social. Yo creo que el PSOE no tenía otra respuesta y no sólo por la pregunta-trampa, sino porque el planteamiento del proceso estaba tan mal hecho, que sólo había sido capaz de generar desconfianza y el resultado iban a ser dos gobiernos paralelos. Un camino cerrado.

El desarrollo del debate de investidura en su primera sesión parece confirmar punto por punto lo que reflexioné el sábado.

Detrás de todo lo que venimos analizando se halla la crisis de Podemos, a la que los dirigentes creyeron poder poner coto con el protagonismo del líder. En mi opinión, sin embargo, la gestión de la crisis va a servir para agudizarla, aunque tenemos que esperar a que se serenen las aguas para comprobarlo. Por el momento, la consulta de Podemos ha provocado otras dos consultas: primero EQUO, que ya inició votaciones el jueves, día 18; y ahora IU, que las ha programado para el domingo 21 y el lunes 22. Dado que Podemos ha seguido el proceso negociador en solitario y ha consultado a sus inscritos, EQUO e IU se han visto obligados a hacer lo mismo. La gracia es que las preguntas a las bases son bien diferentes. EQUO pregunta si se quiere apoyar o no la investidura y si se quiere apoyar lo que decidan los parlamentarios de UP, tres preguntas. Por su parte, IU hace una sola pregunta, que se responderá con un sí o un no, y habla de si se desea participar en un gobierno de coalición, después de haya habido un «acuerdo programático de investidura». El caos resultante irá dando sus frutos, estoy seguro.

Este lunes por la noche, cuando escribo esto, puedo anunciaros que la consulta de EQUO ha dado como resultado un 70 por 100 de votos a favor del sí incondicionado a la investidura. Buena tarea le espera a López Uralde.

Marcelino Flórez