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Argentina, la ONU, la Memoria y el Franquismo

Cuando en el año 2006 Entrepueblos organizó unas jornadas con el título de La Memoria contra la Impunidad en el Centro Buendía de la Universidad de Valladolid (con ausencia clamorosa del profesorado de la propia Universidad, que no tuvo a bien acudir a escuchar a expertos en el tema de la talla de Reyes Mate o Francisco Espinosa, eso a pesar de que la inauguración de las jornadas coincidió con la declaración de tregua por parte de ETA, asunto tan directamente relacionado con el título de las jornadas), pudimos tomar conciencia ya de que la Memoria había llegado para quedarse. Esa  conciencia nos ha permitido ir encontrando explicación al sinuoso discurrir de la vida política española en los últimos quince años a  este respecto. Cada vez entendemos mejor la intranquilidad que recorrió al partido único de la derecha española el día que Emilio Silva desenterró a su abuelo junto a los otros doce de Priaranza, era el mes de octubre del año 2000; entendemos también la hiperbólica irritación que le causaba a este partido la tramitación de la conocida como Ley de Memoria Histórica; y entendemos el acoso mediático y jurídico que emprendió contra Garzón a raíz de su Auto de 16 de octubre de 2008.

Lograron terminar con la carrera judicial de Garzón en España, provisionalmente y por otro asunto, pero la autoridad del juez salió reforzada por su planteamiento de fondo en el Auto sobre las víctimas del franquismo, porque, si bien las víctimas quedaban jurídicamente desamparadas, como hizo notar inmediatamente Amnistía Internacional, la condena moral del franquismo resultó definitiva, al reconocer la sentencia absolutoria de Garzón que la Dictadura era responsable de Crímenes contra la Humanidad (“QUINTO.- Los hechos anteriormente descritos, desde la perspectiva de las denuncias formuladas, son de acuerdo a las normas actualmente vigentes, delitos contra la humanidad en la medida en que las personas fallecidas y desaparecidas lo fueron a consecuencia de una acción sistemática dirigida a su eliminación como enemigo político”. -Sentencia 102/2012 de la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo-). La memoria de las víctimas obtenía aquí, de forma callada y apenas percibida por la mayoría de la población, una victoria frente a los victimarios.

Y la madeja ha continuado desenrollándose. Primero fue la jueza argentina María Servini de Cubria, que aceptó la demanda de dos familiares de personas desaparecidas, en el marco de la justicia universal, a la que se han ido sumando un sinnúmero de querellas y querellantes. Los últimos pasos de esta causa han llevado a la solicitud de detención de algunos conocidos torturadores del tardofranquismo, donde la fiscalía española continúa poniendo obstáculos, que no son sino coces contra el aguijón.

Coincidiendo con estos hechos, han llegado a España los observadores de la ONU para comprobar la situación de las personas desaparecidas, lo que habían solicitado la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica y otras asociaciones de Derechos Humanos en el año 2002. En este caso, ya no es que las víctimas se hagan visibles, pues ya lo eran desde hace unos años, es que la visibilidad llega al centro nuclear de los Derechos Humanos. Puede que judicialmente no se avance mucho, pero moralmente se recorre todo el camino: las víctimas del franquismo son universalmente visibles y la impunidad de sus asesinos queda atestiguada. Ya no cabe el negacionismo en este final del recorrido.

Aquí, precisamente, se abre una nueva senda, una senda interior, la senda que afecta a los restos del franquismo dentro de España. Lo de menos es que esos restos se encuentren en los nombres de algunas calles, en los monolitos del algún altozano o, incluso, en las pulseras de algunos mozalbetes y de otros ancianos; lo importante es que esa senda es poderosa, porque está amparada  por el partido único de la derecha española, que, además, gobierna.

Si la autoridad de este gobierno está mermada en el mundo por los catastróficos resultados sobre la población de su gestión, con aumento del desempleo, reducción de los salarios, quiebra de las pequeñas empresas, desmantelamiento de los servicios sociales; si esa merma de autoridad se agudiza por estar enfangado el partido en unos asuntos de corrupción, que son la primera pregunta de cualquier corresponsal extranjero y para la que no encuentra más respuesta que excusas y mentiras; si eso es así, la rememoración de las víctimas del franquismo añade a este gobierno un peso insuperable. O deja de proponerse como continuador del franquismo y condena de una maldita vez, sin equívocos, a la Dictadura y pone los medios para reparar la injusticia, como le acaba de proponer el Grupo de Trabajo sobre las Desapariciones Forzadas o Involuntarias de la ONU al concluir su visita a España, o no puede quitarse la losa de encima.

Marcelino Flórez

 

Del Valle de los Caídos a Baralla

El alcalde de Baralla (Lugo) ha formulado en un pleno del Ayuntamiento el día 26 de julio de 2013 el siguiente pensamiento: “Los que fueron condenados a muerte será porque lo merecían”. Se refería a los crímenes del franquismo. Lo dijo en el contexto de una condena de la violencia política practicada por Resistencia Galega, cuando los socialistas le pidieron la misma sensibilidad para condenar la violencia política de la dictadura franquista. Si alguien condena la violencia política de los que no piensan como él, pero no condena la violencia política de los que piensan como él, nos hallamos ante un hipócrita. Sólo por eso, en la vida política debería ser una persona despreciable y debería ser relegada de toda participación en la política democrática. Pero este caso es mucho más que una hipocresía.

El día 30 de noviembre de 2008, Gabriel Jackson escribió esta opinión en El País: : “Lo que ocurre en España, una parte importante del problema, es que la sociedad española en su conjunto no ha juzgado la dictadura de Franco como régimen criminal, en el mismo sentido en que Alemania condenó el régimen nazi, Suráfrica condenó el apartheid y Estados Unidos condenó la esclavitud y el siglo de segregación que siguió al fin de la esclavitud”. Baralla, en Lugo, es una prueba de la certeza de ese pensamiento. Y es mucho más, porque desde 2008 ha continuado ampliándose la verdad sobre los crímenes del franquismo y ahora sabemos no sólo que fueron muchísimos y gravísimos, sino que han recibido en sede judicial el calificativo de crímenes contra la humanidad. Así lo formuló el auto del juez Garzón de 16 de octubre de 2008 y así lo corroboró la sentencia 102/2012 de la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo que absolvía a dicho juez de prevaricación, donde, en el razonamiento QUINTO escribe: “Los hechos anteriormente descritos, desde la perspectiva de las denuncias formuladas, son de acuerdo a las normas actualmente vigentes, delitos contra la humanidad en la medida en que las personas fallecidas y desaparecidas lo fueron a consecuencia de una acción sistemática dirigida a su eliminación como enemigo político”. Esta es la razón, además, por la que la justicia internacional ha abierto una causa contra alguno de esos crímenes en Argentina.

Por eso, lo que acaba de decir el alcalde Baralla un año después de aquella sentencia no sólo es un desprecio a las víctimas, es mucho más. Nos hallamos ante el intento de encubrimiento, si no fuese una apología de un crimen contra la humanidad. Y no estamos hablando de opiniones que necesiten consenso, como pretende el gobierno a propósito de sus despropósitos con el Valle de los Caídos, ni siquiera de opiniones fundamentadas científicamente por la historiografía, estamos hablando de una verdad establecida en la jurisprudencia.

Pero el alcalde de Baralla tiene 8 concejales, de los 11 que forman el Ayuntamiento. Y son esos votantes de Baralla a los que señala Jackson por no haber “juzgado la dictadura de Franco como régimen criminal”. Tienen a su favor no sólo que hay mucha más gente como ellos en España, sino que el mismísimo gobierno está anclado en esa tesis, como acaba de entreverse en el enésimo conflicto habido estos mismos días con el Valle de los Caídos. Al mismo tiempo que no da un duro para abrir fosas ya localizadas de personas desaparecidas, el gobierno gasta 286.845 euros en arreglar el Valle de los Caídos y se mofa de no cumplir la Ley de Memoria Histórica con el indecente argumento de “no reabrir heridas innecesarias”.

El problema es que esa reclamación de olvido ha servido como argumento hasta ayer, pero hoy ya no vale, porque hemos descubierto que existen las víctimas y hemos decidido mantener su recuerdo, para que no desaparezca el crimen con la impunidad de los asesinos. Hemos vuelto a leer a Walter Benjamin y hemos cargado sobre nuestras conciencias el deber para con las víctimas olvidadas. Lo que la gente suele llamar memoria histórica, o sea, la rememoración de las víctimas ha llegado para quedarse. Por eso, pronto o tarde, el alcalde de Baralla tendrá que irse de la vida política democrática, acompañado de todos sus partidarios. Se van acumulando argumentos que prueban la ilegitimidad del Partido Popular, pero la falta de condena del crimen contra la humanidad que fue el franquismo supera todo razonamiento imaginable. El Valle de los Caídos y el alcalde de Baralla representan mucho más que una indecencia. Son el peligro de la humanidad.

Marcelino Flórez

 

El papel de las víctimas

La entrevista de Consuelo Ordóñez, hermana de Gregorio Ordóñez, dirigente del PP asesinado en 1995, con Valentín Lasarte, condenado por ese asesinato, celebrada el 22 de junio de 2012 en la cárcel de Zaballa (Álava), es una muestra del error en el que se mueve la actividad de algunas asociaciones de víctimas del terrorismo. En rueda de prensa celebrada después de la entrevista Consuelo Ordóñez cuenta que el ex-etarra le pidió perdón; que no se lo concedió porque la víctima estaba muerta y eso es irreversible; y que todo su afán fue indagar si estaba dispuesto a delatar a otros terroristas implicados en delitos aún no resueltos.

Explica muy bien Reyes Mate, recurriendo a la sintaxis latina, donde se diferencia el genitivo posesivo y el genitivo ablativo, que justicia de las víctimas tiene dos significados posibles: uno designa posesión, la justicia pertenece a las víctimas; el otro designa procedencia, la justicia procede de las víctimas. Pero ésta es la confusión en la que se hallan algunas personas.

Ciertas asociaciones de víctimas y personas asociadas consideran que la justicia les pertenece y la conferencia de prensa de Consuelo Ordóñez es una prueba de ello. Descalifica la “vía Nanclares”, porque sus inventores “no son víctimas” y “nunca” han escuchado a las víctimas. Parece que desconociera que el programa del Ministerio del Interior para la reinserción de terroristas (no sólo etarras) nació de una iniciativa parlamentaria apoyada por PP, PSOE, CiU y PNV el 21 de febrero de 2012, además de enmarcarse en el acuerdo sobre terrorismo de los dos partidos mayoritarios. No sé si Consuelo Ordóñez desconocerá, además, que alguno se esos parlamentarios y muchas personas de los partidos citados son víctimas directas del terrorismo. De ahí que una cosa es que no se haya escuchado a las víctimas y otra bien distinta es que no se esté de acuerdo con las decisiones políticas de Las Cortes o del Gobierno. Es un asunto de opinión política, no de víctimas y verdugos.

La justicia no es propiedad de las víctimas, aunque nazca de ellas. Aún más, las víctimas tienen derecho a desear la venganza y bien claro expresan ese deseo las palabras de Consuelo Ordóñez: “ni olvido ni perdono”. Está en su derecho y no seré yo quien lo discuta, pero esa actitud no fundamenta la justicia y no se atiene a las leyes. Si pretendiese desarrollar sus deseos de venganza con actos, resultarían delictivos y la condición de víctima, indirecta en este caso, como ella mismo quiso hacer hincapié al negar el perdón al terrorista arrepentido, no encontraría apoyo en la ley.

Sorprende, por esto, que el Ministerio del Interior haya concertado esta entrevista. Sorprende que no la haya preparado de acuerdo con los fines de reinserción que pretende su programa. Y si el Ministerio ha sido consciente y ha enviado a Consuelo Ordóñez para recabar la delación de terroristas, es una acción deplorable. Da miedo pensar que la proximidad del pensamiento vengador de algunas asociaciones de víctimas y de algunas víctimas, directas o indirectas, al Partido Popular pueda estar influyendo en las decisiones del Ministerio.

Sea como fuere, la rueda de prensa de Consuelo Ordóñez, que narra la entrevista con el etarra arrepentido, Valentín Lasarte, representa un paso atrás, un paso atrás de gigante en el camino hacia la convivencia en Euskadi y en España. Y todo por no haber llegado a comprender aún el papel que les corresponde a las víctimas, que no es el de administrar justicia, ni el de elaborar leyes, tampoco el de dictar sentencias, sino el de mantener la dignidad de las víctimas, que no son propiedad de nadie, y preservarlas del olvido, para que el crimen no quede sin castigo y la ideología criminal no pueda gozar de impunidad. Ni Consuelo Ordóñez, ni su asociación, ni otras asociaciones que piensan lo mismo y actúan igual juegan el papel que corresponde a las víctimas. Mal camino ha elegido el Ministerio del Interior en este caso.

Y, paradojas de la vida, las palabras de Consuelo Ordóñez en su rueda de prensa sitúan la rectitud moral en el ex-etarra, que pide perdón, y se la sustrae a las víctimas, de cuya voz se apropia, confirmándose una vez más la afirmación de Primo Levi, que advertía de la ausencia de valor moral en el comportamiento de las víctimas en muchos casos, aunque ello no les privase de su condición de tales. Justamente, éste es un ejemplo.

Quintos Centenarios

Juan Ponce de León fue un conquistador. En 1508 dirigió la ocupación de Puerto Rico y en 1513 arribó a La Florida, de la que es considerado descubridor. Juan Ponce de León nació en Santervás de Campos, de la provincia de Valladolid, en 1460 y murió en Cuba en 1521. Si algo hay que destacar en su biografía es el cargo de Gobernador de Puerto Rico, donde adquirió una importante fortuna. Y hay un hecho sobresaliente en su gobierno: la dominación de las rebeliones indígenas en la isla a la muerte del cacique y aliado de los castellanos, Agüeybaná. No queda memoria de la represión, salvo las imprecisas referencias de los cronistas, porque en la isla desaparecieron poco a poco todos los indígenas.

En el año 2011 se celebró en Santervás de Campos el Quinto Centenario de la Gobernación de Puerto Rico. Los protagonistas fueron el gobernador de aquel Estado, Luis Fortuño, y la Universidad de Valladolid, que aprovechó el nombre del río que adorna a la ciudad para celebrar actos académicos de conmemoración de las conquistas. Para el año 2013, el Ayuntamiento de Santervás, con la complicidad de la Diputación Provincial, prepara nuevas conmemoraciones centenarias sobre el presunto descubrimiento de La Florida.

Al escribir el Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte, Carlos Marx comenzaba recordando que Hegel solía decir que los grandes hechos y personajes de la historia se repiten dos veces, pero –añadía Marx- la primera vez como tragedia y la segunda como comedia. Estas conmemoraciones de Santervás de Campos son, efectivamente, la comedia repetida de los grandes eventos de 1992. Hace mucho tiempo que se apagó el rescoldo de aquel funesto Quinto Centenario, que, por otra parte, hubo de derivar, a causa de la presión popular e intelectual, desde una pretendida conmemoración imperialista a un sobrio “encuentro de los pueblos”. Aquella lucha ideológica la ganamos los seguidores de la solidaridad y de la coherencia racional. El final del siglo XX había dejado de ser el tiempo de los ufanos imperialismos, que ahora se presentaban ya edulcorados.

Si no lo era el final del siglo XX, mucho menos lo ha de ser el siglo XXI, cuando las víctimas de la historia van saliendo del olvido y ocupando un lugar en la conciencia de las personas. La comedia de Santervás repugna, por esto, mucho más al pensamiento racional. Al alcalde de Santervás y a sus vecinos y votantes les podemos perdonar que no hayan reparado en la trascendencia de los actos que organizan. Fueron capaces, incluso, da intentar nuclearizar la desertizada, pero libre y natural, Tierra de Campos, así que cualquier cosa se les puede ocurrir. Pero la Universidad de Valladolid y la Diputación Provincial o la Junta de Castilla y León no pueden pecar de inconscientes. ¡Cómo pueden estar ciegas ante la repercusión que los actos de conmemoración imperialista tienen en las poblaciones indígenas y mestizas de América Latina, que son casi la totalidad de aquellas poblaciones!

De nada sirve enviar al Rey, como ha hecho estos días el Gobierno para tratar de restaurar la quebrada diplomacia en América y evitar así el fracaso de la conmemoración de la Constitución de Cádiz, al tiempo que se auxilia al negocio de las empresas trasnacionales españolas, si los que pueden evitarlo consienten a unos comediantes difundir a bombo y platillo el recuerdo de la conquista de aquellas tierras, de la mortandad de sus poblaciones, de la repoblación con esclavos africanos, de la explotación inmisericorde que hacía exclamar al oidor de la Audiencia de Nueva España, Alonso de Zurita: “Halos consumido el hacerlos hacer gran suma de estancias de ovejas, vacas, puercos y cercas para ellos, fuera de su natural de su paso y modo de trabajar y de su ordinario, ocupándolos en ellos muchos días y aun semanas …”. Que los comediantes hagan su comedia, pero las instituciones, la Universidad, la Diputación, la Junta, que conserven, por favor, un ápice de lucidez.

(El autor de este escrito lo es también del libro Ambición y muerte en la conquista de América, Editorial Ámbito, Valladolid, 1992).

 

Tres desfiles en Valladolid

El día 2 de junio de 2012 Valladolid ha sido la capital del Memorial de España. Tres desfiles han recorrido sus calles y sus carreteras. El desfile oficial fue el del ejército. ¿Por qué ha venido el ejército español este año a desfilar en Valladolid? ¿Acaso temían que los neofranquistas silbasen al Rey o a Rajoy, como lo habían hecho en años anteriores con Zapatero? ¿O pensaban que este año haría eso mismo la izquierda? Da igual cuáles sean las razones, porque lo que importa es la permanencia de este desfile de primavera y su significado. El origen, no lo olvidemos, es el Desfile de la Victoria. Cuando la sociedad española fue desasiéndose de la tutela política militar, el nombre y el día del desfile comenzaron a cambiar. Algunas veces ha variado también el lugar de celebración, pero nada de ello ha logrado desvincular este desfile de su origen. Por si alguien tenía dudas del significado, el Alcalde de Valladolid, a través de una ofensa protocolaria en presencia del rey, lo que le ha convertido una vez más en protagonista en la prensa nacional, se ha cuidado de recordarlo con ese lenguaje neofascista que privatiza la bandera común mientras mete el dedo en el ojo de los nacionalismos periféricos. Y aquí está el problema, porque es cierto que el ejército español se ha democratizado mucho, pero sigue teniendo un déficit, ya que, como otras instituciones del Estado, no ha reconocido públicamente la responsabilidad enorme que le corresponde por la Guerra Civil y por la Dictadura que ayudó a sostener. Por esto es por lo que este desfile tiene que terminar.

El segundo ha sido un contradesfile de la izquierda, que ha tomado la forma de una manifestación festiva y desenfadada. ¿Cómo se ha justificado esta protesta? Digamos que ha habido un argumento y un signo. El argumento, muy populista, se basa en el gasto que genera el desfile, injustificable en todo caso en este momento de recortes generalizados. El signo ha sido el elefante; es decir, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, se ha hecho un desfile republicano contra el Rey, que presidía el homenaje al ejército en su primera salida pública después de que los elefantes de Bostwana le quebraran la cadera.

Encuentro dos carencias esenciales en esta marcha de la izquierda. Primero, no ha sabido descubrir el significado de este memorial del ejército, que no es otro que la victoria, como hemos dicho; y, segundo, no ha sabido aprovechar el acontecimiento para hacer pedagogía de la paz. Y, si no ha visto esto, es porque la izquierda está mirando hacia otra parte. Ya he advertido en alguna ocasión del enorme error estratégico de poner la bandera tricolor como objetivo de la lucha. Se trata del segundo gran error de Anguita, que antes había logrado quebrar la unidad de la izquierda mediante el llamamiento a la hegemonía de su partido, y, después, ha desorientado definitivamente a la izquierda hegemónica mediante el objetivo de la Tercera República.

El tercer acto memorial ha pasado desapercibido para la mayoría de la población. Se trata del Homenaje de Torozos, que se celebra cada año a primeros de junio desde hace seis. Torozos es una gran tumba con muchas fosas aún no localizadas de republicanos. Siempre me decía mi padre que en Torozos habían matado a mucha gente durante la Guerra y, efectivamente, los Montes Torozos eran el destino principal de la camioneta de la muerte que recorría los pueblos de Campos y del Páramo de las provincias de Valladolid, de Palencia, de León y de Zamora todas las noches del verano y del otoño y del invierno de 1936. Torozos es un símbolo principal del crimen contra la humanidad que cometió el franquismo. Por eso, la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Valladolid convoca allí cada año a rememorar a las víctimas.

Este acto sí que fue un contradesfile. Lo fue con toda la humildad y con todo el silencio que acompaña de ordinario a las cosas más verdaderas, las cosas esenciales. No ocupará las páginas de la prensa, no lo veréis en la televisión. No lo protegerán las fuerzas de orden público. No abrirá accesos para llegar hasta allí la Delegación del Gobierno y tendremos que saltar con los coches, literalmente, en medio de las obras de acceso a la autovía. No habrá ruido, pero el silencio de las víctimas olvidadas es ya un trueno que socaba las conciencias y anuncia el fin de los desfiles, el fin de la impunidad y la aurora de la reparación de un crimen contra la humanidad que en Torozos tuvo lugar.