Archivo de la etiqueta: izquierda

A vueltas con la unidad (de la izquierda)

 Aunque Izquierda Unida hizo pública una propuesta de unidad en el periodo legislativo anterior, de lo que resultó la aparición de Izquierda Abierta y el apelativo de Izquierda Plural, ha sido hace unos meses cuando se ha suscitado una importante campaña unitaria desde los entornos de IU. En las últimas reuniones celebradas en ese contexto han aparecido algunas discrepancias a cerca del tipo de unidad que se persigue, si se trata de agrupar a diversas formaciones que se consideran izquierdistas en el seno de IU, ampliando esa nueva “casa común” o haciendo un “frente”, o bien se trata de unir a los diferentes para emprender una tarea política común.

Agruparse es una opción que, de hecho, va realizándose poco a poco por diversas vías, bien sea afiliándose a Izquierda Unida o a cualquiera de los partidos que la componen, bien sea colaborando en campañas electorales o en movilizaciones. Los resultados de esta agrupación ya se pueden analizar mediante los votos obtenidos en algunos procesos electorales, contabilizando las afiliaciones nuevas e, incluso, estudiando a través de encuestas la apreciación ciudadana que merecen la actividad y los dirigentes electos. Si alguien a estas alturas no ha optado por ese tipo de agrupación o suma de esfuerzos en la nueva “casa común”, no es por falta de conocimiento o de posibilidades.

Otra forma de unión que suscitan los impulsores de la actual campaña es aglutinar las diversas siglas de los partidos de izquierdas en un “frente”. Esto significa que los dirigentes de los partidos firman un pacto para acudir unidos a unas elecciones. Como dicen los militantes de base en las redes sociales y como es lógico, en ese “frente” a cada cual le corresponderá la parte que representa en cuanto a afiliación, a presencia institucional o a capacidades infraestructurales, pero es muy probable que tanto IU, como el PCE, aceptarán una solución mucho más generosa, donde la representación no dependa de cupos, sino que sean las asambleas de la afiliación del “frente” quienes decidan. Quizá haya mucha gente que quiera ensayar una vez más esta vía, pero estamos algunos que no queremos reproducir por enésima vez esta experiencia, aunque sólo fuese por la razón de que en esa vía unitaria son las estructuras de los partidos quienes conservan la capacidad última de decisión.

Existe, sin embargo, otra forma de ensayar la unidad, que parte de la aceptación de la diferencia y del mantenimiento de la misma. Se acepta que hay partidos diversos con proyectos distintos en la izquierda y se propone buscar algún elemento común para aglutinarse con vista a su consecución. Esta vía exige dejar las propias siglas en casa y precisar la misión: dotarse de un programa de gobierno e, incluso, de un proyecto a más largo plazo para participar en un proceso constituyente.

Pero esta vía exige, principalmente, un método. Hace falta debate público e igualitario, tanto en la plaza, como en la red; hacen falta referendos internos para las decisiones destacadas; hace falta una selección estrictamente democrática de las candidaturas. La última palabra en esta vía unitaria está en manos de la gente.

Esta unidad de la diferencia se hace necesaria más que por la confluencia en los objetivos, cosa que también podría lograrse en los parlamentos, por la necesidad de unir fuerzas a causa de la ley electoral vigente y, sobre todo, para aportar una imagen pública que logre movilizar a la sociedad desmovilizada. Sin duda, aquí hay una tarea. Mientras no se entienda que en esta tarea todo suma, no se habrá dado ni un paso; y lo primero que sobra en este proceso son los insultos, que tanto proliferan.

Los impulsores de la vigente campaña de unidad de la izquierda, sea con la “casa común”, sea con el “frente”, tienen puestos los ojos en las elecciones europeas y esto es lo que resulta altamente sorprendente por dos razones: porque en el Parlamento Europeo existen cuatro grupos organizados, dos de ellos (sin incluir a los socialistas) de la izquierda, en los cuales están insertadas todas las fuerzas políticas españolas; y porque EQUO, integrado en el Partido Verde Europeo, ya tiene convocadas elecciones primarias en toda Europa para designar a la candidata o al candidato que presida el próximo Parlamento Europeo.

Quienes insisten tanto en construir una agrupación unitaria para las elecciones europeas o desconocen la realidad política europea o tienen otras intenciones. Deberían hacerse explícitas las intenciones, que pueden ser muy buenas, como, por ejemplo, ir construyendo imagen de unidad en España, aunque no quiero ni pensar que esas intenciones ocultas puedan estar relacionadas con las estrategias de reagrupación electoral de las fuerzas ahora reunidas en los dos grupos parlamentarios europeos, cosa que está teniendo lugar en estos momentos precisamente. Por mi parte y por si tenía pocas razones, añado ésta a mi experiencia ya dilatada sobre la verdad y la mentira en lo que se refiere a la unidad de la izquierda.

Marcelino Flórez

 

 

Nuevo manifiesto de intelectuales y artistas

Este de julio de 2013 es el segundo manifiesto de los mismos intelectuales y artistas, que difundieron otro en junio de 2011, titulado “Una ilusión compartida”. Optaban entonces por la “unidad de la izquierda” y yo escribí mi opinión, una de las primeras entradas en este blog, manifestando la inconcreción del manifiesto, por una parte, y la pervivencia de un análisis político  en términos antiguos, que no atendían a la realidad que venía mostrando la calle. Las elecciones de ese otoño corroboraron que toda la izquierda necesitaba una revisión.

Este segundo manifiesto, firmado por personas del entorno de Izquierda Unida en su mayoría, aunque quizá muy pocas sean afiliadas, introduce algunas novedades respecto al primero. Para empezar, es mucho más propositivo, también es más preciso en la definición del desánimo y, sobre todo, es más abierto en la propuesta de unidad.

Conculcación de los derechos sociales, justicia desigual, manipulación informativa, relegación de las víctimas del franquismo, sumisión a la Europa del capital son los elementos que conducen al desánimo y contra los que se quieren rebelar. También lo dicen de forma asertiva: crear una banca pública, hacer una reforma fiscal para la igualdad, proporcionar seguridad jurídica frente a la especulación económica o garantía de los derechos sociales son las principales propuestas.

Y hay una conclusión que, esta vez sí, abre un camino nuevo y diferente. Convocan al movimiento social y político al diálogo para ir construyendo unidad y lo hacen con propuestas sencillas, pero evidentes: igualdad real, participación, diversidad, pluralidad, defensa de los derechos humanos. Hay dos cosas que marcan diferencia respecto al primer manifiesto: la participación y la pluralidad. Reconocer la pluralidad es paso previo para cualquier diálogo y aceptar la participación no sólo es un método alternativo, sino que significa haber tenido en cuenta que hubo unas elecciones después del primer manifiesto.

La ausencia de resignación de estos intelectuales y artistas, y su propuesta de crear una alternativa social y política para la regeneración democrática y la reactivación económica puede encontrar eco, si, además, lograse ser poco pretenciosa, como por ejemplo, hacer un programa unitario para unas elecciones generales con algunos elementos mínimos: derechos humanos garantizados, tanto los derechos sociales, como los derechos cívicos; reforma fiscal equitativa y persecución del fraude; fin de los privilegios de la banca y garantía del crédito; recuperación del patrimonio público “desamortizado” y protección constitucional del mismo; medidas específicas y claras contra la corrupción política y económica; nueva ley electoral, democrática y garante de la pluralidad.

No sé si los fundamentalismos políticos e ideológicos estarán ya suficientemente limados para poder confluir en un programa de mínimos, pero si juzgo por los comentarios que suelen acompañar a este tipo de propuestas, guiados habitualmente por el insulto a la mínima disidencia, me parece que aún hay largo camino.

Un frente para las europeas

Izquierda Unida está intentando formar un frente común para las elecciones europeas, sobre todo tiene ese empeño Izquierda Abierta, el partido de Gaspar Llamazares. Como la propuesta no está concretada, no podemos saber en qué consistirá ese frente. Por ahora, es una estrategia de unidad, amparada ya por el Consejo Político federal de IU, en torno a la propia organización, a la que Cayo Lara sigue denominando “la Syriza española”. La estrategia debe tener el sentido, pienso yo, de ir creando una cultura de unidad con vistas a las elecciones municipales, regionales y generales próximas. Es una buena idea, pero necesita matizaciones.

Vengo manteniendo y cada vez me parece más evidente que es imposible aglutinar en una formación política la enorme variedad que existe en la izquierda española. Otra cosa sería intentar aglutinar a esa izquierda en una lista electoral para unas elecciones concretas. La estrategia de IU tiene la vista puesta en una ampliación de la propia formación, en una aglutinación bajo sus siglas de toda la izquierda. Tiene mucha lógica e, incluso, podría ser coherente con el espíritu que acompañó al nacimiento de IU. El problema es que desde 1986 hasta 2013 hay una larga historia e Izquierda Unida no es juzgada ya por cierto espíritu inicial, sino por una práctica política prolongada en el tiempo. El resultado de esa práctica ha conducido, según dicen las encuestas y se empeñan en corroborar los resultados electorales, a la misma desconfianza de los electores, que al resto de los partidos políticos de ese largo periodo. Esto invalida a IU como aglutinante, incluso para unas listas electorales, de manera que el mayor problema para crear cualquier frente puede ser la propia Izquierda Unida. El elemento aglutinador tiene que tener otra composición y no será ni inclusión, ni frente.

Por su parte, EQUO continúa reafirmando su personalidad. A mediados de mayo entró a formar parte del Partido Verde Europeo y unos días después constituyó su organización regional en Castilla y León, donde sólo tenía organizaciones locales hasta ese momento, de manera que se va afianzando en todo el territorio español. La entrada en el Partido Verde Europeo, único constituído formalmente en esa demarcación, lleva consigo el compromiso de participar en sus listas para las próximas elecciones, en las que habrá una candidatura conjunta para toda Europa, que incluirá la designación mediante primarias de la persona que ejercerá de portavoz. Por lo tanto, en las europeas, al menos, habrá dos opciones para la izquierda como mínimo.

Salvo para ir creando contactos y un clima de unidad, además, las europeas son las únicas elecciones en las que no es imperioso ir en coalición sin correr el riesgo de desperdiciar los votos, pues, al ser un distrito único en todo el Estado, se aprovechan mejor los resultados. Sólo hay un problema si el número de votos es muy pequeño, en cuyo caso sí se desperdician. Es lo que ocurre con los partidos nacionalistas, por lo que suelen concurrir coaligados. Ese número no es otro que el resultado de dividir los votos válidos emitidos en España por 50, que es el número de parlamentarios elegibles. Así, con un número de votos válidos de 15 millones, como ocurrió en las últimas elecciones europeas, se necesitan trescientos mil votos para obtener un diputado. Aún sin producirse cambios de tendencias en el voto, cosa muy poco probable en el momento actual, tanto el Partido Verde Europeo, con su marca EQUO en España, como Izquierda Unida, pueden estar en condiciones de obtener representación, por lo que es más difícil aún que intentasen unir sus fuerzas. Parece más probable que prefieran ir por separado para ver qué parte del voto de la izquierda reúne cada cual. El resto de la izquierda, la que no tiene acceso a la representación, sumó cincuenta mil votos totales en las elecciones de 2009, una cifra insignificante en lo que aporta con relación al número de partidos que la forman y las dificultades para coaligarse. No parece, pues, que vaya a haber un frente electoral para las europeas, a no ser que se esté intentado aglutinar sólo a los diversos partidos comunistas.

Creo yo, por otra parte, que no va a ser fácil movilizar a la izquierda y que ese electorado se va a fijar en las cosas básicas: si los programas los hacen equipos técnicos o se hacen de forma participada con la gente que quiera apuntarse; si esos programas son realistas y con soluciones concretas; si las listas las elabora el aparato de un partido o las elabora, mediante voto abierto, la gente que simpatiza con la idea; si se tienen créditos con los bancos, a los que se dice perseguir, o no; si las cuentas están a disposición del público o están guardadas bajo siete llaves; si las candidaturas, además de iguales en cuanto al género, las forman funcionarios del partido o gente de refresco. En fin, la gente se va a fijar si hay coherencia entre lo que se dice y lo que se hace en todo lo que se refiere al cambio social y político que se busca. Esas cosas son las que hay que ensayar con vistas a la unidad electoral, porque los cantos de sirena o de syriza ya no enloquecen a los navegantes.

Marcelino Flórez

 

Lección italiana

Si Europa y los Mercados andan tan preocupados con las elecciones italianas, será por algo. Dicen que el resultado conduce a un país ingobernable, pero, digo yo, que será ingobernable según el modelo previsto y, tal vez, deseado por ellos. No ha habido mayorías y eso significa que están obligados a pactar. ¿Es eso malo? A mí me parece mucho peor el autoritarismo que Europa y los Mercados quieren imponer en todas partes.

Pero fijémonos en los resultados. El partido de Monti ha fracasado, es decir, se ha rechazado al gobierno y sus recortes, igual que en todos los países donde ha habido elecciones después de la crisis y de las políticas impuestas para enfrentarla. Europa y los Mercados siguen sin convencer a la inmensa mayoría.

El segundo elemento destacable es el regreso de Berlusconi, la derecha real italiana. Ha estado a punto de ganar de nuevo. Se dirá que el control de los medios de comunicación favorece ese resultado. Sí, pero esta vez la derecha tenía una opción más coherente y ha preferido esta vía segura, la del capital sin careta. Berlusconi es un sinvergüenza, pero consiente el negocio del hotelero, donde yo me hospedé la última vez que estuve en Roma, que aumentaba sus ganancias habilitando cuadras y trasteros para el hospedaje. Ese votante es la derecha y Berlusconi le da lo que pide. Si, además, persigue al inmigrante y asiste a las procesiones, tiene otro voto puro garantizado. Nada extraño, pues, en este resultado.

La izquierda de Bersani tenía todas las previsiones a su favor y ha ganado, pero ha sido una victoria pírrica. Bersani es un tipo serio, consistente en la teoría y se ha sometido a primarias, pero no ha sido capaz de atraer más que el voto siempre fiel. Ha eliminado en su biografía toda referencia al pasado comunista, pero la memoria continúa pasando factura y limitando apoyos. Los viejos partidos tienen un problema, aunque, como en este caso, hayan hecho autocrítica y hayan cambiado sus posiciones de forma inequívoca. Como mínimo, necesitarían otras personas que careciesen de responsabilidades históricas, aunque seguramente eso tampoco sería suficiente.

Otra novedad electoral ha estado en el Movimiento 5 Estrellas, una agrupación política más compleja de la apariencia primaria que le proporciona el cómico que la lidera. Han formado sus listas electorales por medio de un concurso curricular público, por lo que las personas elegidas son nuevas en la política, pero no desconocidas entre la población. Es verdad que el mensaje es ambiguo, tal vez deliberadamente, y va poco más allá del rechazo a lo que existe, pero ya tienen práctica de gobierno, como es el caso de la alcaldía de Parma. Asumen algunas propuestas ecologistas y rechazan signos de los poderosos, como los grandes y costosos coches oficiales. Les toca ahora una importante responsabilidad y será ahí donde se pondrán a prueba. Algo han dejado en claro, de todos modos, que la indignación busca caminos para ser representada.

No es posible la comparación con España, donde el sistema electoral y el sistema de partidos son bien diferentes, aunque sí se desprende alguna lección: la política económica europea es rechazada; la derecha perfecta, como ya ha demostrado la valenciana o la madrileña, tiene asegurado un suelo electoral por encima de corrupciones y de recortes; los viejos partidos y los políticos que los lideraron en la izquierda no sobrepasan un techo electoral bien bajo; lo que ha de venir no está aún construido.

Por suerte, no existen elecciones generales a la vista y las europeas, primero, y regionales y municipales, después, posibilitarán clarificar un poco el panorama, a no ser que los papeles de Bárcenas trastornen la previsible hoja de ruta.

Marcelino Flórez

Izquierda Unida: dos discursos

La Asamblea de Izquierda Unida nos ha legado dos discursos, que pueden resultar no sólo diferentes, sino antagónicos. Mientras Cayo Lara ha cerrado la reunión con la afirmación rotunda de “No hay que buscar otra Syriza española. ¡Esta es nuestra Syriza!”, la gente de Izquierda Abierta ha celebrado la unidad interna conseguida como un paso para “la unidad externa”. Así lo ha expresado Luis García Montero en su artículo “Un frente de izquierdas” o Gaspar Llamazares en sendas entrevistas en El Diario y Público.

Yo recibo con mucho pesimismo las noticias de esta Asamblea de Izquierda Unida, porque los dominadores de la Asamblea no han entendido nada. Me alegro de la unidad interna, lo celebro incluso como un avance, pero me parece que “la unidad externa” está más difícil que antes de que llegara la crisis económica. Es una paradoja, pero ocurre así algunas veces, cuando la dimensión del árbol no deja ver el bosque. El crecimiento electoral de IU puede cegar al observador apasionado, que no logra ver los estrechos límites de ese avance electoral y la ingente suma de organizaciones y personas que se resisten a entrar en esa pretendida casa común. No hay Syriza que valga, si se sigue por ese camino.

Me encuentro entre los que votan ocasionalmente a Izquierda Unida, de la que fui activo fundador y de la que me separé aprovechando el empujón que recibí en la época gloriosa de El Califa. He llegado a participar en el proceso abierto (y modélico) que hizo Izquierda Unida en Valladolid; sigo con atención el buen hacer de sus concejales y de su concejala en el Ayuntamiento; acompaño alguna (pocas) reunión. Pero no soy de Izquierda Unida ni lo voy a ser nunca más y cada vez veo más difícil que pueda seguir votando esas siglas. Si de lo único que se trata es de cortar el paso al PP, hay otros votos posibles y la más cómoda de las opciones, que es quedarse en casa los días de elecciones y seguir saliendo a la calle a protestar todos los demás días.

Felizmente, antes de que tengamos que construir una oferta electoral para el municipio, la Comunidad Autónoma o el Estado, vamos a tener unas elecciones europeas. Sin duda habrá una triple oferta de izquierdas en ese momento: IU, Anticapitalistas y Equo, sin contar los múltiples pequeños partidos de las distintas versiones comunistas. Constataremos entonces, cuando no es necesario ningún voto útil, y por enésima vez, que Izquierda Unida no es la Syriza española. Ya que no se logra ver antes, la única esperanza es que abran los ojos al día siguiente de las elecciones europeas. Mientras tanto, seguiremos trabajando por otra forma de hacer política, por otras formas electorales y por otros partidos que no nos ofrezcan más de lo mismo, porque ya se ha rebasado la copa. Y seguiremos en la calle con el movimiento social.

Marcelino Flórez