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Errejón, Con Todo

Este libro de Errejón (Con Todo. De los años veloces al futuro) cuenta la historia de Podemos y de Más Madrid de forma autobiográfica. Son las memorias de Íñigo Errejón desde su adolescencia hasta mayo de 2021. En eso, el libro no engaña, es una narración siempre en primera persona, a veces en primera persona del plural por referencia al grupo, a la cuadrilla de seguidores.

Realmente la historia de Podemos ya la había escrito Errejón en la revista Jacovín. América Latina, donde el 10 de noviembre de 2020 publicó un amplio artículo con el título de Lo que pudimos. Lo que podremos. En lo que se refiere al análisis del fenómeno Podemos, encuentro, incluso, más rigor en ese artículo, aunque el libro contiene muchas anécdotas y otros elementos que dan un mayor significado a la narración. He de decir de entrada que el libro tiene mucho interés y, creo, un valor objetivo en tanto que documento. Hagamos un resumen.

El capítulo primero, No dejar de correr, narra su biografía hasta la creación de Podemos. Politizado desde la cuna, como buen hijo de unos militantes del PTE, se encaminó pronto hacia el movimiento libertario, pero en la Universidad descubrió el valor de la organización y de las instituciones, “el mayor patrimonio de los humildes”, dice. También reunió un grupo de amigos, con los que hará un largo recorrido desde el 15M hasta Podemos.

Insiste mucho en esta parte en que Podemos nació “por accidente”, al negarse IU a formar parte de la candidatura para las elecciones europeas de 2014. No oculta su animadversión hacia Izquierda Unida en contraste con la simpatía que manifestaba siempre Pablo iglesias. En realidad, parece estar anunciando lo que habría de venir.

Además del 15M y su exhibición de indignación social transversal, afirma que le influyó la experiencia electoral en Bolivia, en cuyas campañas participó como asesor. Ahí cifra su opción por un movimiento nacional-popular, eso que teorizó en los primeros documentos de Podemos y que a mí me producía aquel molesto hormiguillo, del que dejé constancia en el blog.

Abro aquí un paréntesis para decir que el libro, además del relato autobiográfico, contiene seis excursos, donde teoriza la experiencia política narrada. Dos de ellos, los más intensos y complicados, están en este primer capítulo: “Política (y democracia)” y “Hegemonía y pueblo”.

El capítulo segundo, El doble de intensidad en la mitad de tiempo, narra el crecimiento meteórico de Podemos entre las elecciones europeas de 2014 y las generales de diciembre de 2015. Comienza a haber discrepancias internas, que se van resolviendo sin romper el modelo nacional-populista, perfilado en la Asamblea de Vistalegre, que entrega todo el poder al jefe. En esa fase, Podemos tiene obsesión con la marca, cuya presencia exigirá en todos los procesos electorales de ese año. En diciembre, quedó a muy pocos votos para alcanzar al PSOE, un éxito sin discusión.

El éxito, sin embargo, no puede ocultar dos contrariedades que habían tenido lugar en el camino con motivo de las elecciones municipales y de algunas autonómicas. Renunciaron a participar en las municipales, aunque la marca enmascarada sí se presentó en algunos lugares. Ocurrió, sin embargo, que también se formaron candidaturas municipalistas, “que no dan miedo”, sin sopa de letras, surgidas como “plataformas ciudadanas nuevas”. Y son esas las que triunfaron. Era un aviso, que entonces apenas se avistaba. De hecho la prensa y la opinión pública siguió identificando esas plataformas con Podemos durante mucho tiempo. Más evidente fue el aviso con las candidaturas autonómicas: “No hemos conseguido los objetivos cuando íbamos con la marca Podemos y, sin embargo, donde nuestra marca no estaba y se ha abierto la cosa, hemos pasado al PSOE”-155-.

Errejón reconoce dos aprendizajes fundamentales en esos periodos electorales: el primero que, como dicen las encuestas, Podemos da miedo a 7 de cada 10 españoles y así no se puede gobernar; el segundo es la idea de plurinacionalidad y dejar que las confluencias tomen “las decisiones en su tierra”-161-.

El capítulo tercero, En el castillo (se respira distinto), narra el bloqueo a la formación de gobierno y la repetición electoral en junio de 2016, donde ya se manifiesta la diferencia radical de estrategia entre el grupo de Pablo y el grupo de Errejón, lo que se dilucidará en Vistalegre II, en cuya asamblea Íñigo pierde todos sus poderes, aunque sigue participando en el partido.

Refiere dos hechos, convertidos muy pronto en símbolos: la referencia a los GAL y la cal viva, durante la sesión de investidura el 3 de marzo, que representa a “los duros” de Podemos frente a los “pactistas”; y el irrefrenable llanto de Pablo Iglesias al abrazarse con Anguita en junio de 2016 durante la campaña electoral, que refleja mejor que cualquier argumentación qué se entendía por unidad de la izquierda, a lo que los de Pablo denominan bloque histórico y Errejón considera que está en las antípodas de ese concepto gramsciano. En las elecciones, ese abrazo dio como resultado un millón de votos menos que seis meses antes.

La ruptura, sin embargo, se producirá a causa de Madrid en 2019. La dirección de Podemos encargó a Errejón encabezar la candidatura a la Comunidad de Madrid, un aparente retiro dorado, pero le puso todos los obstáculos posibles para organizar su candidatura, a pesar de que su lista arrasó en las primarias. Aguanta un tiempo la presión, pero cuando la dirección de Podemos expulsa a Rita Maestre y a los concejales de Ahora Madrid, Íñigo decide también marcharse: “Hasta luego, Maricarmen”, como dijo Rita en un tuit.

El capítulo cuarto, Volver a respirar, cuenta la creación de Más Madrid. La iniciativa es de Errejón, en el contexto que acabamos de reflejar, y la construye en el máximo secreto. Se la cuenta a Manuela y sale adelante. Manuela sigue pensando que Podemos entrará al fin en la plataforma, pero no será así. Es más, el día de reflexión Pablo Iglesias pedirá el voto para la candidatura que IU presentaba al Ayuntamiento, que no logrará rebasar la barrera del 5 por 100. Más Madrid sale muy bien parada en la Comunidad, aunque no logra cortar el paso a la derecha, además de perderse el Ayuntamiento.

En abril había habido elecciones generales, pero de nuevo se produce el bloqueo y no se forma gobierno. Ahí nacerá Más Pais, una decisión muy polémica, aunque colegiada. Después de una difícil campaña, sobre la que irrumpe la sentencia del procés, los resultados para Errejón son muy malos, alejadísimos de las previsiones iniciales. Es un fracaso evidente y así lo reconoce el principal responsable, aunque termina el relato con un rasgo de optimismo: “Pero hemos entrado”. Observándolo dos años después, he de reconocer que no le falta razón para ese optimismo, pues el Congreso le ha dado la oportunidad de visibilizarse y mantener su posición política y, quizá, de crecer.

El capítulo quinto y último, Un final que es un principio, cuenta las elecciones del Madrid de Ayuso, donde se muestra la fortaleza de Más Madrid, que se convierte en el principal partido de la oposición, sobrepasando al PSOE. Y eso, a pesar de la presencia de Pablo Iglesias en la cabecera de la lista de Podemos. Es la consolidación de una fuerza política verde y autónoma. Su eslogan electoral, “por lo que de verdad importa”, recoge lo aprendido en el proceso político de “los años veloces” con el añadido de la covid, un aprendizaje que recoge la cultura básica del feminismo y del ecologismo: la necesidad de los cuidados para proteger la fragilidad de las personas y la fragilidad de la naturaleza.

Si a lo relatado en el libro unimos las alianzas de Más País con Verdes-EQUO y con Compromís; si unimos la “Declaración de Zaragoza” del 28 de octubre, que suma a la Chunta Aragonesista a esas alianzas; y si efectivamente hay organización “tanto en Cataluña como en Andalucía y en Murcia”, parece probable que en verdad esté configurándose una nueva fuerza política. ¿Estará dispuesta esta fuerza a escuchar el canto de sirena de la unidad de la izquierda? Viendo lo que dice el libro, hay un abismo estratégico entre esas dos opciones, además del desencuentro afectivo, que puede tanto o más que la estrategia. Se me antoja que Yolanda Díaz va a tener difícil este caladero.

Marcelino Flórez

Intranquiladad en VTLP

En todas las reuniones de TLP a las que asisto desde hace unos meses, se advierte mucha intranquilidad por el futuro incierto que se avecina. La preocupación para algunos no es cosa de un día. Para probarlo, transcribo dos escritos sobre estas preocupaciones de hace ya tiempo: el primero, «Sobre la confluencia» es del 27/12/2017, y el segundo, «TLP en adelante» es el 2/12/2019, a los que añado una reflexión actual, «Los problemas de TLP».

  1. Sobre la confluencia (27/12/2017)

Reflexiones a propósito de la propuesta que hace VTLP :

1. La confluencia de organizaciones y personas en una asamblea ciudadana me parece excelente. VTLP ha funcionado aceptablemente bien, sobre todo en los dos primeros años de existencia. Sin embargo, ha estado menos activa y ha sido menos eficaz después del primer año de gobierno municipal. Es muy probable que eso se relacione con la imprecisa personalidad y débil autonomía que finalmente ha tenido VTLP, acentuado por el hecho de que la única imagen pública ha sido la imagen aportada por las personas con alguna responsabilidad municipal.

2. La fórmula que se ha utilizado para organizar la confluencia, una coalición de partidos, finalmente ha sido ineficaz, porque ha debilitado, casi hasta anular, la imagen autónoma de VTLP. El factor municipalista, tan importante para esta asamblea, no ha logrado mostrar su impronta de confluencia ciudadana. La coalición electoral es una fórmula contraria a los valores de la asamblea ciudadana, a pesar del respeto que ha existido por parte de los partidos coaligados.

3. Yo apuesto por reproducir la confluencia, pero dando un paso más y garantizando la plena autonomía de VTLP. Esto significa que habrá que fortalecer los aspectos organizativos, dotándolos de un grupo ejecutivo incluso. Tendrá que haber una sede específica y una personalidad claramente distinta de los partidos ahora coaligados o los que se sumen en el futuro.

4. La nueva confluencia debería adquirir la forma de partido político autónomo. Para pertenecer a él, siendo afiliada de otros partidos, bastará con que esos otros partidos se abstengan de participar en las elecciones municipales. Podrá reservarse un puesto entre los primeros de la lista (en el orden que resulte de una votación específica) para una persona propuesta por cada uno de los partidos participantes que así lo deseen, siendo todos los demás puestos elegidos por la asamblea entre personas que cuenten con el número de avales que se determine.

Habría que dirigirse expresamente a ‘Podemos’ para invitarle a participar en la asamblea y en la confluencia; y hacer la misma oferta en términos generales para cualquier otra formación que lo desee.

5. El programa y la candidatura se confeccionarían desde la asamblea ciudadana, a través de grupos de trabajo y de encargos específicos a personas particulares.

2. TLP en adelante (2/12/2019)

Independientemente de los avatares políticos que nos rodean y de los que hayan de venir, la Asamblea de TLP debería tomar la decisión de permanecer conforme a los principios en los que fue constituida y que son los mismos que le han guiado en su discurrir; y, al mismo tiempo, sería conveniente hacer una reflexión para perfeccionar su propia identidad.

La voluntad de permanencia implica, en primer lugar, la decisión de acoger en su seno a toda organización política o social que lo desee. La única condición sería no competir electoralmente en la provincia de Valladolid. También habrá que cumplir con los estatutos, evidentemente, pero existiendo siempre la buena disposición para poder reformarlos. Tomar esta decisión significa que TLP no necesitaría hacer coaliciones con ningún partido, sino que aquellos partidos que buscasen la coalición serían invitados a formar parte de TLP.

El proceso identitario de TLP no resta nada a la autonomía de las organizaciones integradas, sean políticas o sociales, pero sí delimitan claramente los espacios: TLP actúa exclusivamente en el municipalismo y su espacio es la provincia. Esto sin perjuicio de que pueda establecer las alianzas que considere con otros movimientos municipalistas o con otras fuerzas políticas.

Para reforzar la identidad de TLP hay que pensar lo primero en la oportunidad o no de convertirse en un partido político autónomo de ámbito provincial, que sustituya a la actual coalición de IU y EQUO. Debería quedar claro que no se pretende competir con los partidos de ámbito regional o estatal, sino que únicamente se opta por actuar en los Ayuntamientos de la provincia de Valladolid. Las redes que pudieran establecerse con otros movimientos municipalistas en ningún caso buscarán la creación de una nueva fuerza política que actúe más allá del municipalismo.

El movimiento transformado en partido autónomo debería conservar la estructura vigente: una asamblea con plenos poderes, guiada por la búsqueda del consenso mediante el diálogo; grupos de trabajo, emanados de la asamblea; y una coordinación, abierta como lo es ahora, pero dotada de mayor eficacia ejecutiva.

Además de finanzas propias, sería imprescindible la disposición de locales estables y de gestión autónoma. Una forma posible para disponer de espacios sería dotarlos de diversas funciones, a la manera de los batxoki del nacionalismo vasco. La disposición de un bar, abierto a la ciudadanía, podía ser una forma de autogestión de esos espacios; y para su creación se podrían organizar cooperativas de personas asociadas a TLP. Esos espacios deberían convertirse en centros de irradiación de cultura, especialmente de cultura política, en los barrios urbanos y en los pueblos.

3. Los problemas de TLP

Probablemente, la mayor preocupación de las personas inscritas en TLP sea en estos momentos la incertidumbre acerca del futuro de esta asamblea municipalista. Así lo pudimos comprobar en la reunión del mes de julio o en la coordinación del 6 de septiembre de 2021, después de la dimisión de Virginia Hernández como diputada provincial.

Las personas que participaron en esas reuniones expresaron la preocupación recitando lo que no son sino debilidades de TLP: sentirse solos los concejales, no dar respuesta pronta a los conflictos, falta de referencias públicas de las personas responsables y cosas semejantes.

En mi opinión, algunas de esas deficiencias proceden de la organización que nos hemos dado, una organización muy imprecisa y, de hecho, ineficaz. Existe una asamblea, pero no es ella quien elige su gobierno, sino que éste se forma por libre adhesión de las personas. Ese gobierno, que se conoce como coordinación, carece de figuras responsables de cualquier tipo. No existe una presidencia o una secretaría. Por supuesto, no existe una tesorería. No hay cargos. Formalmente, hay dos personas portavoces, pero se desconoce su status y sus competencias. Existen unos grupos de trabajo, que en la práctica no funcionan, salvo el de comunicación, pero no existe coordinación entre ellos ni una figura encargada de la misma.

Este déficit organizativo se ha venido resolviendo por distintas vías: asumiendo las personas concejales la dirección de TLP; derivando a las personas contratadas la confección de actas, la convocatoria de reuniones y otras tareas; dependiendo subsidiariamente de uno de los partidos coaligados en todas las necesidades infraestructurales; o, sencillamente, dejando que el paso del tiempo fuese resolviendo los problemas.

La consecuencia más importante de este déficit organizativo es la falta de identidad de TLP. Tenemos que reconocer que los principales responsables de esta falta de identidad somos nosotros mismos. Posiblemente, una buena parte de nosotros hayamos estado tan a gusto en esa situación. De hecho, en la encuesta que VTLP realizó a finales de 2019 sólo una persona, que era yo mismo, manifestó preocupación por la falta de identidad y así lo refrendó uno de los responsables en reunión de coordinación, con lo que no hubo ni que discutir las sugerencias que se hacían.

Por fin, en los próximos días se convocarán asambleas para tratar específicamente del futuro de TLP. La hora de tomar decisiones ha llegado. Ya no vale el argumento de que era uno solo el preocupado por estas cosas.

Marcelino Flórez

¿Qué va a ser del municipalismo?

En el año 2015 se extendió por toda España un movimiento municipalista. Bien es verdad que fue un movimiento diverso y poco coordinado, aunque con algunos elementos comunes, como la participación directa en asambleas, la elección de representantes mediante sufragio abierto, la defensa de los bienes comunes o una vaga propuesta de democratización de los ayuntamientos. El movimiento pudo instalarse allí donde algunos partidos políticos renunciaron a presentarse a las elecciones municipales, cediendo su espacio a las asambleas locales. Aparte de algún pequeño partido, de asiento local o regional, sólo dos partidos políticos nacionales optaron por el municipalismo: EQUO e Izquierda Unida. El nuevo partido y muy pronto hegemónico en la izquierda, Podemos, renunció al municipalismo y optó por no presentarse o hacerlo a través de coaliciones o con siglas próximas del tipo “ganemos”, “sí se puede” o similares. Aunque en 2015 Podemos no pudo romper las alianzas municipalistas, que ya venían desarrollándose en algunos lugares, como Madrid y Barcelona, en 2019 sí logró imponer fórmulas de coalición, terminando de hecho con el movimiento municipalista en todas partes, con muy pocas excepciones.

Una de esas excepciones fue Valladolid, donde se había asentado una asamblea con la denominación de Valladolid Toma La Palabra (VTLP). La asamblea la forman personas, pero su impulso inicial corrió a cargo de los partidos participantes y de un amplio movimiento social, donde destacaba el asociacionismo vecinal. Tanto en 2015, como en 2019, esta asamblea compitió con Podemos en las elecciones, ganando con claridad en los dos momentos ( cuatro concejalías frente a tres en 2015; y tres frente a cero en 2019). Aparentemente, el municipalismo había quedado asentado en Valladolid, pero el contexto político nacional ha vuelto a ponerlo en duda de nuevo.

Al constituirse VTLP decidió inscribirse como una coalición de IU y EQUO con la denominación de Toma La Palabra (TLP). Se hizo así por razones técnicas, para facilitar el uso de las mismas siglas en toda la provincia y, de esa manera, poder acceder a la Diputación Provincial. Siempre estuvo claro, no obstante, y así se verbalizó permanentemente, que TLP se regía por las asambleas locales o provinciales, formadas por todas las personas inscritas en el movimiento, como, de hecho, ha venido funcionando. Hoy podemos afirmar que ha sido un error no haber modificado la fórmula de la coalición, dotando de plena personalidad jurídica al movimiento. El error se manifiesta de dos maneras: primero, impidiendo que se reconozca la autonomía del movimiento, de lo que no hay mejor prueba que la práctica de los medios de comunicación, que no reconocen a VTLP, sino a sus representantes municipales, en el mejor de los casos, o, lo que es más habitual, identifican el movimiento con uno de los partidos coaligados. La segunda manifestación del error es la decisión de una parte de uno de los partidos coaligados de no reconocer a la asamblea, sino de pretender relegar todo poder de decisión a los partidos coaligados, según ha manifestado a los medios de comunicación el representante oficial.

Otro elemento ha venido a enturbiar la estabilidad de TLP. Se trata de las cambiantes coaliciones políticas que existen en el Estado. En el momento actual, en el espacio político donde se mueve el municipalismo, se han formado dos coaliciones claramente diferenciadas y con la decisión de seguir caminos políticos diferentes, son Unidas Podemos, por una parte, y Más País-Verdes EQUO, por la otra. El representante provincial de una de esas coaliciones ha declarado a la prensa que ya no cederá el espacio representativo a TLP, sino que participará en las elecciones municipales con sus propias siglas. La conferencia política de una parte de la otra coalición ha decidido, por el contrario, que no presentará sus siglas allí donde haya un movimiento municipalista. Ocurra lo que ocurra, hay que tratar adecuadamente el asunto.

Las circunstancias políticas y otros factores venían poniendo de manifiesto, ya antes de 2019, la debilidad de la asamblea de VTLP, que cada vez reunía a menos gente en sus convocatorias. Sobre esa situación incidió la pandemia, acentuando la debilidad participativa al máximo. Pero la asamblea sigue siendo el único órgano de gobierno de VTLP y en su seno ha de jugarse la suerte del movimiento municipalista vallisoletano. Esperemos que la enfermedad permita que nos juntemos pronto y podamos hablar de todas estas cosas, decidiendo nuestro futuro, que yo sigo viendo lleno de esperanza.

Marcelino Flórez

23-F, entre la realidad y la conjetura

No hay tarea más importante para un historiador que saber diferenciar entre las opiniones y los hechos. Como dijo el célebre periodista y parlamentario británico, C.P. Scott, «los hechos son sagrados, la opinión es libre». Nada lo ilustra mejor que lo que se mueve en torno al 23-F, entonces y ahora.

Aquel día de 1981 hubo un golpe de Estado militar, detrás del cual se demostró en sede judicial que había tres tramas diferentes y débilmente hilvanadas, la que encabezaba Milans del Bosch, la que encarnaba Tejero y la que personificaba Armada, el auténtico coordinador del golpe. Tejero asaltó el Congreso al mando de un grupo de guardias civiles y secuestró a los procuradores durante 18 horas; Milans sacó los carros de combate a la calle y atemorizó a los valencianos con un bando de guerra, casi calcado del que hizo Mola en 1936; y Armada se ofreció para formar un gobierno provisional, lo que no gustó a Tejero y significó la primera quiebra del golpe. Antes ya había comenzado a fallar, cuando, uno tras otro, los generales fueron comprobando que el rey no encabezaba el «golpe de timón», como les había asegurado Armada. Milans obedeció finalmente y retiró los carros de combate de las calles valencianas, la Acorazada no salió a la calle en Madrid y todos los generales se fueron a dormir o terminaron en las salas de banderas, dependiendo de su grado de implicación en el asunto. Estos son los hechos básicos y nada que pueda conocerse en el futuro podrá alterarlos sustancialmente.

La explicación del golpe tampoco se ve rodeada de mucha diatriba historiográfica. El mayor peso explicativo está en la permanencia del ejército franquista, que apenas había sufrido cambios desde la muerte del dictador. Por eso, el «ruido de sables» era una constante en todos aquellos años, aumentando ese ruido en circunstancias concretas, como pudo ser la legalización del PCE o la virulencia del terrorismo, especialmente del terrorismo etarra por su relación con el nacionalismo periférico, otro de los diablos para los militares franquistas. Este factor militar, junto a la inestabilidad del gobierno de UCD, que terminó con la dimisión de Suárez y, muy pronto, con la propia desintegración del partido, explica perfectamente lo que ocurrió el 23 de febrero de 1981, pudiéndose documentar cada uno de los pasos seguidos. Por cierto, esas mismas características del ejército, que hicieron viable un golpe de Estado, explican su fracaso, al aceptar disciplinadamente los generales con mando en tropa las órdenes de su comandante supremo, el rey de España. Cuando éste ordenó devolver las tropas a los cuarteles, así se hizo sin rechistar. El golpe había fracasado.

Ocurre, sin embargo, que, como resultado objetivo del fracaso del golpe de Estado, mejoró la imagen social del rey Juan Carlos, que hasta ese momento no había podido desembarazarse de la pesada carga de su nombramiento inicial por parte de Franco. Esto no constituyó ningún problema durante mucho tiempo para la sociedad española. Es más, esa imagen positiva del rey, en lugar de entorpecer, probablemente contribuyó a la estabilidad política que recorrió los siguientes veinticinco años, entre 1982 y 2007, con el bipartidismo turnándose en el poder.

La estabilidad política comenzó a turbarse con la llegada de la crisis financiera a España desde el año 2008. Será entonces cuando comience a hablarse despectivamente del «régimen del 78» y cuando aparezca en escena el republicanismo, insignificante hasta aquel momento. El nuevo giro político dio paso también al desarrollo de las conjeturas sobre el 23-F, particularmente sobre la tarea desempeñada por el rey en la organización del golpe de Estado. Estas conjeturas tenían sólidos fundamentos, pues todos los condenados por el golpe de Estado argumentaron en su defensa que creían obedecer a los deseos del rey, como así les había asegurado Armada. Además, éste había sido el instructor del príncipe, continuaba teniendo mucho ascendiente y relación con el rey y, sin duda, le había hablado más de una vez de la oportunidad de crear un gobierno técnico, presidido por él mismo y con la participación de todas las fuerzas políticas del Parlamento. De esto había hablado Armada a todo el mundo, incluyendo a los socialistas, en una reunión bien documentada, que se celebró en Lérida. Por cierto, lo que no conocemos es el informe que Mújica elevó a Felipe González de aquella reunión, cuya «desclasificación» seguramente arrojaría más luces que cualquier otro papel oficial. Era, por otra parte, de todos conocida la animadversión a la que había llegado el rey con respecto a Suárez. A pesar de que los hechos son tozudos, no fue difícil dar verosimilitud a la conjetura, más aún cuando el reino de las posverdad se instaló en el mundo y cuando determinadas circunstancias crearon un clima propicio para la expansión de posverdades, o sea, de bulos.

Dos elementos hay que añadir para entender la expansión y el triunfo de la conjetura en un amplio espacio de la sociedad. El primero, la adopción del republicanismo por parte de Izquierda Unida. El segundo y mucho más importante, la falta de ejemplaridad de la vida del rey, especialmente después de los sucesos de Bostwana.

No existe una fecha exacta en la que se instituyese el uso de la bandera republicana el seno de Izquierda Unida, aunque esa bandera fue haciéndose, poco a poco, numerosa en las manifestaciones celebradas en torno a la crisis económica desde 2008. Sí conocemos, en cambio, la fecha en la que Anguita elevó una propuesta sobre republicanismo al Comité Federal del PCE, fue en abril de 2008 y lo recogía el diario El País el día 22 de ese mes. Anguita proponía entonces al PCE que debía refundarse Izquierda Unida, cuya presencia en Las Cortes había quedado reducida a dos parlamentarios, uno de ellos del partido hermano en Cataluña. La refundación, según la propuesta de Anguita, debía contener dos notas esenciales, el federalismo y el republicanismo. Ese mes de abril comenzó la búsqueda de la Tercera República y en ese contexto comenzó a hablarse de los «puntos oscuros» que rodeaban al 23-F, el más oscuro de los cuales era la postura del rey ante el golpe. Ahora esa bandera se ha convertido también en un objetivo prioritario para Unidas Podemos. Dejo a un lado el análisis acerca de la utilidad y la eficacia de esa estrategia política aquí y ahora, pero no me privaré de enunciar lo que estos días de febrero de 2021 hemos podido comprobar en la prensa, la tozudez de la conjetura y la banalidad de los hechos, cuando se trata de defender una postura política.

El otro elemento explicativo del triunfo de la conjetura es la difusión de la vida desordenada del rey Juan Carlos. El 13 de abril de 2012 el rey se cayó y se rompió una cadera, después de abatir a un elefante en Boswana. Esa caída y ese elefante dejaron ver a Corina, su amante, y dejaron ver la distancia con la reina Sofía. De nada sirvió el «me he equivocado, no volverá a ocurrir»; apareció el caso Nóos, con la familia real de protagonista; comenzaron a conocerse las comisiones cobradas, las cuentas ocultas, los impuestos no pagados. En fin, el 2 de junio de 2014 el rey tuvo que abdicar. Ante esta realidad, cualquier sospecha sobre su comportamiento durante el 23-F se hizo verosímil.

En este contexto y con el procès sin resolver, tuvo lugar la celebración del cuadragésimo aniversario del 23-F. El objetivo del gobierno era rememorar aquel acontecimiento para dulcificar en lo posible el deterioro de la imagen de la monarquía. Bien se lo podían haber ahorrado, pues en estos manejos suele ser peor el remedio que la enfermedad, como así terminará siendo. Otros caminos son lo que debieran emprenderse, pero eso no obsta para que denunciemos con la misma energía la utilización del 23-F por parte de los creyentes en conspiraciones, guiados por conjeturas.

Marcelino Flórez

El debate sobre la «Ley Trans»

Estamos ante un debate acalorado y eso significa que alguna razón ha de haber. Estos días he podido leer opiniones de juristas con muy poco fundamento, que reducen el debate a un asunto de respeto o de falta de respeto a las «personas trans»; y, por el contrario, he leído opiniones de personas no juristas que plantean asuntos esenciales, como si la autodeterminación de género «es acorde a derecho» o si el lenguaje que utiliza el proyecto de ley es preciso.

Del lenguaje es de lo que quiero ocuparme yo, porque me parece que es una de las principales debilidades del proyecto de ley, comenzando por el título: «Ley para la igualdad real y efectiva de las personas trans». ¿Qué significa trans? En principio, no es más que un prefijo de origen latino que significa al otro lado o más allá. En el activismo relacionado con los derechos humanos se comenzó a usar el término «trans» para incluir una diversidad de palabras referidas a manifestaciones sexuales de grupos minoritarios, como son transexual, transgénero, travesti, identidades no binarias y otras. Hay quien dice que se optó por esa expresión para evitar la mala imagen que padecen los conceptos asociados. En cualquier caso, mucha tarea encomienda esta ley a jueces y fiscales desde el mismo título.

Lo primero que advertimos al leer el proyecto de ley, dejando a un lado la imprecisión conceptual que recorre todo el texto, es la confusión entre sexo y género, llegando a identificar lo uno y lo otro: «identidad de género o sexual», escriben. Pero no es lo mismo género y sexo. El sexo es la etiqueta que se nos asigna al nacer, atendiendo a algunos elementos fisiológicos, como los genitales, la combinación de los cromosomas X e Y, o determinadas hormonas. A la mayor parte de la población se le asigna sexo de hombre o de mujer, aunque hay una pequeña minoría en la que aparecen elementos fisiológicos de los dos sexos y se denomina intersexual. Con lo que tendríamos tres categorías, atendiendo al sexo asignado al nacer.

El género, en cambio, se refiere a las conductas y otras características que la sociedad atribuye a cada uno de los sexos, diferenciándose entre lo masculino y lo femenino. Esta asignación es también muy temprana. Todavía hay gente que sigue vistiendo a los recién nacidos de azul, si son niños, o de rosa, si son niñas. Y es mucho más habitual que a las niñas se les asignen tareas de cuidados en casa o se les induzca a jugar con muñecas y no con balones o a que estudien letras y no ciencias. Estás hecho un machote o eres una nenaza son expresiones que dibujan muy bien lo que llamamos género. Éste es un fenómeno cultural, construido y cambiante. Cuando una persona acepta o asume la identificación entre el sexo asignado y las conductas que la sociedad demanda, se denomina persona cisgénero, o sea, que está a este lado, en su sitio. Pero si una persona rechaza identificar su sexo con la conducta normativa vigente, se le denomina transgénero, es decir, que está al otro lado, en el sitio no previsto. Debe observarse que esta denominación de transgénero se aplica con toda exactitud a personas intersexuales, que no se reconocen en el sexo asignado y deciden cambiar su asignación, pero está llena de ambigüedad. Por ejemplo, yo reclamo esa adscripción, pues llevo muchos años cuestionándome mi masculinidad y he aprendido a cocinar, a fregar, a hacer la cama, a lavar, a cuidar a enfermos y ancianos, en fin, he aprendido muchas tareas asignadas a mi mujer, por las que he sido acreedor algunas veces del calificativo de nenaza.

Todas las personas, sean hombres, mujeres o intersexuales, y se sitúen a este lado o en la otra orilla, todas tienen una orientación sexual, lo que significa que sienten atracción hacia otras personas. Cuando la atracción es entre distintos sexos, hablamos de heterosexualidad; si es entre miembros del mismo sexo, hablamos de homosexualidad. Hay también personas que son bisexuales, o sea, que sienten atracción indistintamente hacia cualquier sexo. Y existe un pequeño número de personas que no sienten ninguna atracción, son asexuales. Siempre que se sale uno de la norma dominante, la sociedad lo recrimina, y las tendencias sexuales minoritarias o diversas han sido marginadas y maltratadas históricamente. La lucha contra esas discriminaciones dio lugar al activismo conocido como LGTBI+, gracias al cual se han alcanzado grandes avances en el respeto a la dignidad de estas minorías. En los razonamientos justificadores de la ley que comentamos se hace muchas veces referencia a este colectivo, como cuando se cita la Estrategia por la Igualdad LGTBIQ 2020-2025 de la Comisión Europea; pero siempre que se recurre a la jurisprudencia del Tribunal Supremo aparece el término transexualidad y no transgénero, mucho menos el de trans, todo lo cual crea mucha intranquilidad conceptual.

Hay otro concepto en el proyecto de ley que merece también una reflexión. Es el de «expresión de género», que aparece en el artículo 4.4 y se refiere a las manifestaciones externas de la identidad de género. Aquí caben muy bien transexuales o transgénero, cuando deciden cambiar la forma de vestir o de maquillarse, pero también encontrarían un sitio travestis, Drag Queen o Drag King. Y ese concepto no debe ser una cosa menor, porque en el apartado III del Preámbulo aparece la expresión «adecuación de ademanes de género» junto a «transformaciones corporales, tratamientos hormonales, test médicos» y otros elementos, todos los cuales «victimizan a las personas trans».

Este totum revolutum conceptual que comentamos aparece en la «Ley Trans», por lo general mal descrito y con el peligro de generar confusiones. Por eso y siendo benévolos, lo primero que hay que decir de este proyecto de ley es que está muy verde y necesitado de un repaso. Y el problema es mayor por la identificación que hace de sexo y género, con el agravante de dar prioridad al género, o sea, a un elemento subjetivo y cambiante, llegando a desdibujar hasta ocultar el sexo. Los defensores del patriarcado deben estar encantados y no me extraña que las feministas estén enfadadas. No debe de ser así, pero da la impresión de que las redactoras se han guiado en exceso por la teoría queer. ¿Se ajustará todo ello a derecho?

Y esto es lo importante de la ley, porque las demandas reales de las «personas trans», aparte de reclamar la dignidad de trato, que les corresponde como a cualquier otra persona y que ya está recogido en las leyes, se limitan a dos: poner tres casillas en el carnet de identidad, añadiendo una tercera a la de hombre y mujer, y facilitar trámites administrativos. Cosas bien fáciles de conseguir. Lo demás del proyecto de ley, como la adecuación de cárceles, colegios u otras dependencias, se resuelve con leves tareas de albañilería, sin necesidad de normativizar. Lo que digo, está muy verde.

Marcelino Flórez