No parece, en principio, que vayan a existir importantes diferencias programáticas entre Podemos y Más País. Existirán acentos diferentes y alguna cosa menor, nada de importancia. Donde sí se aprecian diferencias desde el principio es en lo relativo a las formas, o sea, el método. Y no sólo es el talante, que va forma parte del carácter de las personas. Así, hemos visto la diferencia de talante entre Pablo Iglesias e Íñigo Errejón, lo vimos gráficamente en Las Cortes en 2016 y lo hemos vuelto a ver en los discursos estos días. Pero eso no es lo más importante, lo que atrae mi atención son otros aspectos del método, como los que relacionan la táctica con la estrategia.
Ya sabemos que Podemos tiene su mirada en el
asalto a los cielos y a eso supedita todo lo demás. No se explicaría
de otra manera la opción cerrada por un gobierno de coalición,
negándose a hablar en absoluto de un programa de gobierno, aunque
fuese de duración tasada, bien el solo acto de investidura, bien un
año de duración a prueba o toda la legislatura con los mecanismos
de control que fuese necesario establecer. Es la misma estrategia del
sorpasso, que ya vimos en 2016 y que se ha repetido
milimétricamente ahora.
Parece que Más País hace suya la estrategia que
formulaban algunos grupos del 15-M con aquella consigna de «vamos
despacio, porque vamos lejos». Es la estrategia de la
moderación, que en las redes se formula como acusaciones de estar
vendidos al PSOE o de ser su maleta electoral, a lo que, en
consecuencia, se califica como traición. Digo parece, porque, aunque
las propuestas que vimos en la Comunidad de Madrid y la palabras que
escuchamos ahora a algunos dirigentes van en esa dirección, no hemos
podido comprobar aún la consistencia en la práctica de esa
estrategia.
En situación paralela a la relación entre
táctica y estrategia se halla la cuestión de la coalición y la
confluencia. Está comprobado de forma repetida que Podemos, si no
consigue la integración simple bajo sus siglas de otras opciones,
exige la fórmula de la coalición para concretar la unidad de la
izquierda y siempre una coalición en desigualdad, donde ha de
destacar la identidad de Podemos. Esta fórmula acarrea
circunstancias como las que pudimos observar en los meses de junio y
julio, donde la coalición de Unidas Podemos se vio suplantada en la
negociación de investidura por la formación dominante, hasta el
punto de llegar a convocar una consulta exclusiva a sus propios
inscritos sobre las posturas que debían defenderse. Ellos mismos
fueron conscientes del error cometido y trataron de corregirlo en
adelante.
Aún es pronto para saber si Más País buscará
la convergencia de la pluralidad de la izquierda sin coaliciones,
pues la urgencia de los pactos para las elecciones del 10-N no ayuda
a conocer adecuadamente ese aspecto del proyecto. Las fórmulas
utilizadas tanto con Compromís, como con la Chunta Aragonesista
posibilitan caminos de confluencia, pero no lo aseguran. Para que
podamos hablar de confluencia y no de coalición tienen que darse
algunas condiciones: selección de las candidaturas mediante
primarias abiertas en cada circunscripción electoral; construcción
participada de los programas electorales, generando debates y
compromisos a lo largo y ancho del territorio; garantías de
participación para el seguimiento de la acción política y
capacidad de control de toda la actividad. Nada de eso ha sido
posible en el espacio de un mes y una consulta para refrendar
candidaturas no es suficiente prueba.
Hay otro elemento metodológico relacionado con
los anteriores, que es la opción por el federalismo o por el
centralismo. Podemos ha establecido una estructura rígidamente
centralista, cediendo en los aspectos federales sólo mediante el uso
de la fórmula de la coalición, como ocurre en Cataluña o en
Galicia; en el caso de Adelante Andalucía, el centralismo se ha
puesto de manifiesto en toda su extensión. Lo mismo ocurre con la
designación de las candidaturas, que se hace desde Madrid. Nada,
pues, de federalismo.
Más País, en cambio, sí ha mostrado ya un
rostro federal, quizá influido por EQUO, que lleva esa
característica en su organización. De hecho, los pactos tanto en el
País Valenciá, como en Aragón, dejan plena autonomía a los
territorios para designar candidatos y perfilar las identidades
territoriales. Es pronto, sin embargo, también en este caso para
poder afirmar nada, por estar la organización sin construirse, de
modo que sólo se puede hablar de indicios, por el momento. No
obstante, algunas diferencias de método sí han comenzado a
manifestarse.
Soy de la opinión, y así lo tengo escrito en
este blog, de que Más Madrid era mucho más que Carmena, como Más
País es mucho más que Errejón, sin que esta opinión reste nada al
valor social de los liderazgos. Es pronto para saber cuánto
movimiento social y político se halla detrás de Más País, pero es
indudable que lo hay; y eso que no todas las organizaciones han
podido elegir, por los condicionantes del tiempo escaso. En algunas
organizaciones se ha pospuesto el debate, pero la reconstrucción de
la izquierda plural inicia, sin duda, un nuevo camino con las
elecciones del 10-N y esperemos que pueda disponer de cuatro años
para debatir y construir sus estructuras. En la parte más extensa y
más vaciada de España nos toca la tarea de observadores ahora
mismo. Eso nos da también gran libertad de voto para los que andamos
en el espacio de la pluralidad, pero seamos conscientes de que
nuestro voto, además de imprescindible, no será neutro con vistas
al futuro.
Marcelino Flórez
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