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ETA y el desarme

La entrega de armas por parte de ETA a la Comisión Internacional de Verificación el día 21 de febrero de 2014, analizada el primer día, no pasa de ser una mofa. (Después supimos que, además, era una entrega ficticia, muy parecida al documental de Jordi Évole). Es cierto que puede leerse como un signo “en la buena dirección”, según dijeron todos los representantes políticos que no tenían que satisfacer a auditorios específicos, pero es un signo insignificante para la ciudadanía. Sólo cabe leerlo con lógica, si se atiende al mundo interior de ETA: la propia estructura terrorista y el regenerado movimiento aberztale.

Dicen los mediadores internacionales que ETA necesita ir despacio para evitar escisiones internas, que rompan el proceso de disolución. Puede ser. Y ha dicho Pernando Barrena que mientras ETA da continuos pasos hacia el fin del “conflicto”, el gobierno no da signo alguno de tener interés en el desarme. Nada tengo que decir en lo que se refiere al mundo interior. Ellos sabrán lo que hacen y a qué objetivos sirve. Desde fuera y al día siguiente, la burla ha quedado probada y la Comisión Internacional perfectamente desautorizada.

Pero el signo de ETA y las palabras de Pernando Barrena tienen también un interlocutor externo: los gobiernos francés y español con sus ciudadanías. Lo han expresado también los mediadores, que se lamentan de la ausencia de este segundo interlocutor. No hay que ser muy perspicaz para comprender que lo que se está dilucidando es si el final de ETA ha de ser negociado o no.

Parece que las fuerzas políticas democráticas van comprendiendo que en el año 2006 terminó el plazo para un final negociado del terrorismo, si es que no estaba acabado antes. Lo más importante para cerrar ese final negociado no fue, sin embargo, la bomba de Barajas, sino la irrupción de las víctimas en el espacio social.

Hasta el asesinato de Francisco Tomás y Valiente el día 14 de febrero de 1996, las víctimas del terrorismo habían permanecido ocultas, pero ese día los estudiantes madrileños salieron a la calle con las manos pintadas de blanco en señal de solidaridad con la última víctima inocente. Al año siguiente, con motivo del asesinato televisado del joven concejal de Ermua, Miguel Ángel Blanco, fue toda la sociedad española la que manifestó la solidaridad con la víctima. Desde entonces, las víctimas han estado siempre con nosotros y ya no pueden desaparecer. Es una batalla ganada para los derechos humanos.

La derecha política entendió el significado de las víctimas merced a las víctimas de ETA. La izquierda política lo ha ido comprendiendo también, en este caso merced a las víctimas del franquismo. Aunque hay gente, tanto en la derecha como en la izquierda, que no termina de asumir que todas las víctimas son inocentes y universales, o sea, que son patrimonio de la humanidad (no en vano a estos delitos se les califica como delitos contra la humanidad).

Por eso, con las víctimas sobre la mesa, esto es, rememoradas, y observando lo ocurrido con el olvido de las víctimas del franquismo, no cabe ningún final negociado para los crímenes de ETA contra la humanidad, sino exclusivamente verdad, justicia y reparación. Esto no tiene vuelta atrás.

Sólo algunos sectores del mundo de los victimarios se resisten ya a reconocer el derecho incondicional de las víctimas. Es lo que observamos en la burla del “desarme por entregas” del día 21, como lo calificó Cayo Lara. Lo vemos también en el tortuoso camino que se está haciendo recorrer a las víctimas del franquismo.

Marcelino Flórez

Historia y Memoria, de Álvarez Junco

 

Esperaba como agua de mayo el libro duodécimo de la nueva Historia de España que coordina Josep Fontana en la editorial Crítica y que había sido encomendado a José Álvarez Junco. Este libro número 12 tenía el título inicial de ‘Historia y Memoria’, pero acaba de aparecer con el título de ‘Las historias de España’, una denominación imprecisa donde las haya.

 

 

La ambigüedad del título la ejemplifica el antes autor y ahora coordinador de la obra en el prólogo de forma explícita. Además de razonar qué entiende y qué se ha entendido por ‘España’, donde concluye que es “ese territorio y grupo humano conocido hoy como ‘españoles’” (XVII), José Álvarez Junco se deshace en circunloquios sobre el significado o contenido de la otra parte del título, explicando que no trata de historia ni de historiografía, sino de la “función que esos relatos cumplen al servicio de la construcción de una identidad colectiva” (XVI) o de “visiones del pasado” (XVII) o de “la evolución de los grandes temas debatidos” (XXIII). En vano buscará el lector una conceptualización más precisa, nada se sale de la ambigüedad.

 

 

En el proyecto inicial de la obra, por otra parte, cuyo primer título apareció en 2007, el tomo 12 estaba asignado a José Álvarez Junco; en el proyecto definitivo son cuatro los autores, es decir, ha habido un cambio completo de planes. En otra ocasión entraremos en el análisis de lo que trata cada uno de ellos, bástenos hoy constatar que estamos ante un asunto de teoría o de filosofía de la historia de lo que el libro no da razón, a pesar de que los sorpresivos cambios ocurridos lo pongan de manifiesto.

 

 

Nos hallamos ante una concreción de la polémica que viene afectando a los historiadores desde que irrumpió en la vida pública el movimiento social memorialista. La rememoración benjaminiana, que ha transformado la visión política de las víctimas, ha hecho lo mismo con la historiografía, pero los historiadores siguen sin tomar conciencia y este libro es una constatación. Dedica ocho líneas, de las 911 páginas más XXVII del prólogo, a esta cuestión y lo resuelve así: “Otro tipo de polémicas han sido las desatadas en torno a la llamada “memoria histórica”,o tratamiento historiográfico -y judicial- de la represión política bajo el franquismo. Son debates políticos, aunque se disfracen de históricos y adopten a veces terminología científica; pero su legitimidad es, por otra parte, indiscutible” (436). ¿Les parecerá poco y poco historiográfico a los autores del libro que hayamos pasado, por ejemplo, en Valladolid de tener contabilizadas menos de mil víctimas del franquismo a tener los nombres de siete mil? Y, sobre todo, ¿les parecerá poco que la Guerra Civil haya pasado de ser definida como Alzamiento Nacional o como una catástrofe colectiva a serlo como un crimen contra la humanidad?

 

 

Se ve que no han leído estas palabras que Reyes Mate escribió en 2006: “Desde el momento que el pasado no es cosa exclusiva de la ciencia histórica, sino también de la recordación, la memoria puede abrir expedientes que la historia da por archivados”. Esos expedientes se abren porque la memoria introduce saberes antes ocultos o desconocidos y así viene ocurriendo con lo que se conocía acerca del final de la República, de la Guerra Civil y del Franquismo, periodos sobre los que no cesan de aparecer libros que transforman esencialmente los conocimientos que teníamos hace muy pocos años.

 

 

Tienen en su descargo los autores de este libro la advertencia que hacen largamente en el prólogo de “no mencionar autores vivos, ni entrar en obras ni debates posteriores a 1975” (XX). Pero, entonces, ¿para qué se ha hecho este libro, para confrontar las identidades mitológicas que construye la historiografía nacionalista española con las que ofrecen las historiografías nacionalistas periféricas?

 

 

En fin, como lo he tratado detalladamente en mi librito, que enlazo en la columna izquierda de este blog, repito que se lo regalo en versión digital a quien me lo pida. Más no puedo hacer para contribuir a romper con esta deficiencia de la historiografía española.

 

 

Marcelino Flórez

 

 

La sentencia 92 de 2014

El alcalde de Valladolid acaba de recibir la enésima sentencia en contra de sus actuaciones. Me refiero a la sentencia 92/2014, de 20 de enero, del Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León, que anula la resolución del pleno del Ayuntamiento de 28 de julio de 2010, que negaba la proposición hecha por Izquierda Unida para retirar los símbolos de exaltación franquista de los lugares públicos de Valladolid. La sentencia obliga al Ayuntamiento a cumplir en el plazo de un mes lo que ordena el artículo 15 de la Ley 52/2007, de 26 de diciembre, que conocemos como Ley de Memoria Histórica. Eso quiere decir que tendrá que catalogar y retirar todo símbolo de exaltación del franquismo. Punto.

El alcalde puede encargar la confección del catálogo al “cronista de la villa” o a quien considere conveniente. Lo que no puede es volver a crear confusión hablando de “dos bandos”. Primero, porque la ley y la sentencia sólo hablan de víctimas del franquismo, no de bandos. Segundo, porque lo único que ha sido calificado de régimen criminal por Naciones Unidas, por toda la sociedad mundial y por los jueces españoles es el régimen franquista. No estamos ante un asunto de opinión, ni siquiera de debate historiográfico. Estamos ante resoluciones judiciales firmes, que han recorrido todo su camino.

Este recurso a la equidistancia de las víctimas, que tanto les gusta a los amigos de ETA y al alcalde de Valladolid, fue calificado por Primo Levi, superviviente de Auschwitz, de enfermedad moral, pues lo que busca es confundir a víctimas y verdugos, rompiendo la línea que separa el bien del mal, o sea, terminando con la moral. Esto venía siendo aceptado por gran parte de la sociedad española durante mucho tiempo, pero ese tiempo se ha acabado. La víctimas han venido para estar entre nosotros y ni ETA ni los franquistas volverán a inocularnos la enfermedad moral de la equidistancia.

Marcelino Flórez

Redoblan los tambores de la unidad

A medida que se acercan las elecciones europeas, redoblan los tambores de la unidad de la izquierda. Es pura retórica, como podremos comprobar muy pronto. El último revulsivo ha sido Pablo Iglesias y su PODEMOS, un movimiento ligado al anticapitalismo y, tal vez, nacido en el seno del partido político que lleva ese nombre, como anuncian algunas informaciones. No es más que una disputa de espacios, afirmando cada cual su identidad. Esto a mí no me disgusta, pero sostengo que no se está hablando de unidad, por más que se recurra a ese concepto como si de una plegaria se tratase.

El movimiento unitario promovido inicialmente por Izquierda Unida apenas ha avanzado, al limitarse la oferta a la incorporación a la “casa común”. Más que una convocatoria de unidad, era una invitación a la adhesión y parece que ha tenido poco seguimiento. Hubo un momento en que pareció que iba a cuajar la unidad con el anticapitalismo, pero ya vemos que no ha sido así y, de ahí, el envite que protagoniza el nuevo tribuno, Pablo Iglesias. No sabemos si llegarán hasta el final, pero con Izquierda Unida han cerrado prácticamente las posibilidades de acuerdo, al poner como condición la celebración de primarias abiertas, cosa que no están dispuestos a aceptar los partidos que controlan IU, como está probando en carne propia la Izquierda Abierta de Llamazares.

A lo largo del proceso pseudounitario, hay muchos grupos que no han terminado de encontrar ubicación hasta ahora. El primero y principal es Iniciativa per Catalunya-Verds, que sufre un visible desdoblamiento de personalidad. Por una parte, concurre a las elecciones junto a la fórmula catalana de Izquierda Unida (después de desatender la oferta soberanista de CiU, aunque manteniendo gran actividad para tratar de llegar a un acuerdo catalanista de izquierdas para las siguientes convocatorias electorales) y, por otra, se adscribe al Grupo Verde en el Parlamento Europeo. Así, al no ir coaligada con Equo y al tratarse de un distrito electoral único, la gente podrá votar a dos versiones del mismo Partido Verde Europeo. No sé cómo se resolverá eso, ni a quién corresponde aclarar la situación, pero la contradicción no puede durar eternamente.

Algo parecido le podría ocurrir a Compromís, que también es reconocido como la referencia del Partido Verde en la Comunidad Valenciana. A diferencia de ICV, aún no ha decidido si concurrirá en una lista con Equo, pues, de otra manera, corre el riesgo de no obtener representación en Europa.

Quedan muchos otros grupos desubicados: ¿con quién van a ir las CUP catalanas o el ANOVA gallego o la propia Chunta Aragonesista? ¿Volverán a formar una candidatura nacionalista en torno a ERC? Hay muchas incógnitas aún por resolver y no es porque no haya habido tiempo de plantearlo y de solucionarlo.

Me parece que hay un problema principal, que es haber tomado conciencia o no de los cambios que están teniendo lugar en la vida política. Es probable que los dos grandes partidos sufran una rebaja significativa de votos en mayo, pero mucho me temo que les puede ocurrir algo parecido a otras fuerzas políticas tradicionales. Veremos qué pasa con los nacionalistas, tanto los más derechistas, como los que se imaginan de izquierdas. Veremos también qué atractivo consiguen las nuevas propuestas de PODEMOS y del Partido X, que se ofrecen como alternativas desde la nada a las personas descontentas. Veremos si hay alguien con fuerza suficiente para atraer a la abstención. Pero veremos, sobre todo, qué pasa con Equo, que ya lleva dos años de experiencia política, que comienza a ser conocido, que ha dado pruebas de practicar la democracia directa, tanto en la designación de candidaturas, como en la elaboración de programas, que renuncia a la financiación bancaria, y que es el referente inequívoco para Europa de la ecología política. Esta es la gran incógnita y el gran temor de la izquierda tradicional.

Después de la prueba, quizá podamos retomar las propuestas de unidad, que no será nunca una unificación de partidos, sino ofertas abiertas de programas comunes con democracia directa. Los que ahora se llenan la boca con la unidad están pensando realmente en otra cosa. Ya lo estamos viendo.

Marcelino Flórez

El uso de las víctimas

En el mes de enero de 2014 han tenido lugar dos hechos en torno a las víctimas (del terrorismo), dos hechos diferentes pero relacionados, además de simultáneos: por una parte, alguna de las principales asociaciones de víctimas ha visto cómo se desligaban personas representativas y, en un caso al menos, en número elevado. La razón aportada para abandonar las asociaciones ha sido la interferencia política de las mismas. Por otra parte, un sector del PP se ha escindido y ha creado otro partido a causa de la política del gobierno sobre las víctimas.

Los dos hechos, que parecían diferentes, tienen un mismo fundamento: el uso político de las víctimas. Y tienen un solo responsable, el Partido Popular. La bicha que el PP de Aznar creó con motivo del homenaje a Miguel Ángel Blanco en el mes de septiembre de 1997, y que no ha cesado de alimentar sin escrúpulos el PP de Rajoy para ascender al poder, le ha estallado ahora en las manos. En cuanto se ha visto obligado a desatender a esa bicha por la mera obligación de cumplir las leyes en el ejercicio de gobierno, la extrema derecha que era alimentada con el monstruo ha reclamado su botín. En las asociaciones han comenzado a gritar contra el que era su gobierno; en el partido, han creado uno nuevo coherente con lo que venía siendo la política de los populares sobre el terrorismo. Paradójicamente, esa innoble creación de la bicha antiterrorista puede ser quien le dé la puntilla al viejo partido de la derecha franquista.

Eso no impedirá ya nunca el daño, que se ha consumado: las víctimas (del terrorismo) han sido despojadas de su condición, al arrebatarles su inocencia y su universalidad. Convertidas en un instrumento de partido, pasaron a ser caídos de una causa y dejaron de ser víctimas de la humanidad. Por ello, recobrar la dignidad de las víctimas y la universalidad que les corresponde debería de ser la principal tarea de las asociaciones renovadas, no dejándose utilizar nunca más por la derecha, para quien las víctimas siempre fueron un medio para otros fines.

Marcelino Flórez