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El sistema autoritario se reafirma

El gobierno del Partido Popular continúa construyendo un sistema político autoritario en España. No importa que los tribunales vayan, poco a poco, desautorizando sus actuaciones policiales o las insólitas desamortizaciones de los bienes sociales públicos, porque el gobierno dispone de un instrumento extraordinario y lo usa de forma consciente: la mayoría absoluta parlamentaria. Lo acaba de certificar su portavoz en Las Cortes, Alfonso Alonso.

Después de utilizar el decreto-ley como un instrumento para evitar el debate legislativo, ahora ha puesto en práctica el desmantelamiento de la otra función constitucional que le corresponde al legislativo, el control del gobierno. Recodemos que el presidente del gobierno sólo acudió al Parlamento (para dar cuenta de un asunto de corrupción que le atañe directamente y que avergüenza, incluso, a algunos votantes del partido) después de haber recibido la amenaza de una moción de censura. ¡Y lo hizo el día 1 de agosto, día universal de las vacaciones! Esto no es más que el inicio de la destrucción de la función de control del ejecutivo que, comenzando por el propio presidente de Las Cortes, está aplicando el gobierno por medio de un uso no constitucional de la mayoría parlamentaria. La oposición se verá obligada a recurrir por vía jurídica esas malas prácticas, pero cuando los jueces les den la razón, el autoritarismo habrá obtenido ya el éxito buscado, que en este momento es la ocultación de los delitos de corrupción que presuntamente afectan al partido que sustenta al gobierno.

El poder ejecutivo actúa en la misma dirección autoritaria. Uno de los últimos ejemplos fue la publicación de los datos del paro del mes de agosto. Este dato, que forma parte del patrimonio público común y que corresponde la función pública de las instituciones difundir, fue privatizado por el Partido Popular y lo dio a conocer su Secretaria General. Es uno de los últimos ejemplos de la apropiación indebida del patrimonio común y del uso clientelar del poder, después de que hubiese chuleado de lo mismo el ministro Montoro con datos privados relativos a los actores cinematográficos o a la prensa libre; y la ministra de Trabajo, difundiendo datos privadísimos sobre regulación del empleo en un sindicato. Las personas que han actuado así continúan en sus puestos.

Conservábamos alguna esperanza con el poder judicial, a pesar de las intromisiones que habíamos conocido, pero la sostenida presencia de Francisco Pérez de los Cobos en la presidencia del Tribunal Constitucional nos arrebata la última esperanza. El control de los máximos órganos del poder judicial deja todo el poder en manos del autoritarismo. Por eso, hay que dar la razón a la juventud que grita en las calles “lo llaman democracia y no lo es”.

Perfecciona este sistema autoritario la utilización de la propaganda como sustituto de la información. Y en esto comienzan a dar sus frutos las concesiones de medios informativos a la propia clientela que hizo, sobre todo, el gobierno de Esperanza Aguirre en Madrid. Acabamos de saber, además, que continúa subvencionándose a esos medios a través de la contratación de anuncios, como ha hecho la ministra de Sanidad con la reciente campaña sobre violencia de género. Como ya sabía Goebbels y han practicado todos los dictadores, una mentira repetida muchas veces llega a parecer una verdad. Los halagos que la prensa cautiva proporciona diariamente, aun siendo tan empalagosos como son, sirven para justificar la mala conciencia de los votantes autoritarios. (Debemos observar que estos votantes no son unos “tontos de los cojones”, como dijo uno de los alcaldes más votados de todas las épocas; “salvo algunos casos”, añadiría yo, parafraseando al presidente del gobierno).

Así se cierra el círculo del autoritarismo, que tiene su base en el voto democrático: son los votantes los que lo sostienen. Ellos lo saben y ya ni se avergüenzan de pregonarlo a todos los vientos: recordad a Camps en Valencia, absuelto en todas las instancias con los votos populares.

Estamos, pues, en un sistema autoritario, que sólo puede combatirse con los votos (aparte de la ley). Eso no justifica nada, pero debería servir para facilitar la reacción de los partidos democráticos, que, de paso, tendrían que aprender a analizar correctamente la realidad, a dotar de coherencia a sus ideas con su práctica y a generar la confianza de los electores. Privar del voto al Partido Popular por medio de la crítica es la primera tarea. La segunda, más difícil, es generar la confianza de los electores y, para ello, además de coherencia demostrada, hacen falta propuestas creíbles.

Marcelino Flórez

 

Escraches y nazis

Como sigue de actualidad, os copio el escrito que hice a mediados de abril para Sementera, la revista de los católicos rurales de Palencia, y que han publicado este mes de mayo. Además, hay que recordar permanentemente la barbarie, para que sus seguidores queden presos de la vergüenza pública.

En 1961 Hanna Arendt, filósofa y judía huída de Alemania, asistió al juicio del funcionario nazi Eichmann en Jerusalén y reflexionó sobre el juicio y sobre el nazismo en un libro con ese título, que subtituló “un estudio sobre la banalidad del mal”. Efectivamente, el nazismo consiguió banalizar el mal absoluto y logró que sus funcionarios considerasen normal el cumplimiento de las órdenes y leyes con las que estaban produciendo un crimen contra la humanidad, como sentenció el Juicio de Núremberg.

Escrache es una palabra casi desconocida hasta hace unos meses en España, aunque ya la habían utilizado los novelistas sudamericanos y la población argentina hace mucho tiempo. Los filólogos se han encargado enseguida de mostrarnos su origen y su significado. Los escraches que estamos conociendo ahora en España son manifestaciones de las víctimas de afectados por la hipoteca ante personas responsables de cambiar las leyes hipotecarias. Con este significado y en el mismo sentido surgieron los escraches de las víctimas argentinas de la dictadura militar para señalar, manifestándose ante ellos, a los responsables de los crímenes de esa dictadura.

Definir a las personas que participan en un escrache contra un diputado como nazis indica, primero, poco conocimiento de la historia y de la realidad y, segundo, el intento de identificar a víctimas con verdugos. Primo Levi, otra víctima del nazismo, calificó a ese intento de confundir a víctimas con verdugos como “perversión moral”.

Estamos asistiendo, realmente, a la banalización del mal y a la perversión moral. Cada vez que veo a alguno de mis amigos que se escandaliza mucho porque una pareja de hombres o de mujeres, que se quieren, forma una familia, mientras le pasa desapercibido el sufrimiento de los afectados por la hipoteca o por el paro o por la enfermedad desatendida, constato que no sólo ha desaparecido la capacidad profética, sino que se ahonda el abismo de la amoralidad, cuando no de la inmoralidad. Ahí es donde el ser humano comienza a diluirse.

Marcelino Flórez

Crispación

Otra de las cosas que hemos observado en este año eterno de gobierno del Partido Popular es que la crispación sigue presente, pero que no es cosa de dos. Los populares en el poder abusan (véase a Montoro con el uso político de datos confidenciales de Hacienda), ofenden (repárese en el presidente del gobierno en la respuesta al jefe de la oposición durante el debate del estado de la Nación) y humillan (pregunten a sindicatos, a promotores de iniciativas legislativas o de mareas ciudadanas), a pesar de que la heterogénea oposición hace crítica de ideas o de acciones, esquivando tanto el insulto, como el tono apocalíptico.

La infame turba de la caverna mediática continúa con sus hiperbólicos insultos, aunque no obtengan respuesta. Si uno lee El País o los digitales Público o El Diario, hallará mucha crítica, pero poco lenguaje ofensivo o soez. Puede constatarse lo mismo en el programa de humor del Gran Wyoming, el Intermedio, donde el lenguaje exaltado, ofensivo o crispado está siempre en boca de la ultraderecha mediática o política, hasta el punto de que el humor del referido programa se limita con frecuencia a reproducir palabras de esa turba cavernaria, que de por sí mueven a la risa (mientras siga sin producir miedo).

La crispación, o sea, el insulto, el verbalismo agresivo, la hipérbole desmedida y constante, cumple, sin embargo una función primordial: es el alimento para mantener la identidad de las bases del Partido Popular, esos cinco millones ultraderechistas que le dieron origen y que forman su estructura básica. Lo compruebo cada día que voy al gimnasio. Hay un barrio en Valladolid que se llama COVARESA, acrónimo de Constructores Vallisoletanos Reunidos en Sociedad Anónima. En la linde de ese barrio con Las Villas de Paula López, Los Castaños y Parque Alameda se ha construido sobre suelo público un Centro Deportivo y de Ocio, que gestiona una empresa privada. Acude mucha gente, sobre todo de los barrios colindantes, aunque también llegan de toda la ciudad y de poblaciones próximas. COVARESA es un barrio cerrado, sin suelo público, sin viviendas sociales, donde vive una población que vota masivamente al Partido Popular. Estuve una vez de interventor en la mesa electoral y me llevé un susto enorme y eso que fue cuando ganó Zapatero en 2004. Contrasta este barrio con Parque Alameda, cuyo suelo se repartió enteramente entre cooperativas y viviendas públicas sociales, lleno de servicios comunes, de calles con soportales privados de uso público y de vida en general. Aquí el voto se reparte mucho y el Partido Popular sólo gana algunas veces y por estrecho margen. Los de este barrio también vamos al gimnasio, que tenemos a pocos minutos de casa. Cada día tengo que escuchar conversaciones de afiliados o simpatizantes del Partido Popular, que no se recatan en hablar a voz en grito, con insultos variados y sin respeto y, por supuesto, sin vergüenza alguna ante la gente desconocida que anda a su lado. El otro día hablaban de la patria y la democracia, parafraseando al general que inició ese tema, y también de Bárcenas. No salía de mi asombro escuchando no ya las barbaridades patrióticas, sino los insultos que ofrecían a cualquiera que no pensase como ellos. Debían de ser de COVARESA y pensarían que todas las personas son como sus vecinos o quizá pensaban que todas vemos esos canales de televisión donde presentadores y tertulianos echan espuma por la boca al referirse a socialistas, sindicalistas y manifestantes, tan heterogéneos, pero identificados por la infame turba de nocturnas aves bajo el concepto de socialistas. Si ellos supieran…

Aunque la lógica política no debería ir por ese camino, la derecha en el poder ha huído del diálogo y ha seguido manteniendo la crispación para alimentar a esas bases. Y lo está consiguiendo. La adhesión de la militancia estructural del Partido Popular sigue sin quebrarse después de la que está cayendo. Dicen las encuestas que la intención de voto ha descendido un poco, pero no baja del veinticinco o treinta por ciento. Es lo mismo que la Italia de Berlusconi.

Y esto significa que nos hallamos ante un grave problema político, porque con esta derecha no se puede hacer camino. A su ilegitimidad de origen, el franquismo, une su ilegitimidad de ejercicio, la crispación, el insulto, la clausura de todo consenso. Sus militantes han perdido la vergüenza y se expresan en público con los mismos modales que sus jefes, sean parlamentarios o tertulianos. La crispación forma parte del método para la construcción del régimen autoritario y debe ser rechazada frontalmente.

Marcelino Flórez

Lección italiana

Si Europa y los Mercados andan tan preocupados con las elecciones italianas, será por algo. Dicen que el resultado conduce a un país ingobernable, pero, digo yo, que será ingobernable según el modelo previsto y, tal vez, deseado por ellos. No ha habido mayorías y eso significa que están obligados a pactar. ¿Es eso malo? A mí me parece mucho peor el autoritarismo que Europa y los Mercados quieren imponer en todas partes.

Pero fijémonos en los resultados. El partido de Monti ha fracasado, es decir, se ha rechazado al gobierno y sus recortes, igual que en todos los países donde ha habido elecciones después de la crisis y de las políticas impuestas para enfrentarla. Europa y los Mercados siguen sin convencer a la inmensa mayoría.

El segundo elemento destacable es el regreso de Berlusconi, la derecha real italiana. Ha estado a punto de ganar de nuevo. Se dirá que el control de los medios de comunicación favorece ese resultado. Sí, pero esta vez la derecha tenía una opción más coherente y ha preferido esta vía segura, la del capital sin careta. Berlusconi es un sinvergüenza, pero consiente el negocio del hotelero, donde yo me hospedé la última vez que estuve en Roma, que aumentaba sus ganancias habilitando cuadras y trasteros para el hospedaje. Ese votante es la derecha y Berlusconi le da lo que pide. Si, además, persigue al inmigrante y asiste a las procesiones, tiene otro voto puro garantizado. Nada extraño, pues, en este resultado.

La izquierda de Bersani tenía todas las previsiones a su favor y ha ganado, pero ha sido una victoria pírrica. Bersani es un tipo serio, consistente en la teoría y se ha sometido a primarias, pero no ha sido capaz de atraer más que el voto siempre fiel. Ha eliminado en su biografía toda referencia al pasado comunista, pero la memoria continúa pasando factura y limitando apoyos. Los viejos partidos tienen un problema, aunque, como en este caso, hayan hecho autocrítica y hayan cambiado sus posiciones de forma inequívoca. Como mínimo, necesitarían otras personas que careciesen de responsabilidades históricas, aunque seguramente eso tampoco sería suficiente.

Otra novedad electoral ha estado en el Movimiento 5 Estrellas, una agrupación política más compleja de la apariencia primaria que le proporciona el cómico que la lidera. Han formado sus listas electorales por medio de un concurso curricular público, por lo que las personas elegidas son nuevas en la política, pero no desconocidas entre la población. Es verdad que el mensaje es ambiguo, tal vez deliberadamente, y va poco más allá del rechazo a lo que existe, pero ya tienen práctica de gobierno, como es el caso de la alcaldía de Parma. Asumen algunas propuestas ecologistas y rechazan signos de los poderosos, como los grandes y costosos coches oficiales. Les toca ahora una importante responsabilidad y será ahí donde se pondrán a prueba. Algo han dejado en claro, de todos modos, que la indignación busca caminos para ser representada.

No es posible la comparación con España, donde el sistema electoral y el sistema de partidos son bien diferentes, aunque sí se desprende alguna lección: la política económica europea es rechazada; la derecha perfecta, como ya ha demostrado la valenciana o la madrileña, tiene asegurado un suelo electoral por encima de corrupciones y de recortes; los viejos partidos y los políticos que los lideraron en la izquierda no sobrepasan un techo electoral bien bajo; lo que ha de venir no está aún construido.

Por suerte, no existen elecciones generales a la vista y las europeas, primero, y regionales y municipales, después, posibilitarán clarificar un poco el panorama, a no ser que los papeles de Bárcenas trastornen la previsible hoja de ruta.

Marcelino Flórez

Estado de la Nación: el Régimen y la reforma constitucional

Como hemos explicado en otra ocasión (http://dictadura-o-regimen-autoritario/), vivimos en un Régimen autoritario. El debate sobre el estado de la Nación ha permitido constatarlo una vez más. El presidente ha sustituido la narración del estado de la Nación por la propaganda, para tener contenta y aunada a su clientela. Según él, su gran capacidad de gestión ha evitado el rescate económico de España y, gracias a la reforma laboral (seis millones de parados) y a los recortes (aniquilación de la sanidad, la educación y la dependencia), España ha sacado “la cabeza del agua”.

El estado real, una Nación parada, desahuciada, despojada de los derechos sociales conquistados, desarticulada territorialmente y emponzoñada de corrupción, ha sido relegado al olvido. Con la ayuda mediática, Rajoy recobrará el liderazgo interno, algo resquebrajado por su apartamiento de la gente, acentuado éste a raíz de los 22 millones aparecidos en Suiza; y eso a pesar de que tuvo la mala suerte de que los autores de su discurso le hicieran citar a un fascista francés de origen argelino, Loui Hubert Gonzalve Lyauty, para justificar la necesidad y urgencia de sus impopulares y, por el momento, ineficaces y perjudiciales reformas. Auguro corta vida a esta imagen recuperada entre la propia clientela.

Otro elemento constitutivo del Régimen, el bipartidismo, ha sido visualizado en el debate como elemento decadente. No sólo es que la ciudadanía se vaya desligando de ese elemento, es que han sido los pequeños partidos lo que han hecho la oposición al gobierno (hay que nombrar al representante de Compromìs-EQUO, Joan Baldoví) y han reclamado unánimemente un cambio de la ley electoral, en la que se fundamenta el bipartidismo. Los socialistas han terminado uniéndose a este reclamo.

Ha habido en el debate otra novedad, que muestra la quiebra del Régimen autoritario: uno de los partidos del sistema, el PSOE, ha expresado públicamente que se ha roto el consenso de 1977, como algunos venimos sosteniendo desde hace tiempo (http://ruptura-del-consenso/).

Es tan clara la conciencia de final de ciclo, que el mismo Rajoy ha tenido que admitir, con la boca pequeña y el ojo izquierdo desorbitado, que se puede pensar en algún cambio constitucional. Para mí, esta concesión es la mayor novedad del debate, porque pone de manifiesto que la sociedad en su conjunto ha comprendido que el periodo iniciado con la muerte de Franco ha terminado.

Y tengo que reconocer finalmente una coincidencia con las palabras de Rajoy: que la sociedad no está madura para acometer la imprescindible reforma constitucional. Hay dos elementos muy desestabilizadores, uno es la propia crisis económica; el otro, la quiebra institucional que está afectando a la monarquía, a la judicatura, a la “política” y a las administraciones del Estado. Sobre todo, hay inmadurez en la representación política: una derecha aglutinada en un partido sin legitimidad (http://la-ilegitimidad-del-pp/) y donde la UPyD ofrece más dudas que esperanzas; el PSOE, sin terminar de resolver el desorden interno y sin desligarse de la imagen del pasado; y, sobre todo, una izquierda multiforme, desarticulada y alejadísima de poder ofrecer un mínimo programa de confluencia. Esta confluencia, si no son capaces de construirla los que vienen del pasado (¡qué poco adecuados aparentar ser  los principales portavoces parlamentarios de esta legislatura!), tendrán que lograrla los que empujan en el presente, aunque está tardando en diferenciarse el trigo de la paja.

Marcelino Flórez