Durmiendo al borde del abismo

CARTEL WEB-01Formando parte del desarrollo del proyecto sobre Límites del Crecimiento, concedido por la Oficina de Cooperación de la Universidad de Valladolid, Entrepueblos ha programado el curso “Durmiendo al borde del abismo”. Es un curso dirigido al alumnado universitario y a la población interesada en saber más acerca de la catástrofe ecológica en la que estamos embarcados. Hemos tenido la suerte de poder contar con las personas más expertas en esta cuestión, que generosamente han aceptado nuestra invitación: Carlos Taibo, Jorge Riechamann, Marta Pascual y José Manuel Naredo. El curso incluirá también un taller concienciador, que dirigirán las Mujeres de Matagalpa; y una actuación teatral de La Huella, Teatro Crítico.

En el momento de escribir estas notas se han desarrollado las cuatro conferencias, que han sido muy bien acogidas por el público. En todos los casos se han quedado pequeños los salones de actos que nos asignó la Universidad, cosa insólita en los tiempos que corren. Además de la alegría que supone ver la afluencia de mucho público y con dominio pleno de público joven, este hecho aporta una esperanza cierta para el futuro. La conciencia de la catástrofe ecológica va instalándose en la población y la lucha contra el desastre gana adeptos.

Carlos Taibo habló sobre el decrecimiento, única opción viable ya en el corto plazo, e hizo una aportación que quiero destacar: la consecución de este objetivo requiere la cooperación y federación de las múltiples experiencias alternativas que vienen ensayándose, como son las cooperativas integrales, los mercados sociales y las diversas experiencias de economía solidaria y de banca ética cooperativa.

Jorge Riechmann habló sobre El final de las energías fósiles. Destacó, sobre todo, la rapidez con la que estamos destruyendo la naturaleza, en contraste con la lentitud con la que avanzan las respuestas a ese destrozo. Fue detallando algunos ámbitos de la catástrofe y destacó como principal enemigo a la “tecnolatría”, esa esperanza vana en que la ciencia o el superhombre serán capaces de superar los límites naturales. ¡Qué bien cuadra esta “tecnolatría” con el neoliberalismo! Jorge Riechamann propuso una estrategia dual para la lucha: aliviar el choque que se nos avecina, por una parte, con el desarrollo de políticas “conservadoras” (de la naturaleza); y construir más salvavidas, por otra, promoviendo iniciativas de reconstrucción comunitaria por doquier: recuperar y potencias los cuidados domésticos, hacer vecindad, reaprender la subsistencia local, construir cooperación.

Marta Pascual, una profesora de Ecologistas en Acción, habló de Educación alternativa y buen vivir. La escuela, nos decía, no habla de lo que pasa (precariedad laboral, soledad de los ancianos, colapso ecológico), sino que trasmite una fe ilimitada en el crecimiento. Por eso, nos proponía “cambiar de gafas para mirar al mundo”, de manera que, construyendo un currículo abierto, logremos aprender lo necesario para vivir: el cuidado de las vidas, responsabilizarnos del territorio, la construcción de vida comunitaria, recuperar los saberes sostenibles o politizar la actividad humana.

José Manuel Naredo comenzó haciendo una matización del título de su charla, que pasó a denominar “Vivir mejor sin la mitología del crecimiento económico”. Introdujo dos palabras: mitología, que no precisa aclaración, y económico, para no confundir con el crecimiento de otras cosas. Eso le sirvió para asentar la primera tesis: el crecimiento es una ideología, que tiene un origen. Ese origen es la modernidad, cuando aparece el concepto de economía para referirse a los mecanismos de la producción, del trabajo, del capital o del dinero, y no como anteriormente, que se refería solo a los asuntos de la propia casa. Criticó la abstracción que supone el concepto de producción mediante el trabajo, que prescinde de otros elementos, como la adquisición (los “productos” naturales, en general, no se producen, sino que se adquieren. Así ocurre con el agua o el aire, pero también con el petróleo y, quizá, con el suelo, la vegetación y otras cosas) y como la redistribución. Esta abstracción tiene su fundamento en la dualidad interpretativa que hace la modernidad: hombre/naturaleza; razón/emoción; economía/ecología, etc.

Frente a esa ideología, que conduce al desastre, como explicaría después, propuso una alternativa: el enfoque ecointegrador o hablar de economía de sistemas frente a sistema económico como cosa aislada. Lo ejemplificó hablando de tres sistemas: el sistema biosfera, donde el sol, que activa la fotosíntesis, garantiza el ciclo de la vida sin necesidad de ningún recurso y sin generar residuos; el sistema industrial, que utiliza recursos infinitos y produce recursos infinitos, aniquilando progresivamente al Planeta; y el sistema industrial reconvertido, con base en las renovables y en una actuación de las instituciones y de cambio de posiciones ideológicas, que sirvan para controlar el mercado, desarrollar la filosofía del bien común, proteger a la naturaleza, cuidar a la especie humana, reducir el uso de recursos naturales y garantizar una democracia participativa.

El diálogo que siguió a la charla puso en evidencia que vamos despacio. Esperamos que eso sea, como popularizó el 15-M, porque queremos ir lejos.

Ninguna de las conferencias ha defraudado al numero público y nuestra tarea será ayudar a seguir transformando la conciencia en acción, desde lo local hasta lo global. Este curso aporta elementos y esperanza para ello.

Marcelino Flórez

 

No sé si se podrá

Clandestinamente, como viene siendo habitual, un autodenominado ‘Ganemos’ y un no sé qué ‘Podemos’ han constituido una candidatura o plataforma o agrupación o partido o ya veremos qué en Valladolid. Ha sido el 26 de febrero, clandestinamente, y se hace llamar ‘Sí se puede Valladolid’. Comenzaron diciendo que sería una agrupación electoral; ahora parecen pensar en un partido instrumental. ¡Qué difícil es para gente desconocida, escasa y clandestina recoger cinco mil firmas! A pesar de la clandestinidad y de que nadie sabe nada de quiénes son esos ‘Ganemos’ y esos ‘Podemos’ de Valladolid, el supongo que periodista, Pablo Rivas, publicaba en Diagonal Digital el día 27 de febrero un artículo (El mapa estatal del asalto municipalista), donde se hacía eco de la noticia que comento.

Dice el supongo que periodista, Pablo Rivas, que el ‘Ganemos’ de Valladolid fue uno de los primeros de la región y que apareció como “un proceso de confluencia” en junio de 2014. Pero Pablo Rivas desconoce u oculta lo que sigue: un puñado de gente que se decía perteneciente al 15-M contactó con Valladolid Toma la Palabra, un movimiento promovido por Equo y por Izquierda Unida que acababa de ofrecer un manifiesto de confluencia electoral a la ciudadanía vallisoletana y a los movimientos sociales en particular, y al que se adhirieron en pocos días trescientas personas. Esos referidos mensajeros del 15-M proponían confluir bajo la marca de ‘Ganemos’ para identificarse con iniciativas similares que se estaban iniciando en Barcelona, en Madrid y en otros lugares. Valladolid Toma la Palabra aceptó esa confluencia en el trascurso de su primera asamblea, celebrada el 22 de julio de 2014 con asistencia de un centenar de personas. Ese mismo día o al día siguiente se presentó ‘Ganemos’ en una plaza pública y asistió un buen número de los miembros de Valladolid Toma la Palabra. La confluencia parecía evidente, pero ocurrió algo que debe decirse muy alto y muchas veces: un grupo de no más de seis personas se erigió en portavoz y comisionado de la marca ‘Ganemos’, y no volvió a convocar ninguna reunión pública más, ni abierta ni cerrada. Yo mismo, que me apunté a través de internet, no he vuelto a tener comunicación ni noticia alguna. Tanto Equo, como IU, como Toma la Palabra, se han dirigido infinitas veces a los secuestradores de ‘Ganemos’ sin obtener respuesta.

Mientras tanto, Toma la Palabra continuó reuniéndose en asambleas públicas y en grupos de trabajo de libre adscripción, sin cerrar la entrada a ninguna persona ni organización. En alguna de las primeras asambleas se propuso invitar a ‘Podemos’ de Valladolid a participar. La respuesta de ‘Podemos’ ha sido siempre dilatoria. Una y otra vez decía que había que esperar, porque no estaban formalmente constituídos o cualquier otra excusa. Finalmente y después de esperar seis meses, Toma la Palabra en la asamblea del 18 de enero de 2015 decidió salir a la luz pública y decidió la forma de coalición electoral para participar en las elecciones municipales. La decisión se tomó en una asamblea abierta, donde participaron unas ciento cincuenta personas, y se hizo después de un amplio debate y por una abrumadora mayoría. Quedó muy claro, y así se ha venido cumpliendo, que la forma jurídica tiene un carácter meramente formal y que la asamblea sigue siendo soberana. El programa ha continuado elaborándose de forma participada y las listas electorales se han hecho mediante elecciones primarias, a las que se apuntaron mil quinientas personas, de las cuales más de mil doscientas ejercieron el voto. ‘Podemos’ no ha querido participar ni en la coalición ni en las asambleas ciudadanas. La última excusa que ha utilizado es que prefiere una agrupación electoral y no lo que llama despectivamente una “sopa de letras”, por más que dos grupos de letras sean escasas para poder hacer una sopa. La excusa es tanto más inválida, cuanto que en todos los lugares donde ha existido voluntad de participar ha sido posible buscar la forma jurídica, que en Barcelona ha sido una coalición de partidos y en Madrid la creación de un partido instrumental. Han rehuído precisamente el modelo de Valladolid, que todo el mundo está reconociendo como el más democrático, abierto y transparente de España entera. Cada cual es libre de tomar sus decisiones, pero las excusas no sirven, son mera propaganda propia de la casta.

Paradójicamente, el día 26 de febrero los secuestradores de ‘Ganemos’ y el aparato local de ‘Podemos’ han anunciado la creación de una candidatura o una agrupación o una coalición o un partido o vaya usted a saber qué unión bajo la marca de ‘Sí se puede Valladolid’. Es asombroso el parecido de esa marca con los eslóganes que utiliza el partido ‘Podemos’. Sin duda, pretenden que la población pueda identificarlos. Desde luego, esto les saca de la clandestinidad, pero habrá de crear algún problema al ‘Podemos’ central, ese que no quería enfangarse en las municipales, corriendo el riesgo de que se le colase gente indeseable. Menuda tarea se le presenta en Valladolid, donde ofrece una candidatura “ciudadana” y no ha convocado una sola vez a la ciudadanía, una candidatura que aboga por la transparencia mientras actúa clandestinamente. Eso sí, con un nombre muy parecido al de la propia marca y con gente “normal y corriente”, lo que les diferencia -dicen- del resto, dejando claro que no somos ni normales ni corrientes.

No sé si los dirigentes de ‘Podemos’ en España estarán tomando nota de lo que hace su sucursal en Valladolid, pero tienen aquí una prueba de trascendencia mucho más que coyuntural. Esperaremos a ver si se puede.

Marcelino Flórez

 

Los ‘Ciudadanos’ ‘Podemos’ (Crónica política)

 Yo no lo escribiría así. Yo diría la gente o la ciudadanía o las personas podemos. Lo cierto es que ‘Ciudadanos‘ ha irrumpido este enero en la sociedad del mismo modo que lo hizo ‘Podemos‘ el enero anterior. En cuanto han comenzado a preguntar por ellos, las encuestas se han disparado; hasta 8 puntos ha subido en un mes en alguna de ellas, situándose en el 13 por 100, la cuarta fuerza política. Ahora sí que ha quebrado el bipartidismo, una vez que la derecha ha encontrado el camino para desasirse del partido único.

Si 2015 ya se presentaba atractivo, plagado de sorpresas políticas y mensajero de un cambio de régimen, la irrupción de ‘Ciudadanos‘ añade un plus de emoción. Todo parece indicar que Albert Rivera, el catalán españolista, puede ser capaz de hacer lo que de ninguna manera podía Rosa Díez, esa vasco-española oportunista, dotada de un partido dependiente en extremo del terrorismo etarra. Enseguida se ha empezado a ver que, sin terrorismo, no son nada.

Ciudadanos‘ tiene todos los vientos a favor. La crisis ha dejado desnudo al Partido Popular: la crispación ya no le funciona, una vez que la gente ha descubierto que era sólo un método encubridor de mentiras; y la corrupción se aguanta mal cuando el salario asignado en el pequeño negocio no permite llegar a fin de mes. Le queda sólo el neofranquismo, ahora con portavocía incluída, pero eso da para mantener un suelo que no podrá pasar de los cinco millones. Puede perder, incluso, el voto confesional católico, tan pronto como el Papa deje de cultivarlo y el arcaico episcopado español vaya enmudeciendo. Y, desde luego, ha perdido el voto de lo que aquel alcalde de Getafe denominó “tontos de los cojones”, que Marx solía llamar lumpemproletariado, y que Íñigo Errejón denomina gente plebeya. El descontento no ilustrado, denominación que yo prefiero, tiene ahora otras vías de escape, ‘Podemos‘ y ‘Ciudadanos‘. Como, además, ha hecho pocos amigos a lo largo de su existencia, no le arriendo las ganancias, que el clientelismo no da para todo y menos cuando soplan malos vientos.

La reconversión de la derecha ha comenzado, pero la reconversión de la izquierda se ha complicado. Ahora ya parece claro que ‘Podemos‘ no va ser capaz de liderar el proceso, al menos, de liderarlo en soledad. El voto de la gente plebeya ya no es de su monopolio y los estancamientos en las encuestas así lo atestiguan; y tampoco ha logrado monopolizar el voto de la izquierda. Esto, no sólo porque el PSOE tiene un colchón de afectos que tardará años en disiparse, sino porque la otra izquierda va encontrando el camino de la convergencia. Las experiencias municipalistas de asambleas ciudadanas abiertas, cuyo modelo más fraguado es Toma la Palabra en Valladolid, auguran un futuro consistente.

Nada en la otra izquierda va a ser igual en adelante. En primer lugar, la pervivencia de identidades diversas es incuestionable. Los comunistas podrán seguir siéndolo, si lo desean, pero tendrán que renunciar a la pretensión de hacernos a todos de los suyos. Los ecologistas no lograrán hacer triunfar su programa, pero nadie podrá pretender que renuncien a seguir cultivando la ecología política. Cualquiera otra definición, si es que existiese, como los humanismos, podrá seguir en su afán, siempre dentro del respeto a la diversidad. Pero lo que es seguro es que no habrá casa común y que la democracia deliberativa es el camino.

Madrid, por un lado, representando la quiebra en pedazos de Izquierda Unida, es prueba del cambio. Valladolid, por otro lado, manifestando la generosidad de la militancia de Izquierda Unida y la respuesta alegre de una suma de diversidades, es modelo de construcción de alternativas. Para que esto ocurriese, ha tenido que aparecer ‘Podemos‘, que hasta ahora ha vivido en la indefinición y en la ensoñación del triunfo. La toma de posiciones municipal le ha obligado a una primera definición: en Madrid ha impuesto un partido funcional para converger; en Barcelona ha aceptado una coalición de partidos muy tradicional, con reparto de puestos en las listas electorales; en Valladolid se ha abstenido (hasta ahora y después de poner no pocos palos en la rueda). En unos lugares y en otros, ha actuado un pequeño partido, que ha proporcionado la paciencia para mantener la deliberación y lograr los acuerdos. Se trata de Equo, que recibió ese mandato de su Asamblea federal en octubre. Es de justicia agradecérselo.

Marcelino Flórez

Toma la Palabra. Crónica y análisis

I

La Asamblea de 18 de enero de “Valladolid toma la palabra” ha tomado importantes decisiones. La primera, formar una coalición de partidos para presentarse a las elecciones municipales en toda la provincia. La coalición es una mera fórmula jurídica, porque la propuesta manifestada en julio de 2014 sigue siendo la misma: asambleas democráticas para decidir cada cosa. Los partidos hasta ahora coaligados, IU y Equo, han dado muestras de una generosidad inusual. No sólo han puesto toda su infraestructura y sus recursos al servicio del común, sino que renuncian a reservar cuotas en las listas electorales. Más pureza es imposible, quizá por eso estaba la gente tan contenta en la Asamblea del 18-E. Además de personas de los partidos, forman esta asamblea personas del movimiento vecinal, del movimiento sindical, de la cultura, de la cooperación, de la economía solidaria y la banca ética, del ecologismo. Realmente, no falta nadie. Por eso, la Asamblea ha perdido el miedo sobre si se apunta o no algún otro partido. Como la puerta está abierta a personas y organizaciones, quien lo desea puede estar. Quien prefiera otra cosa está en su derecho, pero el tiempo de las excusas ha terminado.

La otra cosa esencial que decidió la Asamblea fue el reglamento de elecciones primarias. Gratifica mucho ver a la gente joven, cargada de saberes, explicar las opciones que se han barajado y las propuestas que se llevan a la Asamblea. Habrá dos votaciones, una para la cabecera de la lista, otra para el resto de la lista. Cada proceso se hará en una sola votación, para lo que se ha elaborado un método del que resulte el consenso, a la vez que impida que se imponga cualquier lobby. Para la cabecera se votarán hasta tres nombres y para las listas cada persona podrá votar hasta cuatro mujeres y cuatro hombres en series diferentes, que luego se ensamblarán en cremallera. Los votos, en este caso, tienen una ponderación diferente según el lugar jerárquico que ocupen en la lista. El resultado de estos métodos aporta pluralidad y consenso. Es la nueva democracia deliberativa hecha realidad.

Sólo falta por ser aprobado el código ético, al que tendrán que someterse las candidatas y los candidatos que se presenten y donde se especificarán otros compromisos participativos, como la consulta ciudadana antes de tomar decisiones importantes. Por lo demás, los grupos de trabajo establecidos continúan con su labor e invitan a quien lo desee a sumarse.

II

Se tomó otra decisión el día 18: aprobar un nombre para la coalición. Un grupo de trabajo se había ocupado previamente de recibir propuestas sobre el nombre y de hacer algunos talleres para seleccionar entre esas propuestas. Se decidió por aplastante mayoría que ese nombre fuera Valladolid toma la palabra (al principio se escribía con el acrónimo VTP), el mismo que llevaba el manifiesto que dio origen a este proceso en el mes de julio de 2014. ¿Por qué era importante decidir en asamblea el nombre?

Detrás de esta decisión hay una larga historia. Nada más presentarse el manifiesto de VTP, dos o tres personas se dirigieron a los representantes para ofrecer una confluencia ciudadana bajo la denominación de ‘Ganemos’. La Asamblea de Toma la Palabra lo aceptó gustosa y una mayoría de miembros asistió a la presentación de ‘Ganemos’. Aquella fue la primera y la última asamblea de esa denominación. Después, VTP se ha dirigido, directamente y a través de los partidos presentes en el movimiento, a las tres o cuatro personas que controlan la denominación ‘Ganemos’ , pero no han obtenido respuesta. Ha tenido lugar un verdadero secuestro de una denominación que existe en otros lugares, como Barcelona o Madrid. Este insólito caso pone de manifiesto que el movimiento participativo puede correr peligro cuando cae en manos de personas aisladas y desconocidas. Aunque en otros lugares de España los mismos partidos y los mismos movimientos sociales concurren bajo la fórmula de ‘Ganemos’, eso no será posible en Valladolid, debido al secuestro del nombre que les cuento. De ahí la importancia de decidir en asamblea con qué nombre concurrir a las elecciones municipales en toda la provincia de Valladolid.

Hay otra cosa más detrás de esta decisión. Desde el mes de julio, Toma la palabra se ha dirigido, de forma insistente y repetida hasta la humillación, al nuevo partido político ‘Podemos’ para invitarle a participar en el movimiento. Un rosario de excusas ha sido la única respuesta hasta el día de hoy y así seguiríamos si VTP no hubiese decidido ponerse nombre definitivamente y dejar de depender de una estrategia oculta de un partido nuevo, cuyo único fin da la impresión que es debilitar a Toma la palabra, retardando lo más posible su conocimiento por parte de la sociedad vallisoletana. Aunque sabemos perfectamente quiénes somos cada cual, porque los teóricos de ‘Podemos’ se han definido en varias ocasiones y yo mismo les he hecho algunos comentarios de texto, es la práctica lo que mejor define a las organizaciones. En este caso, esa práctica denota mucho leninismo y poca aceptación de la pluralidad social. Advierto, además, otra contradicción: se desprecia a los partidos políticos existentes, aplicando el insultante término de “sopa de letras” a un movimiento político modélico en transparencia y participación, mientras se constituye un nuevo partido que renuncia a toda colaboración con los que aparentan ser próximos. Eso sólo se entiende si la voluntad es llegar a ser un partido único. Mala cosa.

Marcelino Flórez

 

Franquismo y Verdad histórica

El 10 de diciembre de 2014 se votó en el Senado la Moción que el PNV había presentado un mes antes, donde se pedía atender al informe del relator de Naciones Unidas, Pablo de Greiff, que reclama la búsqueda de la verdad en lo relativo a los crímenes del franquismo. La moción solicitaba también reconocer y amparar a las asociaciones de víctimas, dotar presupuestariamente la conocida como Ley de Memoria Histórica, hacer un censo de simbología franquista aún perviviente y abrir los archivos de las cárceles de la Dictadura.

El Partido Popular, en solitario, votó contra la Moción y encargó al senador Muñoz-Alonso Ledo explicar el voto. Es muy difícil explicar un voto que se resiste a condenar el franquismo, por eso la explicación se basó en excusas y aspectos laterales: que si se rechazaba por las enmiendas introducidas, que si no se habían acercado a ellos para llegar a acuerdos, que si no es obligatoria la resolución de Naciones Unidas. Excusas, no razones.

De la intervención parece deducirse que podía haber habido acuerdo en lo relativo a dotar de presupuestos la Ley de Memoria Histórica y a realizar el censo de simbología franquista. Un acuerdo éste poco creíble, pues ahí están las asociaciones memorialistas que tiene que proceder a exhumar los restos humanos de las fosas comunes con sus propios recursos o con los que proceden de la solidaridad internacional; o ahí está la ciudad de Valladolid con su conocido alcalde, al que una sentencia ha obligado a retirar símbolos y nombres franquistas, pero continúa sin cumplir no sólo la ley, sino la misma sentencia. Poco creíble, pues.

El meollo de la intervención del senador populista, sin embargo, estaba en los desacuerdos: “Nosotros no hemos hecho una comisión de la verdad, y con todo el alma les digo que ni falta que nos hace”. A continuación razonaba que en las democracias no existe verdad oficial y que eso es cosa de los historiadores, los cuales van desvelando la verdad a medida que la descubren. Este aspecto tiene cierta dosis de razón, pero si realmente estuviese diciendo lo que expresa, ¿por qué siguen sin abrir el acceso de los archivos a los historiadores? Esta concesión del partido populista no se corresponde con su actuación real, por lo que, aunque el senador no desease mentir, lo que dice no puede ser creído.

Hay otro matiz en este asunto de la Comisión de la Verdad (aparte de que no está garantizado que el saber histórico alcanzado esté presente en las enseñanzas oficiales primarias y secundarias, ni en los medios de comunicación, con lo que realmente la población española sigue sin conocer la verdad histórica sobre el franquismo). El matiz es que no estamos hablando de verdad histórica frente a verdad política, sino que estamos hablando de verdad jurídica y ese es otro cantar.

No sólo es necesaria una Comisión de la Verdad para que la población española disponga del saber histórico científicamente consensuado y pueda conocer que la Guerra Civil fue originada por un golpe de Estado ilegal e ilegítimo, que dio lugar a la Dictadura franquista, régimen responsable de un enorme crimen contra la humanidad, sino que el conocimiento social de esta verdad histórica tiene consecuencias jurídicas.

Como escribió Rainer Huhle a propósito de las Comisiones de la Verdad latinoamericanas, “si la verdad queda establecida, y si esta verdad es una verdad terrible, una verdad de crímenes atroces, la falta de justicia queda aún más visible y más sentida”. Que estamos ante unos crímenes atroces no sólo lo ha dicho la Historia, sino también los jueces. El razonamiento QUINTO de la sentencia 102/2012 de la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo, en la que se absuelve a Garzón de la denuncia por prevaricación, dice: “Los hechos anteriormente descritos, desde la perspectiva de las denuncias formuladas, son de acuerdo a las normas actualmente vigentes, delitos contra la humanidad en la medida en que las personas fallecidas y desaparecidas lo fueron a consecuencia de una acción sistemática dirigida a su eliminación como enemigo político”.

El señor Muñoz-Alonso debería saber, como le ha recordado la ONU, que los delitos contra la humanidad son imprescriptibles y que están reclamando justicia, no sólo para certificar la moralidad pública y para evitar la impunidad, sino para reparar a las víctimas. Así que no sólo necesitamos una Comisión de la Verdad, también se requiere Justicia. Ambas cosas llegarán, no lo duden.

Marcelino Flórez

 

Memoria de las víctimas, Historia y Política